Tras años de cierto optimismo por el desarrollo de nuevas normativas, el sector observa pocos avances reales y denuncia la persistencia de la impunidad
En los últimos dos meses, el dramaturgo Ramón Paso fue detenido por una agresión sexual a una niña de 15 años; el productor de cine Xavier Atance pasó a disposición judicial tras la denuncia de tres mujeres; Canal Sur finalmente destituyó a Gustavo Fuentes, el directivo acusado de agresión y acoso sexual por una trabajadora; el cantante Francisco Javier Álvarez Beret, de 29 años, fue detenido y luego puesto en libertad como presunto autor de una agresión sexual en Sevilla; la fiscalía pidió 13 años de cárcel para el rapero El Jincho por otro asalto sexual a una menor de edad, cargo del que ha sido absuelto por “dudas razonables”; Wim Wenders por fin retiró de las plataformas Falso movimiento tras décadas de quejas de Nastassja Kinski por salir desnuda a los 13 años; y el artista francés Patrick Bruel fue interrogado por las acusaciones de violencia sexual por parte de tres mujeres que relatan hechos cometidos entre 1997 y 2001.
Así se han encadenado casi una decena de episodios de distintos tipos de violencias contra las mujeres por parte de hombres de la cultura. Todas las voces consultadas coinciden en que no se trata de un repunte de las agresiones: “Los casos que saltan a la prensa son la capa más superficial”, señala Lara Álvarez, vocal de la Asociación de Mujeres de la Industria de la Música (MIM). Sitúan el problema en lo que definen como “inoperancia” de los protocolos específicos que se han desarrollado para la cultura en España y la falta de cumplimiento de la Ley de Igualdad (2007) y de la ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, conocida como la del Solo sí es sí (2022).









