Adrián Arias |

Burgohondo/Casavieja (Ávila), 29 jul (EFE).- Después de cuatro días lejos de sus casas por el fuego, los vecinos de Burgohondo (Ávila) han descubierto que la felicidad puede esconderse en los gestos más sencillos: abrir la puerta de casa, volver a dormir en su cama, sentarse un rato sin hacer nada en el salón o dar el paseo de todos los días por las mismas calles de siempre.

Lo peor, coinciden muchos de ellos, no ha sido el incendio, ha sido la incertidumbre. Durante cuatro días vivieron sin saber si al regresar encontrarían su casa en pie y esa duda, alimentada por las imágenes de un fuego que ha acabado convirtiéndose en el mayor incendio forestal de la historia de España, ha pesado más que el cansancio de las evacuaciones.

Por eso, desde que anoche pudieron regresar, Burgohondo ha empezado a recuperar un pulso que parecía detenido desde hacía una semana.

La normalidad vuelve a Burgohondo tras el fuego. Informe a cámara desde Burgohondo (Ávila)