La directora y presidenta de la Acadèmia del Cinema Català estrena ‘Frontera’ y habla del blanqueamiento del franquismo y de cómo encarar las obras de acusados de agresiones sexuales

Se sienta Judith Colell (Sant Cugat del Vallés, 57 años) a charlar y sonríe aún más de lo habitual: “Siempre he hecho cine intimista, con presupuestos ajustados. Ahora he afrontado un drama con más dinero, porque era necesario para la recreación histórica, aunque creo que sigo hablando de seres humanos”. La actual presidenta de la Acadèmia del Cinema Català (ha renovado mandato este año hasta 2029) encara la promoción de Frontera, que se estrena mañana viernes, un drama basado en hechos reales: hasta 8.000 judíos cruzaron de Francia a...

España destino a Portugal durante la Segunda Guerra Mundial, y la película cuenta lo que ocurre en un pequeño pueblo catalán fronterizo, cuando en 1943 en los Pirineos un funcionario decide ayudar a los refugiados. “Acepté el encargo por el eco indiscutible con la actualidad”. Y ahí arranca la conversación.

Colell constata que su cine (Nosotras, 53 días de invierno, Elisa K) es más difícil de levantar “que películas más grandes y abiertas, para más público”; que lo autoral aún “no encuentra fácil financiación”, y que esta experiencia —de más presupuesto con ambición de más espectadores— confirma esa sensación. “Lo que he hecho es convertir el encargo en algo personal, y he disfrutado mucho”. Aceptó por eso y por una sorpresa. “Como muchos, yo pensaba que los Pirineos se cruzaban más de aquí hacia Francia, y no tanto hacia España. Investigué mucho y hasta encontré que una amiga íntima de Carmen Polo ayudó a judíos europeos a llegar a Portugal. Ella era franquista, pero odiaba a los nazis”, cuenta la cineasta.