Raquel D�az MadridActualizado Viernes,
julio
09:41El fuego no comenz� por el cambio clim�tico, pero encontr� un paisaje preparado para arder. Esa es la principal conclusi�n del nuevo an�lisis de World Weather Attribution, una colaboraci�n cient�fica internacional especializada en estudiar la influencia del calentamiento global sobre los fen�menos extremos, acerca de los incendios forestales que han golpeado el centro de Espa�a y el suroeste de Francia. La combinaci�n de calor persistente, sequedad, viento y vegetaci�n deshidratada convirti� una chispa en un problema extremadamente dif�cil de contener.El estudio estima que el calentamiento causado por la actividad humana hizo al menos veinte veces m�s probables las condiciones meteorol�gicas que alimentaron estos incendios en el centro de Espa�a. Mientras que en el suroeste franc�s, el incremento fue de al menos el doble.Lo cierto es que con el clima actual, una semana con una severidad semejante puede repetirse aproximadamente cada seis a�os en el centro peninsular y cada veinte en el �rea estudiada de Francia. No significa que un territorio est� a salvo, sino que ambos afrontan ya episodios antes mucho menos frecuentes.Para llegar a estas conclusiones, el equipo utiliz� el Daily Severity Rating, o DSR, un indicador que combina temperatura, humedad, precipitaciones, viento y estado de los combustibles vegetales. No determina qu� origin� la llama, sino la facilidad con la que puede propagarse y la dificultad de detenerla.Los cient�ficos analizaron los siete d�as con las condiciones m�s adversas y compararon los resultados con las series hist�ricas y con un clima 1,4 grados m�s fr�o. Aunque al tratarse de un an�lisis superr�pido, se apoya en observaciones y modelos estad�sticos, no en el despliegue completo de simulaciones clim�ticas habitual en trabajos m�s extensos.La historia de este verano, sin embargo, empez� meses antes. Enero de 2026 fue en Espa�a el m�s lluvioso del �ltimo cuarto de siglo. Esa abundancia de agua favoreci� el crecimiento de hierbas, matorral y otra vegetaci�n. Despu�s llegaron una primavera y un verano anormalmente c�lidos y secos, capaces de retirar humedad del suelo y convertir toda esa biomasa en combustible.Un invierno lluvioso aliment� el fuegoMar�a Jos� Sanz, directora del Centro Vasco de Investigaci�n sobre Cambio Clim�tico, se�ala, en declaraciones recogidas por el Science Media Centre Espa�a (SMSC), que las lluvias facilitaron primero el crecimiento vegetal y el calor posterior sec� r�pidamente esa materia. A ello se suma la acumulaci�n de combustible en bosques, matorrales y pastizales vinculada, en muchos lugares, al abandono de tierras y actividades rurales.El trabajo tambi�n llama la atenci�n sobre la simultaneidad. Cuando varios grandes incendios aparecen a la vez, los pa�ses tienen m�s dificultades para prestarse aviones, brigadas y otros medios. La emergencia deja de afectar �nicamente a cada frente y empieza a comprometer la capacidad conjunta de respuesta.Gustavo Saiz, ingeniero forestal e investigador del INIA-CSIC, insiste en la prudencia de los estudios de atribuci�n. Estas investigaciones no aseguran que el calentamiento encendiera una llama concreta, sino que calculan cu�nto alter� las condiciones que permitieron su expansi�n. "Si algo no puede probarse con un amplio umbral de certeza, simplemente no se afirma", explica al SMC Espa�a.La dimensi�n del episodio tampoco se limita a las hect�reas quemadas. Los incendios han causado v�ctimas, destruido viviendas y obligado a evacuar a m�s de 300.000 personas. En Espa�a ardieron alrededor de 180.000 hect�reas durante julio, mientras Francia superaba las 115.000 desde el comienzo del a�o.El humo a�adi� otro frente. En Francia, los picos de part�culas PM2,5 llegaron a multiplicar por veinte el nivel asociado a una calidad del aire considerada aceptable, y las malas condiciones se percibieron hasta unos 400 kil�metros de los focos. Esta contaminaci�n agrava enfermedades respiratorias y cardiovasculares y castiga a poblaciones debilitadas por semanas de calor.Friederike Otto, profesora de Ciencias del Clima en el Imperial College de Londres, resume el diagn�stico con una idea inc�moda: el clima europeo est� cambiando m�s r�pido de lo que los gobiernos consiguen adaptarse. La combinaci�n meteorol�gica capaz de crear un polvor�n y transformarlo en cat�strofe aparece ahora con mucha mayor frecuencia.La respuesta pasa por mejorar la prevenci�n, gestionar el paisaje de acuerdo con el nuevo clima, diversificar masas forestales, reducir la exposici�n de viviendas e infraestructuras y reforzar la cooperaci�n entre territorios. Tambi�n exige alertas tempranas y una capacidad de extinci�n preparada para varios incendios extremos simult�neos.Pero el informe recuerda que la adaptaci�n tiene l�mites. Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio Clim�tico, relaciona estos megaincendios con la quema continuada de carb�n, petr�leo y gas. Reducir emisiones no compite con la prevenci�n forestal: ambas respuestas son necesarias.La conclusi�n no es que todos los incendios sean inevitables ni que la gesti�n del territorio haya dejado de servir. Al contrario: el calentamiento est� creando condiciones cada vez m�s favorables para que el fuego se propague con rapidez, alcance mayores dimensiones y coincida con otros grandes incendios. En ese escenario, una simple chispa o una negligencia puede tener consecuencias mucho m�s graves.













