0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa relación entre España y Marruecos se ha caracterizado siempre por su complejidad. En medios diplomáticos se usa la expresión “colchón de intereses”, que supone la asunción por ambas partes de que no les queda otra alternativa que entenderse, más allá de los problemas o tensiones que puedan suscitarse. Marruecos le ha echado más de un pulso a España a lo largo de su historia, desde el desafío de la marcha verde al final del franquismo hasta la permisividad cuando le ha convenido para enviar migrantes a la Península. No ayuda nada la fragilidad geográfica de Ceuta y Melilla, como se ha visto estos días. Dos enclaves en el norte de África que separan dos continentes con una simple valla metálica.El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el rey Mohamed VI de Marruecos durante un encuentro que mantuvieron en 2022 Ballesteros / EFEEs posible que esta nueva crisis no tenga nada que ver con la del 2021, cuando la embajadora marroquí, Karima Benyaich, afirmó que “hay actos que tienen consecuencias”. Entonces el régimen alauí estaba indignado ante la decisión del Gobierno español de acoger en un hospital de Logroño al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, y por eso permitió la incursión de inmigrantes en Ceuta. En el caso actual, el Gobierno de Marruecos no reconoce su pasividad en el control, pero es evidente que más de 50.000 jóvenes no pueden entrar en la ciudad autónoma con tanta facilidad.La invasión es un mensaje claro de Marruecos a España. Más allá de las buenas palabras, Rabat demuestra que tiene el dominio de la situación. Que en cualquier momento puede propiciar una avalancha como la vivida ayer, y los medios con los que cuenta España son muy limitados para frenarla. La chispa de todo lo que ha pasado ha sido una sentencia del Tribunal Supremo, que falló el pasado 8 de julio que no se podían permitir las “devoluciones en caliente” de los migrantes interceptados en el mar que intentaran entrar a nado en Ceuta o Melilla. Las redes sociales hicieron el resto y miles de jóvenes se apuntaron a la aventura.Hasta Donald Trump reaccionó ayer para decir que su país estará como Ceuta “dentro de tres años” si ganan los demócratas. Su invectiva animó las teorías de la conspiración sobre si Estados Unidos conocía lo que iba a pasar en Ceuta. Lo que es seguro es que Marruecos hará todo lo que pueda para tener la final de la Copa del Mundo del 2030.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992
Marruecos luce su poder, por Jordi Juan
La relación entre España y Marruecos se ha caracterizado siempre por su complejidad. En medios diplomáticos se usa la expresión “colchón de intereses”, que supone la asunción por ambas partes de que no les queda otra alternativa que entenderse, más allá de los problemas o...













