Hay imágenes que marcan una época para siempre. En mayo de 2024, un grupo de mujeres se puso las manos en la boca frente a una multitud. En mitad de las escaleras del Palacio de Festivales y Congresos de Cannes, el gesto pretendía mostrar el silencio impuesto a las víctimas de los abusos sexuales en Francia. Una de ellas era Judith Godrèche, la reconocida actriz francesa que, en aquella ocasión, presentaba su cortometraje Moi aussi, el documental con el que reunió los testimonios de más de dos mil supervivientes de violencia sexual. Ella y el resto de mujeres de su equipo que la acompañaban no pronunciaron una sola palabra, porque no hacía falta.
Esta imagen, que resumía décadas de silencio impuesto a las víctimas, convirtió a Godrèche en el rostro más visible del #MeToo en su país. Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes. Convertida en una de las grandes actrices del cine francés desde finales de los años ochenta, denunció en 2024 los abusos sexuales que sufrió cuando tenía 14 y 15 años por parte de los directores Benoît Jacquot y Jacques Doillon. Sus acusaciones desencadenaron una oleada de nuevos testimonios, sacudieron a la Academia de los Premios César y obligaron a la industria francesa a enfrentarse a una cultura de impunidad largamente sostenida.








