El 1 de agosto de 1936, el Estadio Olímpico de Berlín abrió sus puertas para dar inicio a los XI Juegos Olímpicos de la era moderna, un evento que la historiografía del deporte recuerda como la mayor instrumentalización política del atletismo en el siglo XX. Encabezada por el canciller Adolf Hitler y diseñada meticulosamente por la maquinaria de propaganda del régimen, la cita olímpica tuvo como objetivo primario proyectar hacia la comunidad internacional una imagen de apertura, orden y supremacía técnica, camuflando las políticas de persecución y militarización que ya estaban en marcha en el territorio alemán. El 1 de agosto de 1936, el Estadio Olímpico de Berlín abrió sus puertas para dar inicio a los XI Juegos Olímpicos de la era moderna, encabezado por el canciller Adolf Hitler Para lograr ese impacto, el gobierno nazi no ahorró recursos. Se construyó un complejo deportivo monumental con capacidad para más de cien mil espectadores, se implementaron por primera vez transmisiones de televisión en circuito cerrado y se introdujo la carrera del relevo de la antorcha desde Olimpia, una tradición que perdura hasta el presente.

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