La habitual catarata de exabruptos que Javier Milei suele dedicar a los temas y personajes más diversos se topó con un sorprendente motivo de recato y contención: la condena y la detención de la expresidenta Cristina Kirchner por fraude al Estado. El mandatario argentino apenas reaccionó señalando que hubo “justicia” en el fallo contra la principal líder de la oposición y descartando tanto un virtual acuerdo entre su Gobierno y el peronismo como un eventual indulto a Kirchner. Sus funcionarios e incluso sus seguidores, que no se caracterizan por la moderación en sus expresiones, mostraron el mismo cuidado o, directamente, hicieron silencio.
Mientras Kirchner recuperaba la centralidad con sus denuncias de persecución y proscripción, y los militantes peronistas exhibían poder de movilización y apoyo incondicional a su líder, el Gobierno ultra, habituado a dominar la agenda pública, quedó en los últimos 10 días relegado a un segundo plano, apartado y a la expectativa.
“Justicia. Fin”, fue el escueto mensaje que publicó Milei en sus redes sociales el martes 10, cuando la Corte Suprema de Justicia ratificó la condena para Kirchner: seis años de detención y prohibición perpetua para ejercer la función pública. Milei agregó que “la República funciona” y denostó, con profusión del símbolo $, a “los periodistas corruptos, cómplices de políticos mentirosos” que habían sospechado un “supuesto pacto de impunidad” con el kirchnerismo. Dos días después, desde Israel, el presidente declaró que “la Justicia independiente hizo lo que tenía que hacer”.







