Cada semana, ocho mujeres se reúnen en el ropero municipal de Ansó, un pueblo del Pirineo oscense. Entre camisas, escarapelas y basquiñas centenarias cosen, planchan, almidonan y cuidan cada prenda del traje tradicional ansotano.
El ropero, donde trabajan de forma voluntaria, cuenta con alrededor de un centenar de trajes y funciona como un archivo histórico de la indumentaria ansotana. El traje no es uno solo: existen distintas modalidades según la etapa de la vida y las celebraciones religiosas, desde el bautizo hasta el entierro y el luto.
Las encargadas de esta tarea son Rosa Gastón, Quinita Galé, Alicia Pérez, Consuelo Iñiguez, Josefina Mendiara, Mari Carmen Baile, Blanca Laín y Blanca Alfonso. Las ocho son las guardianas de este traje tradicional, uno de los mejor conservados y más antiguos de Europa. Ellas forman parte de la asociación A Cadiera, que desde 2014 centra su actividad en el mantenimiento, custodia y difusión del traje de Ansó.
La más joven de ellas es Blanca Laín, de 68 años, secretaria de la entidad y una de las más preocupadas por el relevo generacional: “En unos años, ¿quién hará lo que hacemos? Nos falta relevo y seguimos intentando que la juventud ansotana se una a nosotras”. En el otro extremo está Josefina Mendiara, de 96 años, antigua peluquera del pueblo, que antes de la creación de la asociación era quien se encargaba en solitario del ropero.








