Vivo en Chapinería. Aunque el viernes llegué a pensar que tendría que decir: vivía en Chapinería. Uno de los municipios más castigados por el momento de los incendios (que ya son uno) que azotan la Sierra Oeste de Madrid, Ávila y Toledo. El viernes estaba desplazándome a una reunión en Madrid cuando me avisaron de que iban a desalojar el pueblo y volví inmediatamente. El principal acceso es por una rotonda en la salida 37 de la M-501 (la que ven en la fotografía que acompaña este texto) y, cuando llegué, ya se había generado un importante arremolinamiento de coches entre los que ya salían (varios perros asomados a las ventanillas) y los que volvíamos para salir con nuestras familias o animales. Había sensación de urgencia y caos.
El cielo estaba de un amarillo enfermizo que luego han estetizado muchos videos y fotos que veo en los medios. Y ya se respiraba mal. En realidad, ya se respiraba mal desde la noche anterior. Mi hija pequeña es un detector humano de aires contaminados, tiene asma. Sin embargo, a la salida, aproximadamente media hora más tarde, la situación se había enrarecido mucho más. Coches pasando a una velocidad excesiva. Un concejal sofocado intentando ordenar la salida en la rotonda como podía. Caras de confusión entre los pocos viandantes que todavía se podían ver. Caos y miedo. La tarde y la noche anterior todavía hice algunas fotos de la nube de humo sobre el pueblo con un efecto estético más o menos buscado, que envié a algunas personas cercanas, en plena evacuación, solo pensarlo me generó rechazo.











