Luces para la Constituci�nPatrono de la Fundaci�n Pau Costa y profesor de la Polit�cnica de Valencia, es uno de los mayores referentes en la lucha contra el fuego en Espa�a. Ha sido subdirector general de la FAO en la ONU y decano del Colegio de Ingenieros de MontesAraba PressActualizado Viernes,

julio

22:49Despu�s de los terribles incendios de 2025, da la impresi�n de que nada ha cambiado de un a�o para otro. �Estamos ante otra temporada excepcional?Habr� que esperar a las cifras finales. Se est�n mezclando fuegos forestales o silvopastorales, incendios agr�colas y fuegos de interfaz urbano-forestal. No son lo mismo. Un incendio periurbano genera much�simo estr�s, concentra medios y tiene una repercusi�n enorme si afecta a personas y viviendas o est� cerca de una gran ciudad. Adem�s, distrae medios imprescindibles para controlar que el fuego no se expanda sin control a zonas forestales adyacentes. El a�o ser� malo, pero para saber si ha sido extremo hay que esperar. Para extraer conclusiones solventes de las tendencias, que dejen fuera la aleatoriedad meteorol�gica y de los lugares concretos de las igniciones, hay que analizar series largas.Hay otro aspecto del que quiz� se habla menos, aunque hemos visto tambi�n en la dana, el volc�n... Muchas casas se construyeron en lugares problem�ticos durante d�cadas.S�. Fuera de los cascos urbanos de las grandes ciudades, la disciplina urban�stica fue durante mucho tiempo muy d�bil. Muchas viviendas se construyeron en terrenos agr�colas en los a�os 60, 70 y 80. Despu�s se abandon� el campo y, por acci�n u omisi�n, el bosque y el matorral fueron invadiendo esos espacios. No siempre son las casas las que han invadido el bosque; muchas veces es el bosque el que ha llegado hasta unas casas construidas d�cadas antes. Hay urbanizaciones con un solo acceso, sin puntos de agua y con solares o parcelas adyacentes llenas de restos de poda. La gente tampoco est� formada sobre qu� vegetaci�n debe tener en el jard�n, c�mo debe podarla, qu� hacer con las bombonas de gas o c�mo actuar ante una evacuaci�n o un confinamiento. Urgen planes espec�ficos para las zonas de interfaz urbano-forestal, adem�s de simulacros y formaci�n para los vecinos.Usted habla siempre de prevenci�n integral, m�s all� de los medios concretos contra el fuego.La prevenci�n habitual consiste en disponer de una red de caminos razonable, balsas de agua, vigilancia y buena informaci�n meteorol�gica. Pero, para pasar a una prevenci�n integral, necesitamos gestionar el territorio y ajustar su carga de biomasa, para que un fuego previsible no pueda convertirse en un megaincendio. Hoy la modelizaci�n permite saber bastante bien c�mo puede comportarse un fuego seg�n el lugar de la ignici�n, la orograf�a, el viento y el combustible. Podemos identificar zonas estrat�gicas de gesti�n: �reas donde el fuego perder� fuerza y donde, si se ha actuado previamente mediante desbroce y claras del arbolado, podremos optimizar la ventana de oportunidad que ofrecen. Y podemos apostar por la reintroducci�n de la ganader�a y recuperar cultivos de secano. No podemos improvisarlo todo cuando el fuego ya est� encima. Se ha invertido mucho en extinci�n porque es lo que vende: m�s aviones. Los aviones y helic�pteros pueden ser claves al principio, pero en muchos supuestos -inversi�n t�rmica, viento, humo, noche...- no siempre podr�n volar. A veces gastamos ingentes cantidades en medios excesivamente costosos que producen una sensaci�n de guerra psicol�gica contra el fuego, pero no siempre es lo m�s efectivo.Prevenir es m�s barato que apagar.Adem�s, poner todos los huevos en la extinci�n se acaba volviendo en contra. Es lo que se conoce como paradoja de la extinci�n: hay a�os muy tranquilos, con pocos incendios, pero el territorio sigue carg�ndose de combustible, porque no se hace nada sobre �l. Es parecido a un sistema sanitario, como el de EEUU, que atiende un infarto, pero no hace prevenci�n. Al final cuesta mucho m�s y ofrece peor calidad de vida. Es necesario actuar sobre las causas de ignici�n, pero tampoco obsesionarse monotem�ticamente con ellas, porque una parte importante de la superficie quemada procede de rayos, y los rayos no se pueden evitar. El principal incendio de 2021, en Navalacruz, fue por un accidente de un coche que ardi�. Ese tipo de accidentes van a pasar siempre. Y alg�n desequilibrado siempre habr�...Muchos incendios se inician porque alguien usa maquinaria y salta una chispa, como se est� investigando en Burgohondo. �Ser�a necesario reforzar la normativa o hacer que se cumpla la que existe?Ah� entra de nuevo en acci�n la paradoja de la extinci�n: si solo apostamos por la represi�n, por la extinci�n... Por un lado, es obvio que hay que trabajar en las causas de extinci�n, en las que ya hemos avanzado mucho. Desde los a�os 90, el n�mero de igniciones se ha reducido a la mitad, especialmente las relacionadas con l�neas el�ctricas y basureros incontrolados. Quedan por abordar soluciones que impidan que las cosechadoras de cereal puedan provocar incendios. Pero, a la vez que hacemos eso, no nos confiemos, porque entonces la prevenci�n integral se relaja. Hay que apostar por todos los elementos; si no, la cadena se rompe por el elemento m�s d�bil. Hace falta una prevenci�n amplia y gestionar el territorio para que est� menos cargado de combustible.Usted tampoco es partidario de poner el acento en el cambio clim�tico. Es verdad que el simple conocimiento de que hay cambio clim�tico no va a prevenir los incendios, pero �no deber�a inspirar o impulsar las medidas necesarias?En los �ltimos a�os la sociedad occidental sufre una polarizaci�n muy peligrosa para la pervivencia de una democracia efectiva. Unos instrumentalizan el cambio clim�tico y piensan que, meramente invoc�ndolo, van a resolver pr�cticamente todos los problemas de la sociedad moderna, mientras que otros entran al trapo y dicen que no les dejan recoger pi�as, que tampoco es verdad ni aporta. La discusi�n acaba siendo est�ril. Si realmente nos tomamos en serio superar el cambio clim�tico, utilizarlo como instrumento de polarizaci�n pol�tica es irresponsable y contraproducente. Especialmente, cuando se empaquetan muchas medidas que nada tienen que ver con cambio clim�tico, sino que m�s bien son la agenda de m�ximos de las multinacionales del ecologismo, como hemos podido constatar durante el mandato anterior de la Comisi�n Europea. Por ejemplo, el abandono de toda gesti�n forestal en el 10% de los bosques. La lucha contra el cambio clim�tico se basa en dos ejes: la adaptaci�n y la mitigaci�n. Para los pa�ses secos, como el nuestro, es m�s relevante la primera. Un reto a largo plazo y global, como el cambio clim�tico, no se puede mezclar con uno tan concreto como el de los incendios. Sin olvidar que las emisiones que generan los megaincendios contribuyen, y no poco, al cambio clim�tico.Tambi�n se ha convertido en objeto de polarizaci�n la gesti�n del desbroce: �Es que t� no desbrozas...�. Pero ese t� cambia seg�n qui�n hable.Solo tenemos dos maneras de desbrozar, porque hacerlo a mano es complicado: o lo hacemos mec�nicamente, que es costoso sobre todo en sitios inaccesibles, o lo hacemos con fuego. El problema es que no en todos los lugares se da una ventana de tiempo suficiente para aplicarlo, porque con fuego se te puede escapar tambi�n... Y si luego esperas tres o cuatro a�os, vuelve a crecer. �Qu� hacer? Recuperar la ganader�a es una alternativa interesante. As� lo mantienen las ovejas, las cabras o los caballos, y ya no hay que estar constantemente volviendo a desbrozar. Y adem�s se consiguen unos productos mucho mejores y m�s sanos que los de ganader�a intensiva, y sin sus impactos. Pero eso requiere gesti�n e integraci�n de la pol�tica agraria con lo forestal, porque ahora unas competencias se encuentran en Medio Ambiente y otras en Agricultura, tanto a escala auton�mica como espa�ola. Al final, cada administraci�n se circunscribe a su �mbito de competencia, en vez de construir soluciones win-win [en las que todos ganen]. Siempre he sido muy cr�tico con la separaci�n de lo forestal y la agricultura, porque el territorio rural es una unidad. Tenemos, por ejemplo, las dehesas: para todo lo que pasa en las dehesas, hay dos ministerios o dos consejer�as. Hay que conseguir que la nueva PAC integre la funci�n de prevenci�n de incendios de la agricultura y la ganader�a extensivas.Por lo que describe, hay procesos de prevenci�n que no se pueden resolver inmediatamente.El d�ficit que tenemos de prevenci�n en un sentido integral requiere una d�cada, no es realista prever que se pueda resolver en muy pocos a�os. Conviene ser pragm�tico, porque el abandono tiene una ra�z muy profunda. Cuando hacemos un desbroce, una clara o una poda, el resultado va a beneficiar a todos: si fuese una finca privada, ser�a para tus hijos o para tus nietos... Es algo que en la sociedad actual es dif�cil de entender, pero son reglas que no podemos cambiar. Nuestras especies tienen ciclos de 60 a m�s de 100 a�os. Por eso, lo forestal en la �nica actividad que piensa en ciclos de siglos, que superan con mucho a los gestores del momento. A mis alumnos les recuerdo el primer d�a de clase: �Pens�is que sois bi�logos aplicados, pues no: deb�is ser por encima de todo ge�grafos e historiadores�. Para entender paisajes hay que entender la historia y el paisanaje: por qu� hay minifundios, o latifundios, o propiedad municipal...La propiedad del monte tambi�n es complicada en Espa�a.Tenemos alrededor del 70% del monte privado. Gran parte de ese terreno son antiguos campos de cultivo, y hay una fragmentaci�n de la propiedad brutal. El tema del minifundio hay que abordarlo y nadie se pone a ello. Mucha gente dice: que la prevenci�n la paguen los propietarios privados. Pero la mayor�a de fincas son muy peque�as y su potencial rentabilidad no sostiene a corto plazo muchas de las actuaciones requeridas. �Qu� hacemos entonces? Hablamos de al menos dos millones de personas con terrenos que no les dan nada y muchas veces ni saben d�nde est�n. Hay gente que se fue a Am�rica, herencias intestadas... En fin, un marem�gnum que, por el poco valor de las parcelas, es imposible consolidar por la v�a normal. La zona de Espad�n (Castell�n), donde acabamos de sufrir un importante incendio, se caracteriza por el hiper-minifundio: a veces cada alcornoque es de una persona. Tenemos cada d�a m�s incendios en agricultura periurbana por el minifundio y el abandono, algo que hace un par de generaciones habr�a sido impensable.�Qu� hay que hacer con esa estructura propietaria absurda, en la que cada cual tiene su alcornoque?Una posible soluci�n para el �mbito forestal ser�a empezar dando un plazo razonable, de entre cinco y diez a�os, para que quien quiera gestionar su monte, por peque�o que sea, lo registre legalmente y disponga de un plan de gesti�n. A partir de ah�, se convierte en silvicultor activo y dispone de preferencia para recibir subvenciones y ayudas. Y, lo que no se regularice, se divide en unidades razonables de unas 50.000 hect�reas y se contrata su gesti�n a empresas con experiencia. Probablemente haya que combinar empresas peque�as, con conocimiento y arraigo en el territorio, con empresas grandes, con m�s m�sculo para introducir innovaciones y modernizar la gesti�n. Es una forma de sacar el territorio del ostracismo respetando el derecho de propiedad, sin expropiar y sin obligar a la Administraci�n a comprarlo todo, que requerir�a una enorme inversi�n. Es especialmente urgente en el Cant�brico, Galicia y el Mediterr�neo, y es el legislador quien debe coger el toro por los cuernos y desatascar la situaci�n de una vez por todas.Hay una frase de su compa�era Marta Corella que usted ha citado alguna vez: �Los pueblos que no huelan a madera oler�n a humo�. �Qu� pueden hacer las administraciones para que vuelvan a oler a madera?En primer lugar, entender que Espa�a no puede tener m�s de la mitad de su territorio en una especie de agujero negro: inexistente durante todo el a�o y visible de repente cuando hay un gran incendio. Ese vac�o es peligroso en todos los sentidos, incluso desde el punto de vista de la seguridad. Si dejamos que esa Espa�a silenciosa -mal llamada vaciada, porque suena peyorativo- termine de hundirse, acabaremos teniendo tambi�n problemas de seguridad. Un territorio enorme donde no hay nadie, fuera del radar pol�tico y social, genera muchos riesgos. En cambio, una gesti�n activa que incluya la prevenci�n puede proporcionarnos muchos bioproductos -madera, corcho, biomasa...- y alimentos sanos, que no emiten CO2 o que sustituyen otros m�s contaminantes, y que necesitamos en la lucha contra el cambio clim�tico. Pero tambi�n estamos hablando de patrimonio hist�rico. Hay miles de pueblos al l�mite y otros que ya se han hundido. Tienen iglesias, capillas, ermitas, edificios, paisajes y una cultura que se pierde para siempre. El futuro nos pasar� la cuenta.Ahora hay mucho territorio que volver a llenar...Nos quejamos de los efectos de vivir todos hacinados innecesariamente en las grandes ciudades y la costa: la vivienda, el estr�s... En un pa�s tan extenso, habr�a que pensarlo: tenemos instrumentos para evitarlo y hay muchas oportunidades en el territorio, del que recibimos much�simas cosas. Por ejemplo, tenemos energ�a hidroel�ctrica, que es la m�s flexible y resulta clave para la transici�n energ�tica. �De d�nde viene buena parte del agua que la hace posible? De los bosques de monta�a que la regulan. Los bosques son como la abuela que cuida a los ni�os, cocina, atiende al abuelo que est� enfermo y compra los regalos, y despu�s los nietos la critican porque no les regal� lo que quer�an. Es lo que hacemos con el territorio: no valoramos todo lo que nos estaba proporcionando gratuitamente ni tratamos con cari�o a las personas que siguen resistiendo y lo mantienen para todos nosotros. En lugar de decirles �gracias�, reciben desprecio o indiferencia, que no s� qu� es peor. Por eso muchos hijos de esos territorios se van y sus padres no les insisten en que se queden, porque se sienten muy incomprendidos. El problema de los bosques es un gorroneo sist�mico.Naci� en Valencia en 1962. Es ingeniero de Montes por la Universidad de Friburgo y doctor por la Universidad Polit�cnica de Madrid.Lider� el �rea forestal de la agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci�n (FAO) y, en 2015, fue comisario de la ONU en la Exposici�n de Mil�n.