La intérprete presenta en Cannes su debut como directora, ‘Memoria de chica’, adaptación del libro de Annie Ernaux sobre la pérdida de su virginidad

Judith Godrèche (París, 54 años) vuelve a Cannes convertida en otra persona. La actriz francesa presenta en el festival su primera película como directora, Memoria de chica, adaptación del libro de Annie Ernaux sobre el verano en que perdió la virginidad a los 17 años, un relato que le importa porque reconoce en él un reflejo parcial de su propia biografía. Pero Godrèche también llega transformada en la mujer que encendió el Me Too francés, en una de las principales portavoces contra las agresiones sexuales en el mundo del cine y más allá, y en un símbolo incómodo para una industria que durante décadas confundió libertad artística con impunidad.

Es todas esas cosas desde que, en 2024, decidió denunciar a dos de los directores con los que trabajó en los ochenta, Benoît Jacquot y Jacques Doillon. Al primero, con quien mantuvo una relación sentimental desde que era adolescente y hasta el comienzo de su veintena, lo acusó de violación por hechos que, según su testimonio, empezaron cuando ella tenía 14 años y él, 39. Al segundo, lo denunció por agresiones sexuales cometidas cuando ella era menor. Desde entonces, se ha convertido en algo parecido a un icono feminista. “Y eso no siempre es bueno”, opina Godrèche, con una sudadera granate de aire universitario y el pelo rubio a la altura de la mandíbula, con rastros de aquella delicadeza que el cine francés proyectó sobre ella en los noventa, solo ahora mezclada con una enorme firmeza. “Convertirse en un símbolo invisibiliza a quienes te rodean. Yo no soy nada sin el colectivo. Es importante usar tu privilegio para hablar, pero no me gusta esa palabra”.