“Es con ella o contra ella”. A un año del inicio de la condena a prisión de Cristina Fernández de Kirchner, gran parte de la dirigencia peronista expone con crudeza el complejo laberinto en el que está inmersa la principal fuerza opositora a Javier Milei. La consigna es repetida como desafío por La Cámpora, el principal brazo político de la expresidenta, que lidera su hijo Máximo. Es tomada con preocupación en las filas del gobernador Axel Kicillof, quien busca ser el candidato natural del espacio sin supeditarse a CFK. Y resulta una suerte de descripción resignada en el PJ crítico con el kirchnerismo. Semejante turbulencia en torno al peso de su figura no debería soslayar lo evidente: la pérdida de centralidad de Cristina en la agenda política.
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Hay razones comprensibles. Su encierro en San José 1111 tras la ratificación de la Corte Suprema del fallo condenatorio por corrupción en la causa Vialidad, más las restricciones que periódicamente le impone la Justicia, limitan su accionar en el debate público. Según cuentan allegados, además dedica buena parte de su tiempo a estudiar en detalle el expediente por el que está siendo enjuiciada actualmente junto a exfuncionarios y empresarios, el caso Cuadernos. Y sigue con atención los testimonios de las decenas de declarantes ante el tribunal oral, en especial de aquellos que contradicen la acusación sobre el andamiaje armado para el cobro de coimas millonarias. En el horizonte, sin fecha todavía, asoman los juicios por el Memorándum con Irán y Hotesur-Los Sauces. A sus problemas judiciales se sumaron los personales. A fin del año pasado, un cuadro de peritonitis la obligó a estar internada en el Sanatorio Otamendi más tiempo del que imaginaba, Fiestas incluidas. El posoperatorio veraniego en su domicilio de Constitución se hizo arduo, sobre todo en lo anímico. A lo que se agregó la mudanza de su hija Florencia junto a su nieta, las habitantes originales del reciclado edificio. Máximo decidió irse a vivir a cinco cuadras, y la visita casi a diario. Algunas de las visitas que recibe Cristina y contactos que mantiene ya han debido tomar nota de que Kirchner Jr. no necesariamente es el portavoz de su madre. Sin descalificarlo, entabla relación directa y suele enviar un mensaje inequívoco: “No dejes de enviarme todo lo que te parezca relevante, que tengo tiempo de leer todo”. A ese pedido recurre CFK cuando la van a ver. O, como desconfía de las comunicaciones telefónicas, lo emplea vía su secretario privado, Mariano Cabral, quien gusta de hacer devoluciones formales: “Me pide la Señora que le agradezca la información que le mandó”. En esas lecturas hay de todo. Desde historia y la reciente encíclica papal sobre la inteligencia artificial, hasta cuestiones de salud y educación públicas. Un lugar privilegiado de su atención se lo llevan diversos análisis de la situación económica global y argentina en particular. CFK sigue convencida de que Milei dejará tierra arrasada en el escenario socioproductivo cuando deje el poder, con enormes desigualdades. De esa misma preocupación se hace carne Máximo y es el principal encargado de transmitirla. Encuentra un relativo eco en el peronismo, en general limitado al de la provincia de Buenos Aires o el AMBA, donde más se sienten los efectos negativos de la economía mileísta. Tiene mayores ruidos en las zonas fuertes del campo, que encima recuerdan los viejos tiempos conflictivos con el kirchnerismo, y en provincias beneficiadas con el boom de la energía y los minerales, entre ellas varias gobernadas por peronismos multicolores. Esta dificultad ha obligado al hijo de la expresidenta a iniciar un plan de presentaciones en diferentes lugares del país. Sin embargo, su mayor problema no es ese, sino la insistencia en que toda la dirigencia peronista acompañe el reclamo de “Cristina libre”, como condición para cualquier negociación de acuerdos con vistas al próximo año electoral, cuando estarán en juego la presidencia y las gobernaciones. Bajo ese lema, en el último mes La Cámpora y áreas residuales del cristinismo protagonizaron más de una veintena de reducidas micromarchas al departamento de CFK, que obligó a la intervención judicial para frenarlas. Hoy, 20 de junio, Día de la Bandera, la convocatoria se trasladó al porteñísimo Parque Lezama, con el cierre discursivo de Kirchner Jr y sin la presencia de Kicillof. El gobernador bonaerense se erigió en el receptor favorito de los dardos camporistas, desde que el año pasado tomó distancia de los deseos de CFK y busca proyectarse sin la tutela kirchnerista en la carrera presidencial 2027. Hasta ahora, la estrategia de Kicillof fue mostrar autonomía sin confrontación. Puede interpretarse como una empatía ideológica o una prevención ante el poder de daño de Cristina. Pero también tiene en La Plata estudios de opinión pública, en los que confía, que marcan que la sociedad continúa viéndolo como kirchnerista. En nombre de ese vínculo conflictivo es que no pasa una semana sin que se expongan al público cortocircuitos internos. Desde críticas a la expresidenta de una ignota legisladora porteña kicillofista hasta las usuales diatribas contra el gobernador por parte de la licenciada intendenta quilmeña Mayra Mendoza, por mencionar apenas las más recientes. Tal es el nivel de ensañamiento que se llegó a celebrar en el PJ que Kicillof y Kirchner Jr. volvieran a hablarse después de meses para organizar la despedida final al Indio Solari en Avellaneda. Una tregua efímera. Menos anecdóticas son otras apariciones. Como la del ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, cuando salió a replicarle al camporismo la demanda de la liberación de CFK. “Cristina está proscripta, no el peronismo [...] Hay que poner un presidente antes de pensar en un indulto, preocupémonos primero porque haya un presidente peronista”, señaló la mano derecha de Kicillof, antes de asumir lo que la expresidenta transmite: su negativa a ser indultada y la pretensión de que se anule su condena por parcialidad y persecución judicial. En esa escalada, días atrás, en C5N, Máximo resolvió doblar la apuesta. “Vamos a dejar la vida para que Cristina pueda participar y sea candidata” el año que viene, lanzó. Al respecto hizo su aporte el diputado Miguel Pichetto, que de jefe del bloque peronista en el Senado durante el kirchnerismo pasó al macrismo y ahora busca aunar al PJ. Pichetto habla con CFK más de lo que se conoce y propuso que sea el Congreso el que invalide los procesos judiciales contra ella, incluso la condena avalada por la Corte. Con ciertas encuestas que marcan una baja en la alta imagen negativa de Cristina, hasta un viejo lobo de mar como Pichetto se dio cuenta de que es con ella o contra ella. Acaso la dicotomía inoxidable más funcional para que Milei sienta que tiene asegurada su reelección.










