Una excavadora abre una zanja cerca de la playa de la Almadraba, en Alicante, a 50 metros de un yacimiento arqueológico. Es un trabajo de canalización que forma parte del proyecto municipal de regeneración del arenal, situado entre la Albufereta y el Cabo de las Huertas. Al paso de la pala va apareciendo lo habitual, piedras, cantos rodados y hasta litronas de cerveza. Hasta que uno de los operarios da el alto. Entre todo el material de aluvión, surge una cabeza femenina de mármol blanco. Una superviviente de dos milenios de arrastre y aluvión, sin ningún contexto arqueológico, en buen estado, que acaba en una bolsa de Mercadona, protegida apenas por algo de papel burbuja.Dos semanas después, el Ayuntamiento revela el hallazgo. La llaman la Venus de Alicante, la datan entre los siglos I y II, época del alto imperio romano, y la convierten en el nuevo símbolo de la ciudad. La zanja en la que apareció la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad, ya está hormigonada.Todo sucede en mayo. El descubrimiento, el día 11. El anuncio, el 27. Entre medias, lo que parece un descomunal descubrimiento se enturbia por un “error”, en sus propias palabras, de la concejala de Cultura, Nayma Beldjilali. En sus redes sociales, la edil asegura que la Venus se encontró el día 20, fecha que corregirá poco después de que se desencadene una polémica política. Beldjilali, a petición del grupo municipal socialista, da explicaciones de lo sucedido con la pieza el pasado jueves, en el pleno ordinario municipal de julio. Los grupos de Esquerra Unida y Compromís, que se unen a la propuesta, piden detalles del hallazgo y del futuro de la Venus a la Consejería de Cultura de la Generalitat Valenciana. La formación nacionalista también lanza un cuestionario a la Mesa del Congreso, con el fin de indagar si el Ministerio de Cultura está al tanto del hallazgo. Como símbolo, la diosa ha debutado en falso. El equipo de Gobierno municipal ni siquiera quiere atribuir el hallazgo a sus descubridores, Gonzalo Heredia, Sergio y Aziz, que reclaman reconocimiento y una placa que lo atestigüe.Como tesoro arqueológico, en cambio, es incontestable. La cabeza, depositada provisionalmente en el almacén del Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), se somete a un proceso de limpieza y a varios estudios preliminares. Tanto oficialmente como extraoficialmente, según fuentes consultadas por EL PAÍS que prefieren quedar en el anonimato, se llega a la conclusión de que es auténtica. El catedrático de Arqueología de la Universidad de Murcia (UMU) José Miguel Noguera, especialista en escultura romana, se hace cargo de su análisis. La pieza pesa 14 kilos y mide 22,22 centímetros de alto por 19,78 de ancho. Representa a una mujer, con toda probabilidad, la diosa Venus, y seguramente formaba parte de una estatua de tamaño natural, según cuenta el jefe de Patrimonio Cultural de Alicante, José Manuel Pérez Burgos. La pista la da “el peinado”, tallado como un recogido de pelo con moño trasero. “Es muy habitual de la ápoca”, asegura, “y de la iconografía de la diosa”, con ejemplos similares en Tarraco (Tarragona), Hispalis (Sevilla) o Cartago Nova (Cartagena). Una vez contrastados su autenticidad y su valor histórico, llega el momento científico de separar las certezas de las conjeturas. Y conviene empezar por el relato del descubrimiento. Pérez Burgos asegura que el 11 de mayo, “por la tarde”, los operarios avisan de que al abrir la zanja, ha aparecido la cabeza. “Una hora y media después”, dice el técnico municipal, “llegué allí, avisado por el jefe de obra”, de la empresa Mediterráneo Obras y Asfalto (MOA). “Cometieron el error de no avisar a la empresa arqueológica supervisora”, ARPA, “de la apertura de la zanja, pero sí pararon los trabajos a tiempo y avisaron del hallazgo”. La Venus estaba en “buenas condiciones”, con apenas “la huella de dos pernos en la parte superior y desperfectos en la nariz y la barbilla”. “Es asombroso, un milagro”, exclama.La canalización se abrió en “una zona ajardinada adyacente al yacimiento de la Almadraba”, que parece corresponder con una villa marítima romana, en la que han aparecido cerámica, ánforas, monedas, tinajas y una lucerna, lámpara de aceite, decorada con la figura de un gladiador con escudo y espada, según Beldjilali. Muy cerca se encuentran los restos de Lucentum, el germen romano de Alicante. Hasta el día siguiente, “no se movió ni un gramo de tierra más”. Metida en la bolsa del supermercado se trasladó a las dependencias de ARPA, donde se sometió “a un proceso de leve limpieza, porque no necesitaba que fuera muy profunda”. “La restauradora comunica que queda algo de la pigmentación original, unas mínimas policromías”, afirma Pérez Burgos. El consistorio agradece el aviso de los operarios de MOA, empresa a la que, no obstante, se ha expedientado por no avisar a ARPA de la apertura de la zanja. La pieza se traslada al almacén del Museo de la Ciudad (MUSA), al Salón Azul del Ayuntamiento para su presentación en sociedad, y, finalmente, al MACA, donde se someterá a estudios exhaustivos. De momento, “está claro que pertenecía a una estatua, no es un busto”. También, que pertenecía a un propietario “pudiente”, ya que “pudo permitirse el lujo” de importar el mármol “de canteras griegas o de la italiana Carrara”. “El cuello tiene una pátina antigua”, prosigue el especialista, “el descabezamiento, intencionado o por accidente, no es reciente”.La Venus pasará ahora a examen de Noguera, quien tratará de determinar también la procedencia de la pieza, que apareció en un “nivel de revuelto”, que es como llaman los expertos a las capas de terreno con materiales de distintas épocas sin orden ni contexto. La hipótesis principal, según Pérez Burgos, es que estaba “en las dependencias interiores de una domus (casa)” cuyo propietario tenía gran “poder económico” y que se ubicaba “en el territorium (ámbito) de Lucentum”. Para su destino final, la Venus depende del dictamen de la dirección general de Patrimonio de la Generalitat. “No se puede adelantar”, declara Pérez Burgos, “pero en breve se sabrá”. De momento, tratarán este año de “exponerla a la ciudadanía” antes de que el símbolo, del que se harán tres copias, consiga su encaje definitivo en la historia de Alicante.