El Gobierno ha hecho un llamamiento a la población para protegerse frente a la ingente cantidad de humo y cenizas que han provocado los grandes incendios que azotan zonas como la Sierra Oeste de Madrid y parte de la provincia de Ávila, que han calcinado más de 25.000 hectáreas y obligado a evacuar o confinar a 80.000 personas. Más allá de los peligros por quemaduras y lesiones graves que entraña el contacto directo con el fuego, las autoridades ponen el foco en el humo y recomiendan a los ciudadanos a que eviten en lo posible salir de sus hogares o los espacios interiores en los que se encuentren ”con las puertas y ventanas cerradas". También es importante “que en los equipos de aire acondicionado se elija la opción ‘reciclado’ para que capte el aire del interior de casa y no lo coja del exterior”, destaca Ana María Aldea Reyes, del grupo de incidentes múltiples víctimas y catástrofes de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (IMVDES-SEMES). En ningún caso está recomendado en estos momentos hacer deporte o actividades físicas al aire libre en las zonas afectadas.En el caso de que sea imprescindible salir, la recomendación es utilizar una mascarilla FFP2 o FFP3, especialmente las personas más vulnerables: mayores, enfermos crónicos —con problemas cardiacos y respiratorios, principalmente— y embarazadas. “Las mascarillas quirúrgicas, que estamos viendo que utiliza mucha gente, no protegen frente al humo. Solo en el caso de que no se disponga de nada más y haya partículas de ceniza flotando en el ambiente, pueden ofrecer algún beneficio”, afirma Juan Torres, jefe de servicio de Medicina Interna del Hospital Infanta Leonor de Vallecas (Madrid).Como recomendación general, y en una situación de elevadas temperaturas, es muy importante mantenerse bien hidratado e ir bebiendo agua incluso aunque no se tenga sed. También evitar el alcohol y las comidas copiosas. Junto a los demás grupos vulnerables, los niños de corta edad también deben evitar la exposición al humo.Los expertos recomiendan llamar a los servicios de urgencias médicas si se siente dificultad al respirar, un dolor en el pecho o se sufren cuadros de tos persistente. “El humo daña las vías respiratorias y produce una inflamación que puede dificultar la oxigenación necesaria. Esto entraña un grave riesgo para la salud, especialmente en personas que ya sufren patologías crónicas de tipo cardiovascular y respiratorio”, añaden.Aldea Reyes pone el foco en un punto clave que puede dificultar la gestión de estos casos: “Hay personas que desarrollan cuadros de ansiedad porque se enfrentan a situaciones complicadas y con una elevada incertidumbre. Una ansiedad severa puede provocar una sensación de falta de aire, dificultad respiratoria o dolor torácico sin que estos exista realmente. Es muy importante el papel del personal sanitario, que desde el centro coordinador podrá gestionar la situación mediante preguntas y recomendaciones que permitan dirimir si se está ante una crisis de ansiedad o una patología respiratoria”.La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha hecho público un comunicado en el que advierte de las consecuencias negativas sobre la salud de la población de la oleada de incendios. “El peligro no solo está en las llamas. El humo que generan contiene partículas muy pequeñas que pueden llegar a las zonas más profundas de los pulmones y empeorar enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Aunque puede afectar a cualquier persona, el riesgo es mayor en los niños, las personas mayores, las mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas”, explica Javier de Miguel, coordinador del Área de Neumología Ambiental y Ocupacional de la sociedad.“El aumento de los grandes incendios forestales derivado del cambio climático representa una crisis sanitaria actual”, expone por su parte José Luis Ramón Trapero —especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud de Haro (La Rioja)— en un artículo a punto de publicar en la revista de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC). El texto analiza el caso de un policía local atendido por un cuadro de disnea (sensación de falta de aire), cefalea (dolor de cabeza), malestar y tos después de “haber estado expuesto a temperaturas elevadas y humo abundante al ayudar a varias familias a desalojar sus viviendas” durante un incendio forestal.