La Casa Blanca ha declarado la guerra al "terrorismo de extrema izquierda" en Estados Unidos. Una campaña que responde al crecimiento real de las agresiones y asesinatos de ultraizquierda, pero que está salpicando también, mediante señalamientos, a políticos demócratas, oenegés y grupos activistas. Una cruzada que viene envuelta, pese a darse en circunstancias radicalmente distintas, en un mensaje de "temor rojo" similar al de la década de 1950. "Si bien es indiscutible que en Estados Unidos persiste un problema considerable de extrema derecha, también existe un problema de extrema izquierda", dice Lorenzo Vidino, director del Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington. "Durante un tiempo, este se manifestó principalmente a través de lo que yo calificaría no como terrorismo, sino como violencia política, con protestas callejeras muy violentas y actos de vandalismo. Sin embargo, en los últimos años ha evolucionado hacia algo más letal que realmente se asemeja al terrorismo, y que de hecho lo es: asesinatos selectivos". Vidino se refiere al asesinato del activista ultraconservador Charlie Kirk; el de dos empleados de la Embajada de Israel en Washington; el del CEO de UnitedHealth Group a manos de Luigi Mangione, convertido en un icono viral en algunos caladeros de las redes sociales; o el intento de asesinato del presidente de EEUU, Donald Trump, durante la Cena de Corresponsales del pasado abril. El Center for Strategic and International Studies (CSIS) concluyó que 2025 fue el primer año en tres décadas en el que los "ataques de izquierdas superaron en número a los de derechas". El informe especifica que son "notablemente menos letales, en general, que los yihadistas o los de derechas", y que su aumento ha ido acompañado de un descenso de los incidentes de ultraderecha. Quizás, dice el CSIS, porque las "reivindicaciones tradicionales que los extremistas violentos de derecha han defendido en el pasado —como la oposición al aborto, la hostilidad hacia la inmigración y la desconfianza hacia las agencias gubernamentales, entre otras— son ahora compartidas por el presidente Trump y su administración". TE PUEDE INTERESAR El profesor Vidino argumenta que los gobiernos de EEUU suelen centrarse en combatir el terrorismo del otro lado del espectro. "No cabe duda de que, dependiendo de la orientación política de la administración estadounidense, se tenderá a poner más énfasis en un sector que en el otro", explica. "Es indudable que, durante los años de la Administración Biden, hubo un enfoque considerable en la derecha y una voluntad deliberada de pasar por alto la violencia proveniente de la izquierda; y lo mismo puede decirse, a la inversa, de la Administración Trump". La estrategia de la Casa Blanca La estrategia de la Casa Blanca es multifacética: ha publicado un memorándum que vincula con el terrorismo actitudes como el "antiamericanismo, anticapitalismo y anticristianismo"; ha celebrado una conferencia de 65 países para combatir la amenaza "transnacional" de la extrema izquierda, y ha publicado un informe que acusa a Cuba de respaldar "una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda en suelo americano", y en el que aparecen nombrados políticos como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y grupos como Black Lives Matter. TE PUEDE INTERESAR "Aquí en Estados Unidos, hemos tomado la medida necesaria y esencial de reconocer formalmente la violencia de izquierda como una forma de terrorismo político que representa una amenaza directa para nuestra seguridad nacional y para la supervivencia de nuestra forma republicana de gobierno", declaró Stephen Miller, vicejefe de gabinete de la Administración Trump y una de sus voces más duras, durante la reciente conferencia en Washington contra el "terrorismo de extrema izquierda transnacional", siendo esta palabra, "transnacional", una de las claves. Según Lorenzo Vidino, hay tres razones por las que la Administración enfatiza el término "transnacional": uno, para construir la narrativa de que estos grupos no están aislados, sino que tienen conexiones con grupos foráneos (lo cual, según el especialista, es correcto) y son por tanto más importantes; dos, para movilizar a las naciones europeas contra estos grupos, y, tres, por una cuestión judicial. "Hay un argumento legal que la Administración Trump probablemente quiere esgrimir, y es que, en EEUU, no existe tal cosa como una 'organización terrorista doméstica'", explica Vidino. "Si se descubren más vínculos y se la convierte en una 'organización terrorista extranjera', se puede procesar a actores nacionales en Estados Unidos basándose en sus conexiones extranjeras, que es, por cierto, exactamente lo que hizo la administración Biden cuando designó al grupo neonazi The Base como transnacional. Para poder aplicar leyes más agresivas". TE PUEDE INTERESAR Thomas Renard, director del Centro Internacional para la Lucha contra el Terrorismo, con sede en La Haya, cree que la lucha antiterrorista en EEUU se ha "politizado e instrumentalizado por completo". En declaraciones a Al Jazeera, alega que la amenaza del terrorismo de extrema derecha, que durante décadas se consideró la principal amenaza interna, "ha desaparecido totalmente de la estrategia antiterrorista estadounidense". La estrategia antiterrorista oficial de 2026 solo identifica tres tipos de amenazas: el "terrorismo islamista", el "narcoterrorismo" y los "extremistas violentos de izquierda, incluidos anarquistas y antifascistas". La Unión Americana de Libertades Civiles (UCLA) agregó que "las designaciones de terrorismo de extrema izquierda podrían utilizarse para atacar actividades de protesta legítimas y a opositores políticos, en lugar de auténticas amenazas a la seguridad". "Las designaciones de terrorismo de extrema izquierda podrían utilizarse para atacar actividades de protesta legítimas y a opositores políticos" De momento, a nivel judicial, el caso de referencia ha sido el del asalto a un centro de detención de ICE en Texas en julio del año pasado. Una docena de personas con pasamontañas y atuendo táctico de color negro atacaron con fuegos artificiales y explosivos el centro de detención Prairieland. Uno de los agresores, un reservista de los marines llamado Benjamin Hanil Song, disparó e hirió gravemente a un policía. TE PUEDE INTERESAR El juicio a la "Célula de Antifa del Norte de Texas", que es como se refirió la fiscalía a los acusados, acabó con sentencias elevadas. Hanil Song fue condenado a 100 años de prisión por intento de asesinato; seis de sus compinches recibieron penas de entre 30 y 70 años cada uno. Pocos días después de acoger dicha conferencia internacional, el Departamento de Estado publicó un informe de 100 páginas argumentando que el régimen comunista de Cuba "se infiltró en las más altas esferas" del Gobierno de EEUU, "reclutó y cultivó a generaciones de activistas estadounidenses" y "respaldó una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda en suelo estadounidense". El documento identifica la mano de Cuba en las protestas masivas que siguieron al asesinato de George Floyd en 2020, en antiguos grupos violentos como The Weathermen y los Panteras Negras, y en el moderno Antifa. Además, aporta una lista de "compañeros de viaje" en la que caben "poderosas organizaciones sin fines de lucro de izquierda, colectivos contrarios al ICE, grupos socialistas y organizaciones militantes marxistas". Algunos de los mentados son el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani; las congresistas Ilhan Omar y Ayanna Pressley; el influencer Hasan Piker, la periodista Amy Goodman y el sindicalista Chris Smalls, entre otros. TE PUEDE INTERESAR Hay una parte del informe en la que se habla, en términos positivos, de la caza de brujas liderada por el senador Joseph McCarthy en los años cincuenta. "En Estados Unidos, concretamente, la creciente desilusión de la izquierda con el proyecto soviético vino acompañada, simultáneamente, de una dura represión gubernamental contra sus organizaciones institucionales internas", dice. "Listas negras, investigaciones y procesos judiciales propios de la era McCarthy, y una serie de leyes anticomunistas tanto a nivel estatal como federal. En 1947, se estimaba que el Partido Comunista de los Estados Unidos contaba con más de 75.000 afiliados; para 1959, según algunas estimaciones, esa cifra había descendido a menos de 5.000". Según Chip Gibbons, del grupo de defensa de los derechos civiles Defending Rights & Dissent, el documento recoge "acusaciones infundadas que pretenden tachar a los movimientos internos de cambio social de agentes de un gobierno extranjero (...). El informe difama a activistas, organizaciones e incluso cargos electos mediante técnicas de culpabilidad por asociación", añadió en un comunicado recogido por The Independent. "Parece diseñado para justificar tanto la represión política interna como un cambio de régimen en Cuba". Con las elecciones de medio mandato a poco más de tres meses, el liderazgo del Partido Republicano también ha adoptado el mensaje del peligro rojo. Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, dice continuamente que los comicios de noviembre plantearán a la ciudadanía una clara elección: "Si vamos a mantener nuestro estatus como república constitucional o a desmantelar los cimientos y a recorrer este oscuro camino de muerte hacia el comunismo". TE PUEDE INTERESAR El líder de la mayoría republicana en esta cámara, Steve Scalise, declaró que "la toma del Partido Demócrata por parte de los bolcheviques está en pleno apogeo, y el comunismo está en la boleta electoral este mes de noviembre". La estrategia es coger a la media docena de congresistas o aspirantes a congresistas que pertenecen al DSA (la rama socialista del Partido Demócrata) y retratarlos como un virus rojo que teñirá a toda la centroizquierda. Cuando una periodista le preguntó a Alexandria Ocasio-Cortez, congresista socialista demócrata, si "la pendiente resbaladiza del socialismo desembocará en comunismo", esta respondió: "Piensa en lo imposible que ha sido subir el salario mínimo [7,25 dólares la hora] en Estados Unidos en 10, 15, 20 años. No podemos ni subir el salario mínimo. ¿Creen realmente los republicanos que esto va a suceder? No, claro que no. Quieren asustar a la gente para que nadie hable de que las personas tienen derecho a sanidad en este país. Así que lo llaman comunismo".