Después de acompañar durante años a familias empresarias, he llegado a una conclusión que se repite con más frecuencia de la que imaginamos: pocas cosas afectan tanto la continuidad de una empresa familiar como los conflictos entre sus integrantes.No se trata únicamente de diferencias de opinión. El verdadero problema aparece cuando esas diferencias dejan de hablarse. Cuando la frustración, las heridas del pasado o la incapacidad para comunicarse impiden construir acuerdos sobre asuntos que afectan tanto a la familia como a la empresa.Y eso ocurre porque, en una empresa familiar, ambos mundos son inseparables.Es común encontrar familias inmersas en conflictos que se reflejan en frases como estas: “¿Por qué mis hijos no logran entenderse?”; “¿Qué pasará cuando nosotros ya no estemos?”; “Mi padre nunca me escucha”; o “Mi hermana siempre ha sido la favorita de mi madre y en la empresa sigue haciendo lo que quiere”. Incluso aparecen afirmaciones como: “Nunca pude confiar en mi hermano cuando éramos niños; mucho menos ahora”.Detrás de esas frases existen conflictos que, si no se gestionan de manera constructiva, pueden destruir una familia y, con ella, el negocio.No es casualidad que la historia de las empresas familiares esté llena de organizaciones que nunca lograron llegar a la siguiente generación. Diversos estudios, entre ellos una investigación de Astrachan y MacMillan (1995) realizada con 800 herederos de empresas familiares que fracasaron, identifican el conflicto entre los miembros de la familia como la principal causa del fracaso del negocio.Frente a esta realidad existe una herramienta que, en mi experiencia, continúa siendo subutilizada: el consejo de familia.Así como las empresas cuentan con órganos de gobierno como las juntas directivas o los comités gerenciales, las familias empresarias también necesitan espacios formales para conversar sobre aquellos asuntos que trascienden el negocio y afectan directamente las relaciones familiares y patrimoniales.El consejo de familia cumple precisamente esa función.Es un órgano de gobierno familiar diseñado para promover una comunicación abierta, generar confianza y construir acuerdos sobre los temas que impactan tanto a la familia como a la empresa. También debe ofrecer mecanismos para resolver conflictos de manera oportuna, evitando que las diferencias terminen alimentando conversaciones paralelas, resentimientos o rupturas difíciles de reparar.No existe una única forma de conformarlo.Hemos observado modelos en los que participan representantes de todas las ramas familiares y de todas las generaciones. En otros casos existen consejos independientes para cada rama de la familia.Sin embargo, las experiencias más exitosas suelen coincidir en un aspecto: contar con un único consejo de familia y establecer criterios claros, transparentes y aceptados por todos para elegir a sus integrantes.Algunas familias eligen representantes por generación; otras, por rama familiar. También existen criterios relacionados con la formación académica, la mayoría de edad o la participación de familiares políticos.Más importante que el criterio de elección es la legitimidad del proceso.Todos los integrantes de la familia deben sentirse representados y confiar en quienes ocupan ese espacio. Asimismo, es recomendable que los representantes puedan ser reelegidos o reemplazados periódicamente de acuerdo con su gestión.El tamaño del consejo dependerá de la dimensión de la familia y de la etapa en la que se encuentre la empresa, aunque normalmente no supera los diez integrantes. Lo habitual es que se reúna entre seis y doce veces al año y que sus decisiones se construyan por consenso, más que por votación, porque el objetivo no es que gane una mayoría, sino que la familia construya acuerdos duraderos.Ahora bien, un consejo de familia no se limita a resolver conflictos.También crea espacios para fortalecer la unidad familiar mediante asambleas, encuentros intergeneracionales, programas de formación empresarial, procesos de preparación para las nuevas generaciones, actividades filantrópicas y proyectos compartidos que fortalecen el sentido de pertenencia.Estas iniciativas permiten preservar la historia de la familia, transmitir valores y preparar a quienes, en el futuro, asumirán responsabilidades como propietarios o líderes del negocio.Cada familia empresaria construye su propio camino hacia un gobierno corporativo sólido.En ese recorrido, el consejo de familia se convierte en un órgano esencial para equilibrar tres dimensiones que siempre estarán presentes: la empresa, la propiedad y la familia.Porque la armonía familiar no ocurre por casualidad.También se construye.Y cuando se gestiona de manera consciente, termina convirtiéndose en una de las mayores ventajas competitivas de una empresa familiar.María Piedad López Vergara, profesora del Departamento de Dirección General de INALDE Business School