El historiador y escritor franc�s Jules Michelet cre� 'Historia de la Revoluci�n Francesa', considerada una obra maestra en la que fusiona pasi�n e historia.El prefacio de Jules Michelet de 1847 a su Historia de la Revoluci�n francesa deber�a ser un texto obligatorio para cualquier clase de Historia. Es uno de losautorretratos m�s ricos y sugerentes de un historiador que tenemos en la literatura de este g�nero. Describe la actitud hacia un tema que pretende abordar de forma objetiva, pero que debe conciliar con toda la pasi�n que siente por �l: "Me interrogo sobre mi ense�anza, mi historia y su todopoderoso int�rprete: el esp�ritu de la Revoluci�n. Entonces me dirijo al Campo de Marte, me siento sobre la hierba reseca e inhalo la fuerte brisa que sopla sobre la �rida llanura. �El Campo de Marte! Este es el �nico monumento que ha dejado la Revoluci�n".Michelet expresa maravillosamente que en muchas ocasiones no basta la precisi�n documental para escribir un buen libro de historia. �l se alimenta no s�lo de la documentaci�n escrita, sino tambi�n de las improntas dejadas por otros aspectos, como en este caso la memoria de un lugar relevante de la historia que est� contando.Con frecuencia, amigos y conocidos me comentan que empezaron a abjurar de la historia porque tuvieron un mal profesor, que lo �nico que hac�a era repetir los hechos del pasado como un loro. Tienen toda la raz�n. M�s all� de la evidente necesidad de contar con una base documental rigurosa, la historia debe tener dos condiciones para atraer la atenci�n de quienes la leen o la escuchan: la pasi�n de quien narra por el tema que est� analizando y su capacidad de encontrar analog�as entre el pasado y el presente.Si Edward Gibbon se inspir� en su Decadencia y ca�da del Imperio Romano por la contemplaci�n de las ruinas del Capitolio, la chispa creativa para la Historia de la Revoluci�n francesa de Michelet surgi� del Campo de Marte.Esta es precisamente la fuerza que sigue teniendo hoy el tema de la Revoluci�n francesa. No s�lo ha tenido int�rpretes formidables como Jules Michelet, Edmund Burke o Fran�ois Furet, sino que adem�s los historiadores han conseguido transmitir su presencia en el pasado. Por ejemplo, sabemos que la distinci�n entre izquierda y derecha surge de la Revoluci�n francesa. Tambi�n somos conscientes de lo que ha influido la tripleta de valores defendidos por los revolucionarios: libertad, igualdad, fraternidad. El segundo de ellos, por ejemplo, sigue dominando sin duda el gran debate de las ideas econ�micas que tenemos planteadas en la actualidad.Esta capacidad de observar las huellas del pasado en lugares especialmente representativos de las historias que narran es una caracter�stica com�n a los autores de las obras hist�ricas cl�sicas. La pasi�n de Michelet le deja margen para una descripci�n objetiva de la Revoluci�n francesa, que ofrece a lo largo de todo el libro: "El advenimiento de la Ley, la resurrecci�n del Derecho y la reacci�n de la Justicia". La fusi�n de pasi�n e historia que lleva a cabo Michelet contribuy� a la creaci�n de una obra maestra tanto hist�rica como literariamente, que no estuvo exenta de controversia en su �poca debido a su anticlericalismo.Jules Michelet es el historiador rom�ntico por excelencia, como Edward Gibbon lo fue de la Ilustraci�n. Michelet form� parte de una influyente generaci�n de historiadores franceses -entre los que destacan Augustin Thierry, Fran�ois-Auguste Mignet y Fran�ois Guizot- que quedaron profundamente impresionados por la violencia de la revoluci�n de 1789. Se encarg� de idealizar la revoluci�n de nuevo, asumiendo que el pueblo era el protagonista esencial de la historia, ya que hab�a sido entronizado y legitimado por las revoluciones. Comparte con Gibbon sus cualidades literarias, pero a�ade un alto grado de pasi�n. Esto ha da�ado la reputaci�n de Michelet entre los especialistas, que lo consideran menos historiador que Gibbon, pero ha aumentado su fama entre el p�blico.Inspirado por Vico y el legado revolucionario, estaba convencido del papel del pueblo como agente hist�rico con personalidad propia, y ten�a una visi�n de la historia como una larga lucha por la libertad contra la fatalidad. Defendi� sus tesis, que oscilaban entre el sentimentalismo, la pasi�n y el anticlericalismo, con elocuencia y energ�a.El populismo de izquierdas le debe mucho a su aproximaci�n hist�rica. Pero cuando se leen a fondo sus libros, uno alcanza a comprender que la realidad del pasado que est� narrando no es tan simple como un debate entre ricos y pobres, entre aristocracia y pueblo. Michelet consigue revivir las luchas revolucionarias que condujeron a una mayor igualdad, pero tambi�n nos hace ver sus contradicciones y dramas: nada de idealizaciones. De hecho, autores contempor�neos como Alexis de Tocqueville estaban dando una visi�n algo m�s matizada de la revoluci�n, buscando un mayor posibilismo en sus aplicaciones pol�ticas y sociales.Su Historia de la Revoluci�n francesa forma parte de su gran proyecto de Historia de Francia, aunque se public� por separado. Se trata de un audaz intento de combinar motivaciones pol�ticas con pensamientos filos�ficos: este es el modelo que la historiograf�a rom�ntica de fin de siglo utilizar�a para defender las tradiciones nacionales.El protagonista de la narraci�n es el pueblo franc�s, que camina unido por un sentimiento colectivo compartido y una inspiraci�n instintiva. Michelet nos marca el camino para comprender la compleja tarea de estudiar las transformaciones del esp�ritu popular y colectivo. Para ello, deben rastrear fuentes hist�ricas que hasta entonces no hab�an sido privilegiadas, como el folclore y las costumbres, que �l encuentra en todo tipo de archivos: desde los estatales hasta los de las prefecturas y los ayuntamientos.Su obra sido calificada por Fran�ois Furet como "lapiedra angular de toda la historiograf�a revolucionaria". Sin embargo, Michelet no utiliz� la prosa hist�rica convencional, sino m�s bien la t�cnica de la novela rom�ntica para describir la epopeya de la lucha del pueblo franc�s contra la tiran�a y la injusticia. Junto a Walter Scott, son los pioneros de la novela hist�rica, que tanto fruto ha dado desde entonces. Sus narrativas nos hacen revivir el pasado, algo mas necesario que nunca en la actualidad.Jaume Aurell es catedr�tico de Historia Medieval de la Universidad de Navarra.
La Revoluci�n francesa, contada como una novela rom�ntica
El prefacio de Jules Michelet de 1847 a su Historia de la Revoluci�n francesa deber�a ser un texto obligatorio para cualquier clase de Historia. Es uno de los autorretratos m�s...






