'Life of M' fue vinculada con Natalie Portman porque la actriz protagonista de la novela comparte rasgos biográficos y profesionales que varios críticos consideran identificablesLa novelista Rachel Cusk puso en el centro del debate literario una pregunta que los escritores llevan siglos evitando responder con claridad: ¿hasta dónde llega el derecho de un autor a usar la vida de otra persona como materia prima de su ficción? La polémica estalló esta semana con la aparición de reseñas anticipadas de su nueva novela, Life of M, cuya publicación está prevista para el 25 de agosto, en la que un personaje de actriz acumula tantas coincidencias con Natalie Portman que varios críticos la describieron como un retrato sin disimulo. Según informó The Times de Londres, fuentes cercanas a Portman señalaron que la actriz está “devastada” y “furiosa” con el libro, aunque otras voces del entorno de ambas mujeres niegan que haya tensión entre ellas.El argumento de Life of M no deja mucho margen para la ambigüedad. La novela sigue a una actriz —identificada solo por la inicial M— que acepta que una escritora, narradora del libro, documente su vida. El resultado desagrada profundamente a M: “Has hecho que parezca que me falta humanidad... Has hecho que parezca incapaz de amar”, le reprocha al personaje de la escritora. Las correspondencias entre M y Portman que The Times enumera son difíciles de ignorar: la actriz del libro protagonizó una película sobre una bailarina y es “el rostro de una gran marca” —Portman protagonizó El cisne negro y es imagen del perfume Miss Dior desde hace años—, y su primera película incluía escenas en las que “la niña mostraba querer o invitar a una interacción sexual con el personaje masculino adulto”, escenas que fueron eliminadas a pedido de su madre, exactamente como ocurrió en el debut de Portman en El perfecto asesino (1994).PUBLICIDADRachel Cusk no ha hecho declaraciones públicas sobre el asunto. Un crítico literario citado por The Times fue más directo: “Es un retrato identificable de Natalie Portman que no parece reconocerla como plenamente humana, sugiriendo que ha sido absorbida por su propia fama. Creo que la deshumaniza.” La escritora, por su parte, tiene un historial documentado de trasladar personas reales a sus libros sin pedir permiso ni pedir disculpas después. “Arrasa con la gente y sigue adelante”, dijo sobre ella otro crítico consultado por el mismo medio. Su divorcio narrado en Aftermath (2012) expuso las fallas de su exmarido con una franqueza que generó polémica; su libro sobre la maternidad, A Life’s Work (2001), describió el embarazo con una crudeza que escandalizó a parte de sus lectores; y en su colección de ensayos Coventry (2019) llegó a retratar con sarcasmo a un funcionario de aeropuerto por la ropa que llevaba puesta.Rachel Cusk reabrió el debate literario sobre el uso de la vida ajena como materia prima de la ficción con su novela Life of M. (Foto: EFE/Enric Fontcuberta)Una tradición literaria con víctimas realesLa de Cusk no es una práctica aislada. The Times trazó una genealogía de escritores que pagaron —o hicieron pagar a otros— por la misma costumbre. Philip Roth construyó buena parte de su obra sobre versiones de sí mismo y de quienes lo rodeaban, pero fue su novela Deception (1990) la que desató el conflicto más resonante: el libro incluía un avatar apenas velado de su esposa, la actriz Claire Bloom, en una historia narrada en diálogos antes y después del sexo. Tras el divorcio inevitable, Bloom respondió con sus propias memorias, Leaving a Doll’s House (1996), y la disputa alcanzó tal temperatura que el escritor Gore Vidal declaró públicamente que prefería mantenerse al margen: “Siempre es mejor no meterse en el divorcio de otros. Ni en sus guerras civiles.” Roth no cedió: su novela posterior I Married a Communist (1998) fue leída como una nueva vuelta de tuerca contra Bloom. La novelista Linda Grant la calificó de “un desastre lleno de rabia y resentimiento”, aunque añadió con ironía: “Tampoco es que Claire Bloom tenga otro libro en ella.”PUBLICIDADNora Ephron enfrentó una versión diferente del problema. Su novela Heartburn (1983) estaba basada en su matrimonio con el periodista Carl Bernstein —uno de los reporteros que destapó el escándalo Watergate— y en la aventura extramatrimonial que lo destruyó. Bernstein amenazó con demandarla y lo decía en serio: la pareja tardó cinco años en acordar los términos del divorcio, y parte de ese tiempo se consumió en satisfacer la exigencia del cronista de The Washington Post de tener derecho de aprobación sobre cómo sería retratado por Jack Nicholson en la adaptación cinematográfica del libro.El caso de Truman Capote ilustra los riesgos de subestimar a los retratados. Cuando en 1975 comenzó a publicar en la revista Esquire relatos sobre su círculo social de la alta sociedad neoyorquina —con sus hábitos de baño y dormitorio incluidos—, el escritor calculó que sus modelos eran demasiado vanidosos o demasiado distraídos para reconocerse. Se equivocó. “Solo era un adorno”, dijo de él un amigo tras el ostracismo que siguió. “No tenía nada a lo que recurrir.” Capote nunca terminó otro libro. El agravante, según The Times, fue que los relatos publicados en Esquire tampoco eran especialmente buenos.PUBLICIDADEl escritor estadounidense Truman Capote bromea a su llegada a una discoteca neoyorquina en los años 70 (Foto: EFE/jgb/Archivo)
“Has hecho que parezca incapaz de amar”: Natalie Portman está enfurecida con una escritora amiga
La novela ‘Life of M’, de la autora canadiense Rachel Cusk, incluye un personaje que el mundo literario lee como un retrato muy íntimo de la famosa actriz y directora







