Las mujeres que vivían durante la dominación romana de la actual localidad de Millares (Valencia) peregrinaban hacia la Cova Dones, situada en sus inmediaciones. Cruzaban en silencio 200 metros de gruta, sin tocar nada, y accedían a una pequeña salita más íntima. En sus paredes rocosas, realizaban, solas o con ayuda, inscripciones de sus nombres en ofrenda a la diosa Malaci, hasta ahora desconocida entre los expertos en Historia romana. También apuntaban el motivo de sus plegarias y dejaban anillos, brazaletes o fuyasolas ―los topes de cerámica de los husos de madera― en pago del favor recibido. La pequeña cueva, de unos 50 metros cuadrados, se convirtió así en un santuario frecuentado por mujeres y dedicado a una diosa. Cerca de 2.000 años después, también es la cueva-templo con mayor número de inscripciones de todo el Imperio Romano, con 120, muchas de ellas ya documentadas como femeninas. Muy por encima del siguiente, la cueva de La Griega en Pedraza (Segovia), con 107 firmas, todas, menos una, masculinas.Nada de lo que cuentan los últimos hallazgos realizados en la Cova Dones (cueva de las mujeres, en valenciano) es “habitual”, según cuenta Aitor Ruiz-Redondo, del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón de la Universidad de Zaragoza (Unizar), que dirige junto a Virginia Barciela, del Instituto Universitario de Arqueología y Patrimonio Histórico de la Universidad de Alicante (UA), las campañas arqueológicas desarrolladas en este yacimiento. Ni “la profundidad del santuario”, al que se accedía por un camino de fácil acceso a pie, “ni la cantidad de inscripciones” superpuestas unas sobre otras en un espacio tan pequeño y concreto, lo que sugiere “una planificación, con culto ritual y organizado”. Tampoco es fácil encontrar una divinidad nueva, Malaci, “a la que llaman Domina (la señora)” y que probablemente estaba relacionada con el agua, según las primeras lecturas de los expertos que colaboran en la investigación. Pero lo que, a juicio de Ruiz-Redondo, es “absolutamente excepcional” es la constatación de que las mujeres romanas de la zona expresaran su fervor “en un templo controlado” por un grupo religioso, no se sabe si de sacerdotisas, en las que, a mano o ayudadas por alguien, “pero en primera persona”, dedicaran sus plegarias a una divinidad concreta. “Desde luego”, señala el profesor de Prehistoria de la Unizar, las devotas “no tenían una participación residual”, como suele encontrarse en otros yacimientos de la época, en torno a los siglos I y II, según todos los indicios.Ni siquiera suele ocurrir que el nombre con el que tradicionalmente se ha conocido a la gruta, Cova Dones, tal como está registrada en los archivos de la Consejería de Cultura de la Comunidad Valenciana, coincida con lo que revela cuando se estudia en profundidad. “Estos nombres suelen proceder de la Prehistoria, cuando los habitantes trataban de dar un significado a cosas que no entendían”. El yacimiento de Millares, municipio de la Foia de Bunyol situado en el centro de la provincia, a unos 75 kilómetros de la capital, ya está documentado con ese nombre desde 1797, “cuando un naturalista contó que realizó una excursión en burro durante horas para conocer lo que todos llaman la Cova de les Dones”.Los arqueólogos ya habían detectado 15 firmas antes de iniciar la campaña de este año, que se ha desarrollado entre mayo y junio. En 2024, encontraron esta sala yuna moneda con la efigie del emperador Claudio encajada en una grieta de una de sus paredes. El resultado final, con 120 inscripciones rupestres, más los materiales hallados que reflejan un culto religioso, “convierte a Dones en un yacimiento único para estudiar de forma integral e interdisciplinar las dinámicas rituales celebradas en la cueva a lo largo del tiempo”, asegura Ruiz-Redondo.Pero el legado humano de la Cova Dones no se frena en el esplendor del Imperio Romano. Para los responsables de su excavación, “cada nuevo hallazgo apunta a que Cova Dones ha sido un lugar de referencia para los grupos humanos que habitaron este territorio durante milenios, quizás por la presencia permanente de agua, las características del paisaje subterráneo o su fácil acceso”. El proyecto Donarq, financiado por la Generalitat Valenciana y la British Academy, comenzó en 2023, cuando la gruta de Millares se reveló como la mayor pinacoteca de arte rupestre paleolítico del este de la Península, con más de 24.000 años de antigüedad. Al año siguiente, el pequeño templo demostró su uso por parte de los romanos y en 2025, las evidencias de intervención humana en la cueva desde la Prehistoria situaron el yacimiento como el segundo más importante del mundo, por detrás del Saint-Marcel, en Francia. En esta campaña, la veneración por Malaci, la desconocida diosa de las aguas, ha elevado aún más el listón. “Es el yacimiento de nunca acabar”, bromea Ruiz-Redondo.