"Es pavoroso ver que el infierno existe", ha expresado este viernes Arturo Varas, alcalde de El Tiemblo, un pueblo de Ávila afectado por las virulentas llamas. El fuego comenzó este miércoles en el término municipal de Burgohondo, a unos 20 kilómetros, pero ha alcanzado más localidades con alturas de hasta 14 metros. También en la Comunidad de Madrid han sido evacuadas más de 40.000 personas debido a la concurrencia de tres incendios en diferentes puntos de la geografía autonómica. Todo ello ha desatado una crisis por la que el Gobierno central ha declarado la emergencia de interés nacional en dichos territorios.PublicidadEs la primera vez que se declara la emergencia nacional por un incendio en España. Es la segunda en la historia tras haberse decretado en el apagón del 28 de abril de 2025. Y no ha estado exento de polémica: Óscar Puente ha afeado a los gobiernos del PP que recorten en servicios públicos y pidan después que "les resuelvan la papeleta". Isabel Díaz Ayuso ha llamado "mamarracho" indirectamente al ministro en comparecencia ante los medios. Pero más allá de las cuestiones discursivas, el peor escenario para la región madrileña ha tenido lugar a lo largo de la jornada: los tres focos activos se han unido en un único frente. El consejero autonómico de Medio Ambiente, Carlos Novillo, ha asegurado que las próximas 24 horas serán "muy complejas" por las fuertes rachas de viento.El Gobierno central tiene desplegados más de 1.800 efectivos entre personal de Protección Civil, Guardia Civil y Unidad Militar de Emergencias (UME). Debido a la simultaneidad de varios focos en diferentes puntos de la geografía –como Lleida, Navarra, Córdoba o Huelva–, ha sido necesario solicitar ayuda adicional a la Unión Europea. Con los últimos datos disponibles al cierre de la información, en Madrid son ya once las localidades evacuadas y el número de personas desalojadas asciende a más de 40.000. El Ministerio del Interior también ha ordenado el confinamiento de unos 3.200 habitantes censados de Navalagamella por la evolución del incendio.La situación es de una enorme sensibilidad, ya que muchas de las zonas afectadas se encuentran en la interfaz urbano-fosrestal. Es decir, a caballo entre el bosque o el monte y la ciudad, con viviendas rodeadas de vegetación altamente ignífuga. Afecta a los hogares, las carreteras otras infraestructuras críticas. Esta interfaz "es una de las patas del problema", declara a Público Jorge Aguado, técnico del programa de Bosques de WWF España. "Hemos tenido una expansión desordenada de viviendas, urbanizaciones y núcleos rurales".PublicidadFalta de planificaciónEl problema de esta expansión es que se ha llevado a cabo sin la previsión que requería para enfrentarse al escenario actual. "Tenemos un montón de urbanizaciones, viviendas y núcleos rurales que se han ido expandiendo por zonas forestales sin una suficiente planificación y sin tener las medidas adecuadas de autoprotección", indica Aguado. Esto confluye con los cambios en el uso del suelo a partir de la despoblación rural, de modo que el paisaje se homogeneiza y da lugar a una mayor conectividad de la vegetación que arde. Todo ello multiplicado por la crisis climática, que provoca largas e intensas olas de calor, así como prolongadas sequías. En consecuencia, los incendios son más fuertes, más rápidos y más extensos.Precisamente por esta falta de previsión, "no se han hecho los trabajos preventivos precisos para tener unas franjas de seguridad entre el monte y las viviendas", destaca a este medio Luis Berbiela, ingeniero de montes y miembro del Patronato de la Fundación Pau Costa, entidad centrada en la prevención y gestión de incendios forestales. "Al no haberse anticipado esos trabajos preventivos, el riesgo para los residentes se incrementa", explica. Lo que sucede es que cuando llegan las llamas a las zonas habitadas, en lugar de ralentizarse, "más bien hacen lo contrario", debido a que hogares y vegetación colindan sin ningún tipo de espacio intermedio.PublicidadJorge Aguado (WWF): "El 80% de las viviendas que se encuentran en zonas de riesgo no tienen planes de autoprotección""Nuestros estudios sobre la interfaz nuestras que la importancia no se centra en la extinción, sino en la seguridad de las personas", añade por su parte Fernando Medina, geógrafo e investigador de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y experto en protección civil. "Si las zonas de las que hablamos son de interfaz, hay que tener en cuenta las evacuaciones y, sobre todo, la comunicación del riesgo". Precisamente parte de esta comunicación tiene que ver con la necesidad de elaborar guías y planes de autoprotección. Sin embargo, Aguado lamenta que "los análisis indican que actualmente más o menos el 80% de las viviendas, municipios y urbanizaciones que se encuentran en estas zonas de riesgo no tienen estos planes".Una nueva cultura del riesgoLa respuesta a los grandes incendios forestales no se puede dar "cuando se están ya propagando", defiende Berbiela. En su lugar, el ingeniero de montes aboga por un giro cultural basado en la percepción del riesgo ante estas catástrofes naturales. De hecho, existen normativas autonómicas que han avanzado en esta dirección y ya requieren de planes de autoprotección para garantizar la seguridad de las personas. Así lo recuerda al SMC España Víctor Fernández-García, profesor de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León. "El problema es que aprobar normas y planes no garantiza su aplicación, ya que muchas de estas que hay que mantener libres de vegetación son zonas con pequeñas fincas privadas, con numerosos propietarios y, en ocasiones, abandonadas, lo que dificulta enormemente la gestión", declara.Es esta mentalidad la que debe cambiar. En un contexto de crisis climática que alarga las temporadas de incendios, sumado a las transformaciones sociales que intensifican y extienden las llamas, es menester aprender a vivir con el fuego. En este sentido, una manera de proteger las viviendas situadas en la interfaz urbano-forestal es incluir "formación y simulacros con los vecinos, especialmente, en relación con la evacuación cuando se requiera", propone al SMC España Eduardo Rojas Briales, profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO.Cómo mitigar los daños del fuegoEste cambio de conciencia implica prestar una mayor atención a las instrucciones de las autoridades pertinentes en cada momento y hacer uso del conocimiento local. Esto permite, por ejemplo, tener más en cuenta los caminos disponibles o aquellos que pueden ser menos adecuados en caso de evacuación. Asimismo, una percepción del riesgo de incendios contribuye a la toma de medidas preventivas que se requieren tanto a escala individual, vecinal, municipal y autonómica.Víctor Fernández-García, profesor de Ingeniería Agroforestal: "No podemos impedir desde un municipio o comunidad autónoma la próxima ola de calor, pero sí gestionar la vegetación, que es lo que alimenta el fuego"Estas acciones no apagarán el fuego ni prevendrán necesariamente que los focos tengan lugar. Su objetivo es más bien mitigar los daños. "No podemos impedir desde un municipio o comunidad autónoma la próxima ola de calor, pero sí gestionar la vegetación, que es lo que alimenta el fuego", remarca Víctor Fernández-García. Para ello se requiere mantener políticas permanentes de acción contra las llamas, que deben mantenerse también fuera de las temporadas de especial riesgo. "Los incendios que amenazan a personas y bienes deben extinguirse, pero esa extinción tiene que complementarse durante el resto del año con gestión", concluye el experto.
La emergencia nacional por los incendios pone el foco en los riesgos de construir entre el bosque y la ciudad
Con nueve localidades desalojadas en Madrid, la llamada interfaz urbano-forestal es especialmente vulnerable cuando llegan las olas de incendios.










