“Me siento amenazada y observada. Me tienen desquiciada. Trabajo con pánico”, cuenta una trabajadora del Hospital de la Axarquía, el centro sanitario público de referencia en la comarca oriental de Málaga. “Somos basura, y como tal quieren sacarnos a la calle”, cuenta otra. “Vienen a mi sitio y hacen como que escupen. ¿Tú crees que yo tengo que soportar esto?”, se pregunta mientras saca de bolso el arsenal de pastillas para controlar la ansiedad, incluyendo un blíster de píldoras de rescate.
Ella fue advertida de una posible suspensión de empleo y sueldo después de que varias compañeras la denunciaran por grabarlas con su móvil, algo que ella niega. Tras declarar, todo quedó en nada. La otra denuncia que está asignada al banco de sangre, un servicio de máxima sensibilidad en el que tiene menos experiencia, en una situación de máxima presión en la que no recibe ayuda.
Ambas han solicitado permanecer en el anonimato para este reportaje, pero ya han puesto en conocimiento de la Inspección de Trabajo que están siendo denigradas a la vista de todo el mundo desde que el sindicato CSIF revelara públicamente que, con el impulso de cargos intermedios, personal del laboratorio del hospital había usado reactivos caducados o que habían perdido estabilidad para realizar análisis clínicos de forma reiterada y deliberada, lo que comprometería la fiabilidad de miles de resultados. El objetivo de esta presunta práctica sería ahorrar en consumibles que vienen en envases que rara vez se agotan antes de caducarse, con el fin de acceder a generosos complementos de productividad.






