En la última década, los incendios forestales han aumentado de forma considerable, un fenómeno que los convierte en motivo de preocupación a escala mundial debido a su impacto en el medioambiente y la salud de las personas, según destaca un informe de 2024 del Centro Nacional Interinstitucional contra Incendios.

El cambio climático ha endurecido su capacidad de extinción, y países como Estados Unidos ya observan un grave incremento anual de nuevos incendios. De hecho, allí se reportaron más de 64.897 fuegos forestales en 2024, una cifra muy superior a las medias de los últimos cinco y diez años.

En España, un informe de Greenpeace, con datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), apunta a que los incendios extremos seguirán creciendo con un incremento estimado del 14% para 2030, del 30% para 2050 y hasta del 50% para finales de siglo si no se adoptan medidas eficaces de prevención.

Perjudicial para la salud física

En concreto, estos desastres no solo perjudicarán la actividad y biodiversidad de áreas colindantes, sino también empeorarán la salud física y psicológica de sus habitantes. Varias investigaciones advierten de que la exposición al humo agrava patologías previas como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y puede aumentar la mortalidad prematura de población vulnerable.