“Lío con 13 años se sentaba en un banco de un parque a comer pipas y a lanzar piropos a las chicas con sus amigos. Lío con 13 años era un celoso. Era un obsesivo que se enamoraba y mandaba cartitas y luego se frustraba cuando no recibía cartita de vuelta. Era un gilipollas, la verdad”, explica el propio Lio, Lionel S. Delgado (Rosario, 36 años), sociólogo y experto en género, además de capitán de una iniciativa de igualdad específicamente dirigida a chicos llamada Broders. Él, que lleva año impartiendo talleres en institutos, acaba de escribir un libro, Tristes y Salvajes (Planeta de Libros), donde intenta salir del laberinto del antifeminismo sin ridiculizar a quienes, de diferentes y mutantes maneras, forman parte de ese magma tan confuso llamado machosfera. Pregunta. Usted explica que los chicos que más se apegan a la masculinidad normativa son los que menos facilidades económicas tienen. ¿Por qué pasa eso? Respuesta. Lo dicen las investigaciones: los espacios más normativos son los que más violencia generan y los chavales que más se meten dentro de la caja de la masculinidad normativa son los que más presión social y problemas de salud mental soportan. Pero es que hay partes de nuestra identidad que se hacen más pesadas si tenemos menos agarres. Yo lo comparo con un rocódromo, donde si tienes varias presas te puedes ir sosteniendo con más facilidad. Si eres una persona que viaja, que tiene un hobby, que está con amigos, que hace actividades culturales, que lleva una vida amable, con muchos espacios de disfrute, tienes formas de afirmarte que no pasan solamente por ser hombre. Hay chavales que prácticamente la única forma de validación que tienen es sentirse hombres, que es algo que por decirlo de alguna manera no cuesta dinero. Y esto pasa sobre todo en la adolescencia sobre todo, periodo en el que un chaval aún no ha desarrollado una vida propia.P. Pero a la vez usted habla de que existe una idea de lo que es una “buena vida” normativa que condiciona mucho las expectativas y que no va a variar incluso con recursosR. La idea fija de buena vida al final es una trinchera importantísima a nivel social. Y parece una de estas pajas filosóficas, ¿no? ¿Qué es una vida? ¿Qué es una buena vida? Son preguntas que difícilmente nos hacemos y que al no plantearlas se responden con lo que existe por defecto, que es precisamente la normatividad. El contexto neoliberal nos hace muy poco autónomos a la hora de poder desarrollar una idea propia de lo que es una buena vida para cada uno y eso es en gran medida lo que trabajo en los talleres. ¿Tu buena vida pasa por tener mucho dinero, que te admiren los demás por ello? Hacerse esas preguntas nos permite replantearnos muchas cosas.P. Y a la vez, para poder hacerse ese tipo de preguntas son necesarios tiempo y recursos. ¿Cómo sale de ese bucle un chaval de 15 años de clase media baja de ese circuito si no tiene los medios?R. Creo que hay cierta soberbia y simplificación. Le pedimos a un chaval que tiene unos problemas atroces para poder entenderse y para poder pensar en el futuro siquiera, la altura moral o una capacidad de responsabilidad social que le exige anteponer esos valores a cualquier tipo de deseo y comprometerse con una especie de lucha que tampoco va con él mismo. P. Se refiere a la lucha feministaR. Sí. Hemos decidido que esto es importante por sí mismo y no nos hemos preocupado tanto por demostrar la utilidad de este tipo de luchas en la vida de estos chicos. Las hemos impuesto sin a veces escuchar de qué punto parten ellos. No siempre es fácil el camino de la deconstrucción porque además generalmente estás solo, y si el contexto no es adecuado muchas veces vas a optar por no arriesgarte, para no perder los pocos amigos que tienes o empeorar una situación ya de por sí precaria. Si el patio del colegio sigue siendo un campo donde la violencia es moneda de cambio, si el instituto sigue siendo un sitio donde la dirección está totalmente perdida, donde el profesorado está precarizado y no puede prestar atención o no quiere prestar atención a lo que está sucediendo, si los chavales siguen moviéndose según una normatividad que consumen en redes sociales o en los medios, pues queda mucho más floja la demanda individual de “pavo, deconstrúyete”.P. Cuando se analizan fenómenos sociológicos femeninos siempre se tiene en cuenta que hay intereses de empresas que quieren hacer infelices a las mujeres y meterles miedo para venderles productos. ¿Pero no es así con los chicos también?R. Hay una industria muy grande de gente que se ha enriquecido muchísimo gracias a la divulgación de valores tradicionales. Desde Andrew Tate hasta Un tío blanco hetero.P. Me refiero a que la consecuencia tangencial de que haya muchísimos gym bros es que a la industria de los alimentos proteínicos le viene genial que los chicos quieran tener el pecho como gorilas…R. Es verdad que también hay un beneficio para muchas empresas. El mundo del fitness está creciendo sin parar en nuestro país y eso en cierta medida apunta a algo más generalizado, que es también la deriva obsesiva por el cuerpo. El otro día en un congreso de salud mental se celebraba de manera bastante acrítica que los chavales cada vez consumen menos tabaco, alcohol y drogas. Yo quisiera poder poner en diálogo estas cifras que pueden ser positivas en sí mismas junto a otras que apuntan al aumento de ansiolíticos y antidepresivos. O también habría que ver cómo tiene que ver esta nueva idea de salud con el aumento de TCA en chavales jóvenes y conductas autodestructivas en el gimnasio. Todo apunta a una nueva neurosis por el cuerpo y la salud en nuestra cultura. P. ¿Y eso por qué está ocurriendo entre los hombres?R. En un contexto donde no puedes controlar absolutamente nada en esta vida, los chavales empiezan a ver que el cuerpo es de los pocos factores que pueden controlar. El cuerpo aparece como su gran responsabilidad. La mentalidad patriarcal tradicional dicta que las mujeres sois cuerpo por las reglas, las hormonas pero los hombres tenemos cuerpo y hay que disciplinarlo porque somos pura razón. De ahí viene toda esa moda de la mentalidad estoica. Una persona exitosa tiene un cuerpo exitoso, y el cuerpo exitoso se consigue a base de disciplina, control, artilugios, gimnasios, dietas.P. Usted defiende que debajo de todo esto subyace una crisis de afectos.R. Los incels se radicalizan porque no follan. Los pick-up artists te enseñan a ligar más. Los MGTOW, los hombres que siguen su propio camino, rechazan a las mujeres porque las mujeres solo les utilizan para conseguir dinero, pero si ellos se centran en su propio proyecto pueden convertirse en la mejor versión de sí mismos y así negociar mejor en el mercado de la seducción y poder ser la posición. Todo va de vínculos al final, de poder relacionarse y de poder tener relaciones satisfactorias e incluso follar. Esto apunta en cierta medida a algo más grande, a algo que va más allá, que es una crisis relacional enorme que estamos viviendo. Las mujeres también. Cuesta cada vez más relacionarnos, sentirnos acompañados. Y la pareja además se ha tecnificado de tal forma que ya no solamente se trata de sentir amor, sino de tener un montón de herramientas, hábitos, acuerdos, espacios de negociación, ritmos. Todo eso va en paralelo a la desestructuración de la comunidad y de los espacios vecinales. P. Sin embargo existen no existen datos que que confirmen que la familia como célula primordial social está desintegrándoseR. Todo el ámbito feminista, todo el activismo progresista, está viviendo una frustración enorme en los vínculos. Pero en el otro lado tenemos la respuesta más conservadora neotradicional. Los divorcios están cayendo. En parte se sospecha, no hay mucha investigación sobre esto, que también es por la dificultad de la crisis habitacional. Pero es cierto que las estadísticas hablan de que los divorcios están bastante bajos y los matrimonios están más altos que prepandemia.P. ¿Entonces cómo se sostiene que las relaciones van mal?R. Es complicadísimo sí. Y además si te vas a algunas investigaciones más pequeñas, de empresas privadas, parece que en España las parejas están más contentas que en otros lugares de Europa. Creo que hay una polarización afectiva muy grande entre una izquierda que ha dejado de creer en el amor romántico, con razón, porque implicaba muchas violencias. Hay una pérdida de fe en los vínculos y de momento no hay nada que lo reemplace.P. Tal y como lo cuenta parece que compensa ser de derechas en el amor…R. No, ahí está lo bueno. Lo bueno es que creo que queda por delante. Hemos hecho la crisis, la crítica del amor romántico, hemos destruido el concepto de pareja como principal fuente de felicidad de la vida, Lo que queda por delante es poder llenar el vacío afectivo-emocional que deja esto.P. ¿Y hay chicas en sus talleres?R. No siempre, pero hay veces que los chicos necesitan escuchar a sus amigas, a las chicas con las que conviven para que ellas mismas cuenten qué les sucede y lo que sufren. O por ejemplo, para que ellas mismas digan qué les gusta. Porque una cosa curiosa, como trabajo con chicos en temas de ligar, siempre les digo: ¿no os parece irónico que para aprender a ligar con chicas estáis escuchando solo a chicos? P. ¿Usted ha conseguido hacer las ideas de chico de 15 años claramente antifeminista? R. Sí que he logrado construir algo significativo vitalmente para algunos chicos, sobre todo cuando tengo tiempo para poder crear un vínculo y ya me conocen, les conozco, puedes saber qué tecla tocar. Ves a chavales que están muy predispuestos a hacer cosas y le vas dando tareas para hacer, le implicas, le haces sentir importantes, que los principios de igualdad les pueden servir para construir una autoestima, para construir un lugar en el mundo. Pero lo que no valen son los talleres champiñón, que surgen como una seta totalmente descontextualizada del resto de herramientas pedagógicas y no tiene continuidad ni estrategia. Ese tipo de intervenciones llevamos años diciendo que no están funcionando. P. ¿Y al revés? ¿Hay cosas en las que les han convencido ellos a usted?R. Hay necesidades prácticas que para mí son un cubo de agua fría. Vamos por ahí replanteando filosóficamente qué es la masculinidad, el género, la igualdad, pero que en última instancia hay una necesidad de claves prácticas de vida que no estamos dando. Que es que podemos decir sí, la narrativa neoliberal del éxito. Ya, ya, pero ¿cómo ligo? ¿Cómo me valoro? ¿Cómo convierto mi vida en una buena vida? El éxito neoliberal sigue ocupando el espacio que ocupa porque no hemos desarrollado alternativas viables, fuertes y atractivas. Y creo que ahí está nuestro reto a futuro para todo el mundo.P. Habla usted de algo llamado “fatiga de género”. ¿La ha sentido?R. Sí, es un concepto que me ha tocado mucho la fibra sensible. Primero porque me he visto muy reflejado ahí y segundo porque lo veo cada vez más a mi alrededor. Yo he vivido rupturas dolorosas con amistades porque hay gente que empieza a distanciarse de la igualdad y a comportarse de forma cuestionable. También es que en nuestra sociedad vamos muy rápido, es muy difícil sostener una idea mucho tiempo. El feminismo ya no parece esa salida mágica a la violencia que se planteaba antes de la pandemia. De hecho, escuchaba alguna vez a una chica en el instituto: “Es que bueno, es estos discursos ya son un poco cansinos”. Eso me preocupó bastante.P. ¿Pero eso no es como decir que un derecho humano fundamental es cansino? R. Sí, pero es verdad que estamos en un momento en el que todo el concepto de derechos humanos está en crisis y eso lo complica todo muchísimo. Estamos en un momento donde hay una desafección democrática de la hostia, donde ya nadie cree en el Estado, en la legitimidad supranacional de la justicia, donde con el tema de Irán y Palestina la justicia internacional se está yendo a la mierda. Hay una desafección política alucinante y sin embargo vamos nosotros diciendo no, hay que seguir creyendo en la igualdad.P. ¿Cuándo ha sentido más burla, en el instituto o ahora que eres lo que se llama sarcásticamente “aliado”?R. Es cierto que hay miedo por parte de los hombres a esta figura, pero yo en los entornos en los que me muevo he recibido sobre todo apoyo, cariño y mucho acompañamiento y mira que trabajo con todas las técnicas de igualdad que ha puesto en marcha el Estado en un montón de institutos y con entidades de todo tipo.