La crisis de incendios en la península Ibérica y otros países del sur de Europa “es coherente” con un clima que tiende a extremos meteorológicos, una realidad climática que hace que sean fuegos prácticamente imposibles de extinguir por más medios que se pongan. Es una realidad que va a más desde 2018 debido al aumento de las temperaturas, de las olas de calor y de unas sequías estivales cada vez más frecuentes. Frente a ello, los servicios de extinción no bastan. Estas son las principales conclusiones de una investigación internacional que se publica este jueves mientras España sufre el peor fuego forestal de su historia y las llamas amenazan en Francia a la metrópoli de Burdeos, con más de un millón de habitantes. Todo ello en un verano que está batiendo récords de olas de calor y con la polémica activa en torno a la emergencia climática.La investigación, publicada en la revista Scientific Report por científicos de media docena de países, recoge los datos oficiales de incendios forestales y los climáticos de Portugal, España, Francia, Italia y Grecia entre 1981 y 2025. Uno de sus autores, el chileno Raúl Cordero, de Universidad de Groningen de Países Bajos, reconoce a este medio que la idea de este estudio surgió a raíz de los incendios del pasado año en el noroeste español.En su trabajo señalan cómo justo en zonas de Francia y España, ahora afectadas por el fuego, la intensidad de las condiciones meteorológicas que lo favorecen (calor, sequedad y viento) han aumentado hasta un 50% entre 2016 y 2025 en comparación con lo que había entre 1981 y 2010. De hecho, los días con esas condiciones “altamente propicias” para su propagación han pasado de menos se 10 a 25 por verano en algunas zonas.Destacan también cómo el número anual de incendios se logró bajar drásticamente desde los años 80 de los 20.000 o 30.000 que había a unos 10.000 en 2018. “En eso tuvieron mucho que ver las inversiones en mejorar la prevención y extinción con mejor formación de los bomberos, campañas de concienciación social y nuevas normativas, pero eso ya no es suficiente en el actual contexto climático”, señala Cordero. Se refiere campañas como ”Todos contra el fuego” o “Cuando un bosque se quema, algo tuyo se quema”, que apelaban a la responsabilidad individual en la ignición. Con estas medidas, España se pasó de una superficie media anual quemada de 170.000 hectáreas (media que sube 1985 con un incendio de 500.000) a unas 127.000. Entre las nuevas normativas se encuentran directivas y directrices europeas y la Ley de Montes de 2003, que impide recalificar esos suelos y obliga a gestionar montes privados (la mayoría) y públicos.Ahora, explican estos científicos, la crisis de incendios coincide con unos valores extremos en temperatura, precipitación, viento y escasa humedad de la vegetación (lo que llaman FWI) en casi toda la península, que ya en 2025 era el territorio con más alto porcentaje arrasado del sur de Europa y que este año batirá récord de seguir así. Ese mismo FWI ha sido más moderado Italia y Grecia porque allí ha habido más lluvias en los últimos veranos que contrarrestan las olas de calor, pero no es el caso de España y Portugal o Francia, donde ha aumentado un 50% la sequía respecto a 30 años antes.En relación con el verano pasado, el último analizado, indican que la tercera ola de calor de inicios de agosto (en 2026 la tercera, en julio), provocó una anomalía térmica de 4,6ºC por encima de la media durante 10 días, con un déficit de precipitaciones cercano al 100%. Y coincide con que hubo más de 500.000 hectáreas quemadas, el 80% de lo arrasado en todo el sur de Europa.Indican, además, que no fue algo puntual: seis de las 10 mayores anomalías de más calor han ocurrido en la última década y coinciden con déficits de lluvias estivales. De hecho, el del 2025 fue de los 10 más secos en 50 años. 2026 vuelve a confirmar esta realidad irrefutable sobre las temperaturas. Los científicos relacionan estos cambios meteorológicos con los que se detectan en la circulación atmosférica global, en definitiva con el cambio climático generado por los combustibles fósiles que hemos colocado en la atmósfera terrestre. Si en América, Australia, África o Asia afecta en el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur, en Europa lo hace la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), cuya tendencia a perder fuerza, es decir, a estar en negativo, se asocia con unos bloqueos atmosféricos que suprimen las lluvias, intensifican la sequía y aumentan la probabilidad de olas de calor, el agotamiento de la humedad del suelo y, por tantos, esas condiciones que favorecen los incendios en el sur del continente.Ponen, además, una cuestión sobre la mesa: la paradoja de una extinción intensiva de incendios que propicia la acumulación de la vegetación que luego arde en muchos paisajes, favoreciendo los megaincendios. Esta “paradoja de la extinción” consideran que genera menos incendios, pero más extremos y derápida propagación, dado que las condiciones climáticas siguen empeorando “particularmente en la península Ibérica”. Es una tendencia evidente sobre todo a raíz de 2022 (recordemos cómo ardió la Sierra de la Culebra, en Zamora) o 2025 (en el norte de Castilla y León y Galicia). “Esta condiciones meteorológicas extremas impulsadas por el cambio climático están comenzando a superar la capacidad de los sistemas de extinción de incendios forestales existentes mucho antes de lo sugerido por proyecciones previas”, señalan. Por ello, afirman, “los incendios que escapan al ataque inicial pueden volverse catastróficos rápidamente”. “Desafortunadamente esta presión climática se intensificará más y se prevé que Europa enfrente un aumento de hasta 10 veces en los incendios extremos este siglo”, auguran.Raúl Cordero no vislumbra soluciones sencillas a este panorama, más allá de adaptar el suelo y la vida al nuevo clima. La realidad es que frenar el calentamiento global no es fácil ni es ahora mismo una prioridad para gran parte de la humanidad. “Un estudio reciente en la revista ‘Science’ -recuerda el climatólogo- propone hacer quemas prescritas en invierno bajo condiciones seguras, pero eso que a nivel técnico suena bien luego no es fácil de implantar porque en esos bosques vive fauna y son medidas que generan rechazo. Lo que parece claro es que no basta tener más bomberos y más aviones si no hay prevención antes. En California (EEUU) o Canadá, donde hay muchos recursos e inversión, tampoco los pueden extinguir. Al menos en España no tienen tantos muertos como hubo en Los Ángeles, en Hawai o en Chile”, señala.Y concluye: “El problema no es local, ni de un país, es un problema global como puede verse cuando se mira al resto del planeta. No valen ya los cortafuegos, porque esas llamas de incendios tan grandes se los saltan con facilidad. Lo importante es empezar a adaptarse a lo que viene lo mejor posible, teniendo en cuenta los contextos ecológicos y socioambientales de cada lugar”.
El cambio climático 'noquea' los servicios de extinción en el sur de Europa
Un trabajo científico revela cómo son las condiciones meteorológicas las que están favoreciendo que se intensifiquen incendios forestales de grandes dimensiones que irán a más en el futuro











