La concepción que tiene la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre los impuestos ha quedado clara desde los inicios de su gobierno: cuantos menos, mejor, incluyendo a quienes son multimillonarios. Por si había duda, cuando su pareja los intentó escamotear (evitando pagar 250.000 euros a la caja común después de ingresar dos millones por vender mascarillas) no solo no se lo afeó, sino que tachó la investigación de Hacienda de inspección “salvaje”. La gestora de los impuestos, de parte del que presuntamente no los paga.
Pero si esos mismos impuestos sirven para aumentar su bienestar, ahí la presidenta no pone pega. Restando importancia al poder transformador de los tributos para construir una sociedad más justa y moderna, arrinconándolos en sus declaraciones como si fueran un mal necesario, acaba de utilizarlos para aumentar su ya alto estándar de vida inmobiliario.











