La semana pasada Marco Rubio afirmó en su cumbre contra el supuesto “terrorismo de extrema izquierda” que “la extensa red de inteligencia e ideológica del régimen cubano contribuyó a la formación de la extrema izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio, y sigue estando inextricablemente vinculada a los grupos y movimientos de extrema izquierda en Occidente y más allá”.
La designación de Cuba como amenaza a la seguridad nacional de EEUU es la que ha permitido a la Administración Trump justificar el bloqueo de combustible a la isla y las sanciones para cualquier entidad que mantenga relaciones con el Gobierno cubano o sus empresas públicas.
Pero este lunes ha dado un paso más por medio de un informe de 100 páginas que sigue construyendo la narrativa del supuesto “asalto de Cuba” a EEUU por parte de una Administración que tan pronto afirma que el cubano es un “régimen fracasado” que sufre una crisis humanitaria como que la isla es una amenaza casi existencial para la primera potencia económica y militar del mundo.
En este contexto, el informe del Departamento de Estado de Marco Rubio hace un repaso de la Cuba tras la Revolución, sin mencionar el protectorado de facto que era la isla en tiempos de Batista, dictador amparado por Washington, ni los múltiples intentos de atentar contra la vida de Fidel Castro o la fracasada invasión de Playa Girón –Bahía Cochinos–, de la que se acaban de cumplir 65 años, como un ejemplo de imperialismo y quiebra del derecho internacional.










