Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 40 años) lleva tres años viviendo en México. Fue a visitar a una amiga, se enamoró y se quedó. Lo cuenta en The Möbius Book, su última novela —­que está traduciendo Alfaguara—, en la que, de nuevo, deshace la frontera entre realidad y ficción. Amable, cercana y vitalista, lleva un clip —de los de curva doble que sir...

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ven para sujetar papeles— tatuado. “Tuve un profesor que, cuando estudiaba escultura y escritura y no sabía por dónde tirar, me dijo: son lo mismo. Un clip es la manera más sencilla de unir dos papeles. Me lo tatué para no olvidarlo”. La entrevista tiene lugar en un hotel de Barcelona.

¿Conoció antes la religión o el amor?

Diría que mis experiencias eran más profundas en la religión que en el amor. Crecí en una cultura en la que todo el mundo iba a la iglesia [metodista]. Para los estándares europeos mi familia sería extremadamente religiosa, pero para los americanos, y en concreto de Misisipi, simplemente le dedicaban tiempo: la misa del domingo, el catequismo, el coro…