El pasado 17 de julio se estrenó en los cines de medio mundo La Odisea, el último largometraje del director estadounidense Christopher Nolan. Con ello se reavivó la polémica sobre la normalización de la ocupación ilegal de Marruecos del Sahara Occidental, región que integra la lista de la ONU de territorios no autónomos aún pendientes de descolonizar. Sin embargo, la doctrina del organismo multilateral es, para Marruecos y sus aliados, una simple sugerencia que pueden incumplir impunemente.PublicidadEl objetivo tras los constantes desafíos del régimen marroquí al derecho internacional no es otro que la consolidación de su dominio sobre esta región. Rabat "necesita que la comunidad internacional considere irreversible la anexión del Sahara Occidental" más que "la bendición de la ONU" de dicha anexión, explica a Público Isaías Barreñada, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). En este contexto, "cualquier actividad económica" como eventos culturales o educativos, como "Mundial de Fútbol" o "proyectos turísticos" funcionan como mecanismos de legitimación.Todo ello va acompañado de la constante represión de la población saharaui, cuyos líderes políticos se encuentran, en un alto porcentaje, entre rejas, desaparecidos o exiliados en los campamentos saharauis de Argelia. La cara B de la ocupación queda oculta bajo la pátina de normalización que aplican proyectos económicos que cuentan con el aval económico y simbólico de Occidente. Público repasa tres de ellos.Una carretera llamada Trump y un mensaje para BruselasLa semana siguiente al estreno de La Odisea, el presidente de EEUU, Donald Trump aseguró que, Mohamed VI, el rey de Marruecos, le había informado de que pondría su nombre a la autopista que el régimen estaba construyendo en el territorio ocupado del Sahara Occidental y que conectará la localidad marroquí de Tiznit con la saharaui Dakhla. Ambos acontecimientos, aparentemente inconexos, poseen una raíz común: la complicidad de Occidente con Marruecos.En el caso de EEUU, su alianza con la dinastía alauí se remonta a finales del siglo XVIII, cuando Washington y Rabat firmaron el Tratado de Paz y Amistad, todavía vigente. La designación de Marruecos como Aliado Principal Extra-OTAN en 2004, a propuesta de EEUU, y la firma de un tratado comercial entre ambos países dos años después, modernizaron esta antigua alianza. Sin embargo, el país norteamericano nunca se había atrevido a reconocer abiertamente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. La llegada de Donald Trump al poder en 2016 cambió esta tendencia.PublicidadA finales de 2020, en la recta final de su primer mandato, el empresario y político republicano reconoció públicamente la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental. Esta fue la contrapartida exigida por Rabat a cambio de que su rey firmara lo que se conocieron como los Acuerdos de Abraham, que buscaban normalizar las relaciones entre los países árabes e Israel. Según Isaías Barreñada, el bautizo de la Autopista Donald Jr. Trump es un regalo que Mohamed VI hace al mandatario estadounidense en el marco de la financiación de nuevas estructuras marroquíes por parte del Banco Europeo de Inversiones (BEI) aprobada el pasado mes de julio.Gracias a la jurisprudencia creada por el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de 1975 y las sentencias del TJUE dictadas entre 2016 y 2024, estas inversiones no pueden ejecutarse en proyectos que ahonden la ocupación ilegal de Marruecos del Sahara Occidental. Esta cuestión resulta elemental en el análisis que Barreñada hace del gesto adulador de Marruecos hacia Trump: "Rabat ha hecho una inversión enorme en el Sáhara desde que lo ocupa ese territorio, especialmente tras el Plan de Arreglo". Según los datos del profesor de la UCM, la producción del Sahara ocupado viene a ser un 5% del PIB de todo Marruecos, mientras que absorbe el 50% de las transferencias del Estado.Barreñada explica que estos esfuerzos se deben a la evidente incapacidad del régimen alauita de recurrir a la financiación internacional para sus proyectos colonizadores. No es que Trump haya financiado la autopista que atravesará el Sahara, aclara el experto. Sin embargo, la contingencia ha llevado al mandatario estadounidense a ponerse del lado de Marruecos, por lo que ponerle su nombre a una carretera "es un mecanismo de legitimación simbólica y un mensaje de Bruselas: Trump se ha mojado con el Sáhara y vosotros no".PublicidadSurfear la ocupación gracias a RyanairEn el portal de viajes de TripAdvisor se ofertan cerca de 200 alojamientos turísticos en Dakhla y 40 visitas turísticas imprescindibles. Estas incluyen excursiones en catamarán por su costa, tours por las dunas en 4x4, quads o caballos, y cursos express de surf o kitesurf. La rica oferta turística es descrita por los usuarios de la web como "inolvidable", "única" o "maravillosa". Todos ellos parecen ser ajenos al hecho de que Dakhla es un territorio ocupado ilegalmente por Marruecos y pendiente de descolonización desde hace 50 años.Antes de la salida de España del Sáhara Occidental, Dakhla recibía el nombre de Villa Cisneros. En sus inmediaciones, la dictadura de Francisco Franco construyó un aeropuerto que hoy sigue funcionando. En noviembre de 2024, la aerolínea irlandesa Ryanair anunció que abriría dos nuevas rutas que conectarían Dakhla con Madrid y Lanzarote, lo que según la nota de prensa, fortalecería la "conectividad de Marruecos, la inversión de Ryanair en el Reino, impulsando el turismo y el crecimiento económico en esta región marroquí".De hecho, la empresa había alcanzado un memorando de entendimiento junto a la Oficina Nacional Marroquí de Turismo (ONMT) para promover el turismo en la localidad costera, especialmente apreciada entre los surfistas. De hecho, algunas escuelas de surf, como la francesa Ocean Bagabound o la española Surf Rider Camp, llevan a cabo algunos de sus cursos en esta colonia marroquí.En Surf Rule, una revista española de referencia en este deporte se describe este territorio como "destino insignia de los surfistas europeos, con 3.500 km de costa soleada" situado "en el reino de Marruecos" donde "los surfistas tienen acceso a muchos spots de surf", como la ola de Aarich, de Foum Labouir o de Sarga. Todas ellas nacen en la costa del territorio que Marruecos ocupa y explota ilegalmente desde 1979, cuando Mauritania puso fin a otros cuatro años de anexión ilegal.Pese a que en 2018, una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE un auto de la Corte General del mismo organismo fijaron que los acuerdos entre Marruecos y la UE no se aplicaban al Sahara Occidental de forma automática, Ryanair no encontró obstáculos para cerrar su acuerdo con Marruecos. Es más, contó con la cooperación necesaria de España, que controla el espacio aéreo de parte del Sáhara Occidental a través de una de las cinco regiones de información de vuelo españolas. En concreto, aquella a la que pertenece a Canarias.Paradójicamente, los límites que no ha logrado establecer ni la política ni la justicia, los ha impuesto el principio de oferta y demanda. En noviembre de 2025 Ryanair cerró la ruta Lanzarote-Dakhla tras 10 meses de pérdidas en las que la ocupación media no había superado el 14,06%. Por el momento, los vuelos que conectan la ciudad saharaui con Madrid continúan operativos, pese a que la ocupación continúa siendo baja -alcanzó un máximo de un 77% en julio del año pasado- en comparación con el resto de las rutas de la aerolínea, que superan el 90%.Una colonia como decorado de 'La Odisea'En julio de 2025, la productora de Christopher Nolan y Emma Thomas rodó en la Gran Duna Blanca de Dakhla varias secuencias de La Odisea. Este emplazamiento natural es uno de los muchos patrimonios que la república mauritana y la monarquía alauita arrebataron al pueblo saharaui a mediados de los setenta. Al igual que otros proyectos turísticos desplegados en la región, el traslado del set de la superproducción estadounidense no reportó ninguno de sus escasos beneficios a los saharauis. En cambio, sí lo hizo para la potencia ocupante.PublicidadEl Festival Internacional de Cine FiSahara pidió formalmente a las compañías implicadas en el rodaje de Nolan que reconocieran públicamente que no deberían haber filmado aquellas escenas en Dakhla y que se abstuvieran de incluirlas en la película si no obtenían el consentimiento del pueblo saharaui para ello. Entre los firmantes de esta petición se encuentran figuras relevantes del panorama cinematográfico español, como Javier Bardem, Aitana Sánchez-Gijón, Pedro Almodóvar, Rodrigo Sorogoyen o Icíar Bollaín, entre otros muchos. Ante la indiferencia de los responsables de la película, FiSahara y otras organizaciones en defensa del derecho a la autodeterminación de los saharauis han llamado al boicot de la película.Isaías Barreñada recuerda que este procedimiento es habitual en Hollywood. Durante la dictadura de Francisco Franco, "España también fue el plató de muchas películas estadounidenses porque era más barato rodar aquí que en Hollywood". Y, al igual que ocurría entonces, "aquello legitimaba al franquismo".Marruecos se ha convertido en uno de los escenarios preferidos de la industria del cine estadounidense precisamente por los paisajes de los territorios que controla y por el abaratamiento de sus costes, abunda el experto. Además, ofrece mayor discreción que otros territorios como Israel, donde "las compañías de Hollywood no se atreven a rodar" porque recibirían "demasiada atención", lo que "echaría para atrás a la productora".Publicidad"Esa es la gran diferencia entre la ocupación de Palestina y la del Sahara", incide Barreñada, "que uno está supermediatizado y el otro, invisibilizado". Sin embargo, no solo Hollywood ignora el derecho internacional a la hora de abaratar los costes de rodaje. Ejemplo de ello fue la producción de Sirat, del director Óliver Laxe, galardonada con 6 premios Goya y el premio del jurado del Festival de Cine de Cannes, entre otros. La cinta española también se rodó en el Sahara Occidental. Para ello, el director tuvo que coordinarse con las administraciones marroquíes, que administran el territorio.