Misantrop�asPese a que S�nchez lleva varios a�os salt�ndose las reglas de la democracia liberal, sus votos se cuentan por millonesAFPActualizado Domingo,
julio
00:19Audio generado con IACuando estall� la Revoluci�n Francesa, mucho antes de que llegasen el Terror y la guillotina, un sentimiento general de simpat�a se extendi� por toda Europa; para el viejo Immanuel Kant, que siempre fue reacio al uso de la violencia como herramienta pol�tica, esa reacci�n popular acreditaba la existencia del progreso moral. O sea: si una causa justa es vista con buenos ojos por un espectador imparcial, hay razones para pensar que la especie camina —de manera gradual y dificultosa— hacia delante. Y hete aqu� que algo parecido se vio en la final del Mundial, donde la simpat�a global se decant� por el equipo que jug� limpiamente al f�tbol. Solo es deporte; faltar�a m�s. Pero que el desenlace m�s justo fuese reconocido espont�neamente ante las pantallas de medio mundo sugiere que hay una moralidad b�sica que trasciende fronteras; el prop�sito de ganar un partido salt�ndose el reglamento concit� un rechazo universal que hizo m�s dulce la victoria -fue liberaci�n t�ntrica la del gol postergado- de la selecci�n. Va tristemente de suyo que la hinchada argentina negar� la mayor y yo mismo hube de borrar un tuit en el que expon�a el razonamiento kantiano para ahorrarme un dolor de cabeza: me sacaron del campo a empujones. Ahora bien: ser�a absurdo pensar que la victoria del equipo nacional se traducir� en una s�bita multiplicaci�n de nuestras virtudes c�vicas. Es verdad que el New York Times ha aprovechado el triunfo para hablar de un �renacimiento cultural y econ�mico� de Espa�a que casa mal con los salarios estancados y el precio de la vivienda, por no hablar de la conducta iliberal de un gobierno que desprecia al parlamento y cuenta por cientos sus imputados en casos de corrupci�n; supongo que de todo eso hablar�n otro d�a. Pero todo indica que el fair play -sobre el que ha teorizado con acierto Juan Claudio de Ram�n en este mismo peri�dico- apenas tiene amigos por aqu�: pese a que S�nchez lleva varios a�os salt�ndose las reglas de la democracia liberal, sus votos se cuentan por millones. Y ahora que el testaferro de Zapatero se ha decidido a incriminarlo, la prensa oficialista lamenta que los jueces premien sin ton ni son la colaboraci�n de los acusados -�hasta d�nde vamos a llegar?- mientras el votante grita lawfare y conf�a en que un �rbitro comprado le resuelva la papeleta. En fin: es lo que sucede cuando se apoya a la facci�n y no a la democracia; aunque uno crea defender la democracia mientras defiende a la facci�n. �Si Kant levantara la cabeza!






