El mundo de par en parEl investigador se aleja en 'Tristes y salvajes' de los an�lisis centrados s�lo en lo ideol�gico para dirigir su mirada hacia los afectos y reflexionar sobre el g�nero y las fobias, promesas y estructuras que lo sostienenEl doctor en Sociolog�a Lionel Delgado.Araba PressActualizado Viernes,

julio

00:49El despertar le lleg� a fuerza de preguntar y, sobre todo, de tomarse el tiempo de escuchar la respuesta. Parece sencillo, pero aquello se convirti� en un acto revolucionario, especialmente en la sociedad de la prisa, de lo ef�mero, de lo taxativo. Lionel Delgado no era un hombre machista, o eso pensaba �l, pero de repente se descubri� a s� mismo viendo tutoriales poco �ticos sobre c�mo ligar en YouTube y mirando con recelo ciertos postulados feministas. Cuando estudiaba Sociolog�a descubri� ese terreno indefinido y pantanoso del g�nero y lanz� una simple cuesti�n a las mujeres de su alrededor: �hab�an tenido malas experiencias con los hombres? Lo que le contaron le hizo replantearse su papel como hombre.De aquella reflexi�n primigenia de este graduado en Filosof�a y doctor en Sociolog�a naci� una vocaci�n profesional como investigador, divulgador y formador en masculinidades, relaciones y cultura del odio, y su tesis principal de trabajo conforma hoy el hilo conductor de su primer libro, Tristes y salvajes. Pol�ticas del deseo m�s all� de la manosfera (Ariel), un an�lisis cr�tico sobre los afectos, la precariedad y la crisis de v�nculos que empujan a muchos varones hacia entornos digitales antifeministas. Desde su propia experiencia personal y su trabajo con adolescentes en los institutos y en la plataforma de acompa�amiento juvenil Br�ders, Delgado propone cambiar el foco: escuchar y comprender en lugar de sermonear con discursos te�ricos. "Hay que dejar de echar la bronca a los chavales", anima.Para saber m�sUsted se define como un hombre en constante deconstrucci�n. �C�mo lleg� a la conclusi�n de que el enfoque tradicional con el que miramos a la 'manosfera', ese reducto de odio machista cada vez m�s popular en internet, era err�neo?En un momento de mi vida, yo mismo estuve bastante cerca de habitar esa manosfera. Me obsesionaba conseguir pareja y no lograrlo me frustraba much�simo. Me hab�an hecho bullying en el colegio, me sent�a un completo fracasado y me asom� bastante a ese abismo. El cambio de perspectiva empez� a fraguarse cuando en la carrera abord� el feminismo, pero el verdadero clic ocurri� durante una investigaci�n. Empec� a hacer entrevistas a las mujeres j�venes de mi entorno sobre acoso callejero y de repente me encontr� escuchando relatos terribles de mi hermana, de mi pareja de entonces y de mis amigas. Todas hab�an sufrido malas experiencias sexuales o hab�an vuelto a casa con miedo. Me di cuenta de que este tipo de cosas est�n tan normalizadas que yo nunca les hab�a preguntado por ellas. �C�mo no me hab�a dado cuenta antes? A fuerza de darle vueltas, empec� a entender que parte de mis propios dolores, de mis malestares y de mi frustraci�n tambi�n ten�a un relato de g�nero y estaba directamente relacionada con el patriarcado y la desigualdad. Tenemos un pensamiento muy paternalista y adultoc�ntrico respecto a lo que est� sucediendo con estos discursos entre los j�venes. Lo planteamos como una cuesti�n de bilis y odio antifeminista, pero creo que hay de fondo afectos mucho m�s complejos, y si no los abordamos, jam�s vamos a poder atajar el problema.Al final, experimentar esas realidades en la propia piel le permiti� cambiar por completo el foco de la investigaci�n.Totalmente. No somos blancos o negros. "Soy feminista" o "Soy antifeminista". Hay un abanico enorme de posiciones muy complejas y muy confusas entre ambos extremos, tambi�n muy contradictorias. En los talleres que impartimos en los institutos no encuentras perfectos perfiles de chavales antifeministas, sino muchas dudas, mucha incoherencia y muchas ganas de poder debatir de ciertas cosas. Tambi�n cuando se conectan a Br�ders desde el anonimato. S�lo quieren comprender lo que les sucede, por qu� hacen lo que hacen, hablar y que alguien los escuche e intente comprenderlos.Una de las conclusiones m�s claras de su libro es que el n�cleo de todo reside en la gesti�n de las relaciones. �Por qu� resulta tan seductora la cultura del odio hacia las mujeres frente a otros postulados menos agresivos?El tema de las relaciones es important�simo. Cuando te das cuenta de que todo en la manosfera tiene que ver con las relaciones -unos est�n frustrados porque no ligan, otros prometen ense�arles a ligar m�s; unos sienten rencor porque su ex pareja les hizo da�o, otros creen que las mujeres les van a manipular-, entiendes de verdad el problema. Todo gira en torno a los v�nculos y estamos inmersos en una profunda crisis de los v�nculos a nivel global. Se est� destrozando la comunidad a velocidades asombrosas. Han desaparecido los espacios de encuentro y de intercambio. Ligar cada vez cuesta m�s porque est� todo monopolizado por aplicaciones privadas que est�n sacando rentabilidad de la frustraci�n de la gente. A esto se le suman el aislamiento, la hiperdigitalizaci�n, los algoritmos y la privatizaci�n y restricci�n del espacio p�blico. Creo que en el fondo de la manosfera est� latente la cuesti�n de los v�nculos."Tenemos una visi�n muy paternalista y adultoc�ntrica hacia los discursos de odio entre los j�venes. Hay que dejar de echarles la bronca y empezar a escucharles"En el subt�tulo de su obra insiste en ir "m�s all� de la manosfera". Describe una "manocultura" transversal que excede los foros de internet y que se encarna en figuras globales como Donald Trump o Elon Musk, quienes ensalzan valores hipermasculinos que resultan muy da�inos. �Qu� receta de seducci�n hipercapitalista conecta las criptomonedas, los gimnasios, el machismo...?Los valores neoliberales han saturado totalmente el relato del �xito y de la buena vida. Cuando planteamos el �xito ya no lo pensamos en t�rminos de ser buen amigo, buen padre, buen hijo, buen hermano o, sencillamente, una persona feliz. �xito, hoy en d�a, significa acumulaci�n de estatus, acumulaci�n de capital er�tico, de capital econ�mico y de capital social, y eso nos lleva a haber naturalizado los valores de la competitividad y de la inversi�n, incluso en la gente que cree que no los comparte. Estamos todo el rato monitorizando nuestros h�bitos de dormir, nuestros h�bitos alimenticios e incluso nuestros h�bitos corporales a trav�s de aplicaciones para optimizar nuestra vida. En este contexto ganan mucha fuerza los referentes que acumulan un �xito muy visible. Gente como Elon Musk, Mark Zuckerberg o los fundadores de OpenAI aparecen como personas exitosas que han sabido moverse e invertir de manera inteligente. Se les ve m�s listos que nadie y, adem�s, con una p�tina un poco rebelde y pol�ticamente incorrecta tremendamente atractiva. Creo que hay mucha chavaler�a que est� atra�da por ciertos estilos y afectos rebeldes m�s que por argumentos.Habla del �xito. �Es el miedo al fracaso el principal combustible del odio machista?Claro, en un momento en que todos vivimos inmersos en la idea de convertirnos en nuestro mejor yo, ser un fracasado puede ser de lo peor que nos puede pasar. El cine est� lleno de historias del perdedor que de repente, se vence a s� mismo y se convierte en un superh�roe, en el puto amo. Todos somos unos fracasados hasta que demostramos lo contrario. Ah� es donde coge mucho peso lo pol�ticamente incorrecto, la transgresi�n. Es mucho m�s seductor sentirte importante y valorado que sentirte un fracasado, que es de lo que hay que escapar como sea. De hecho, los chavales lo usan como insulto: "Qu� pringado eres". Se machacan as� y les cabrea mogoll�n.En su libro dedica un espacio considerable a analizar lo que denomina la seducci�n de la violencia, ese "j�bilo rabioso" que conecta con manifestaciones adolescentes, a menudo masculinas, donde el impulso es, simplemente, prender fuego a un contenedor. �Qu� tipo de seducci�n ejerce la violencia?Vivimos en sociedades muy grises, totalmente saturados y anulados emocionalmente, nos cuesta mucho sentir cosas fuertes. Estamos cada vez trabajando m�s, enfocados en pasiones m�s tristes, cansados, decepcionados y tristones. Los problemas de salud mental se han multiplicado. La agresividad y lo pol�ticamente incorrecto son tambi�n formas de romper con esa monoton�a, y son bastante divertidas. Si no reconocemos esto, no podemos entender lo atractiva que es cierta cultura. Si a los chavales les estamos proponiendo una masculinidad igualitaria que sea tranquilita, suavecita, blandita, que no ocupe mucho espacio, que est�ticamente no sea muy agresiva a la hora de expresarse ni muy acaparadora, que sepa escuchar y callar a tiempo para cuidar, frente a una masculinidad rebelde, potente, cachas y atractiva socialmente, tenemos las de perder. Si lo reducimos a una simple cuesti�n de privilegios, pensando que se ven atra�dos por los discursos de odio solo por no perder sus ventajas, no terminamos de entender nada. Tiene mucho m�s que ver con lo atractivo que resulta a nivel est�tico, c�modo y divertido que con los argumentos.Otro factor determinante que analiza a trav�s de sus propias vivencias como repartidor o camarero es la precariedad econ�mica y la falta de perspectivas de futuro en los j�venes.Me gusta recurrir a la met�fora de la escalada. Yo soy una persona que puede narrarse de muchas formas. Si me preguntan qui�n es Lionel, digo que soy alguien a quien le gusta leer, escribir, salir de fiesta con los amigos, viajar, hacer escalada, la cer�mica, dibujar o tatuarme. Tengo un mont�n de ejes de narraci�n que no necesariamente pasan por decir: "Soy hombre". Esto podr�a entenderse como las presas de una pared de escalada: tengo muchos agarres identitarios. Pero seg�n te van quitando agarres, te quedas en una posici�n en la que cada apoyo es m�s vital, y eso es especialmente importante en la adolescencia, cuando estamos configurando nuestro yo adulto. En esa pared de escalada, al final, uno de los puntos m�s fuertes y accesibles a los que asirse es el g�nero, porque te da certidumbre, sensaci�n de pertenencia y respuestas a preguntas supercomplejas. Cuanto m�s precaria es la vida de un chaval, m�s dificultades tiene para agarrarse a la pared. En muchos chicos que tienen vidas muy dif�ciles, lo �nico que les queda para narrarse es decir: "Soy un macho". No tienen dinero, tiempo, recursos ni aprendizajes para explorar otras facetas. Y no se les puede culpar. �Qui�n tiene energ�a para estar todo el rato haci�ndose preguntas sobre su propio comportamiento? Para ellos, la alternativa progresista de las masculinidades igualitarias a menudo suena a palabras abstractas y te�ricas como "Romper el pacto patriarcal" o "Habitar los cuidados", conceptos que a nivel pr�ctico ni siquiera saben qu� significan. Cuando les pedimos que denuncien a sus amigos acosadores, �qu� grupo de hombres alternativo les estamos ofreciendo en su colegio para sostenerlos? En lugar de echarles la bronca, tenemos que entender que el problema es estructural.De cara al futuro y analizando el panorama actual con el auge de los discursos reaccionarios, la desconexi�n comunitaria y la crisis clim�tica, �se considera optimista o pesimista respecto a la posibilidad de revertir esta situaci�n?Se usa mucho el optimismo como una varita m�gica abstracta, pero no se puede construir en el aire. Es important�simo aceptar que no estamos viviendo una buena �poca y recoger ese malestar existente. Yo me defino como un pesimista alegre. Creo que los datos nos obligan a ser pesimistas, pero ese pesimismo puede ser estimulante, un motor de cambio, de conexi�n y de rebeld�a. La indignaci�n puede volver a ser un espacio de movilizaci�n pol�tica en lugar de un intento constante por calmar a una poblaci�n que est� leg�timamente cada vez m�s cabreada.