La NASA lanzó la nave LINK para salvar al telescopio Swift pero fallas técnicas en el control de actitud complican el acoplamiento en órbita

(Imagen Ilustrativa Infobae)La NASA encaró una de las misiones más audaces de la era espacial reciente: prolongar la vida útil del telescopio Neil Gehrels Swift, una de las herramientas más valiosas para el estudio de fenómenos extremos del universo, mediante la captura y el reimpulso en órbita de este observatorio. El desafío no es menor: la agencia eligió recurrir a la empresa privada Katalyst Space Technologies para diseñar y lanzar la nave LINK, un vehículo especializado que tendría la tarea de acoplarse a Swift y elevarlo hasta una altitud segura, evitando así su reingreso prematuro en la atmósfera terrestre.La operación, bautizada como misión Swift Boost, arrancó el 3 de julio con el lanzamiento de LINK a bordo de un cohete Pegasus XL, un vector poco convencional que despegó desde el aire bajo el fuselaje de un avión L-1011 Stargazer. PUBLICIDADLINK fue enviada a la órbita terrestre baja con el objetivo de encontrarse con el observatorio Swift, que lleva más de dos décadas explorando el universo en busca de estallidos de rayos gamma, agujeros negros, supernovas y otros eventos de alta energía. Sin embargo, apenas unas semanas después del lanzamiento, la misión enfrentó un contratiempo técnico que obligó a los ingenieros a replantear la estrategia. “La nave de servicio LINK de Katalyst experimentó problemas con el control de actitud, lo que provocó que girara y que las comunicaciones fueran intermitentes”, informó la NASA en una actualización reciente. El análisis preliminar detectó que dos de las tres ruedas de reacción de la nave dejaron de funcionar, y el sistema de propulsión de gas frío también mostró una pérdida parcial de capacidad. En consecuencia, la nave comenzó a girar, dificultando la comunicación y el control desde la Tierra.PUBLICIDADEl observatorio Neil Gehrels Swift fue lanzado en 2004 con un presupuesto de 250 millones de dólares y una misión precisa: detectar en tiempo real los estallidos de rayos gamma, las explosiones más energéticas del cosmos. El observatorio Swift lleva más de veinte años detectando explosiones de rayos gamma y transmitiendo datos a telescopios de todo el mundo (NASA)