Los recuerdos de infancia cálidos y seguros se asocian con una mayor capacidad para tolerar el estrés emocional en el futuro, según una investigación reciente

El verano es la época del año en la que un niño se distrae, juega, disfruta en familia y con sus amigos y se mentaliza para vivir aventuras y experiencias nuevas durante las vacaciones. Para todo ello, los padres también se preparan y planean la época estival para acompañar a sus hijos en muchas de esas hazañas. El verano posee un toque mágico, un don que desacelera el ritmo cotidiano y abre más espacios para la conexión con uno mismo y con los demás. Y qué mejor manera de registrar todo, lo bueno y lo malo, que en un diario de verano.

La revisión científica analiza cómo las experiencias y recuerdos de la infancia, felices y negativos, influyen en la conducta adulta. Una de las investigaciones sobre este tema, publicada en octubre de 2024 en el National Library of Medicine (NIH), llamada El efecto de los recuerdos infantiles de felicidad concluye que los recuerdos de infancia cálidos y seguros se asocian directamente con la capacidad de tolerar el estrés emocional en el futuro.

“Expresar emociones en un diario ayuda a los niños a desarrollar la inteligencia emocional, reconocer lo que sienten, entender por qué lo sienten y aprender qué pueden hacer con ello. Además, la escritura tiene la potencialidad de ser una herramienta para la autorregulación”, asegura el psicólogo Tomás Martínez, director del Centro de Psicología Inharentia. De esta forma, este informe analiza que lo que un niño vive, procesa y recuerda sobre sí mismo influye en cómo podrá manejar sus emociones en el futuro y le ayuda también a descubrir qué es lo que le interesa o le gusta hacer.