Provocador, disruptivo, irreverente y radical, Renan Santos aspira a convertirse en presidente de Brasil sin haber ocupado nunca un cargo de elección popular y con un discurso que combina el liberalismo económico del presidente argentino, Javier Milei, con la mano dura del mandatario salvadoreño, Nayib Bukele.Diez años después de liderar las protestas que desembocaron en la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff, Santos busca ahora convertirse en la principal alternativa de la ultraderecha con una propuesta desvinculada del "populismo" de Luiz Inácio Lula da Silva y del "sectarismo bolsonarista".Este sábado saldrá de las redes sociales, su nicho predilecto, para darse a conocer en la vida real con el lanzamiento formal de su candidatura en un acto en la ciudad de San Pablo.Aunque niega ser un 'outsider', su mensaje marcadamente antisistema está dirigido a quienes rechazan tanto al actual mandatario, como al ultraderechista Flávio Bolsonaro, designado por su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, preso tras ser condenado a 27 años de prisión por golpismo.Pero Santos, a sus 42 años, tampoco se ve como una tercera vía para acabar con esa polarización y se ve más radical: "A la derecha de Flávio Bolsonaro".Estratega digitalPresidente del recién nacido partido Missão (misión), este empresario y activista político que en sus ratos libres es guitarrista de Limão Rosa, una banda de rock que dialoga con el punk, es un candidato digital, con las redes sociales como su principal herramienta.Si bien hace una década combinó la movilización callejera con las redes, junto con otros activistas, para tumbar a Russeff, hoy concentra su estrategia en lo virtual, con los jóvenes como su base de apoyo.Su repentino crecimiento en los sondeos lo ubica al nivel de políticos conservadores de larga trayectoria, pese a nunca haber disputado un cargo de elección popular.La mayoría de las encuestas le atribuyen un 3% de intención de voto, empatado técnicamente con los exgobernadores Ronaldo Caiado y Romeu Zema. Aunque aún está lejos de Lula y Flávio Bolsonaro, que aparecen con un 40% y 32%, respectivamente, en la primera vuelta.