La carta abierta de Cristina Kirchner en la que afirma que en realidad está presa y “proscrita” porque es la única mujer “electa y reelecta” presidente, categorizando la decisión judicial que la tiene presa de “machista”, contiene los nuevos lineamientos del kirchnerismo para la batalla interna del peronismo de cara a las elecciones del año que viene. Cristina podría haber dicho, como lo hizo antes, que está presa por ayudar a los pobres, por construir universidades, por la Asignación Universal por Hijo o la estatización de YPF. Pero tiene un problema: esto no la diferencia en nada de Axel Kicillof, su principal oponente y su exministro de Economía. Al plantear que está presa por mujer y denunciar la complicidad de un sistema judicial y político machista, deja asentado como argumento para el futuro que Kicillof es cómplice de un sistema misógino y patriarcal para ser el candidato del peronismo y obviar su jefatura. Cristina trata de transformar una debilidad —ella está presa y Kicillof no; ella es considerada corrupta y Kicillof, honesto— para transformarla en una fortaleza. Ella es una mujer perseguida y él, un hombre cómplice de la justicia machista. La acusación anterior del kirchnerismo a Kicillof era que no defendía a Cristina Kirchner con suficiente vehemencia porque no utilizaba el “Cristina Libre” como principal consigna de campaña. Esa línea resultó ridícula para todo el peronismo que no es totalmente kirchnerista y ahora cambian de línea. ¿El objetivo es que Cristina sea candidata? No, la presentación judicial que hicieron sus abogados a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU no llegaría a revisarse y estudiarse en el tiempo que le queda hasta la inscripción electoral y, además, no siempre es vinculante.