“Eres muy impuntual”. “Roncas mogollón”. “Los pendientes que me regalaste, en verdad, no me gustaban”. “A veces me gustaría que te arreglases un poquito más para verme”. “Desde hace un mes y medio intento evitar todos los planes a los que vas tú porque me produces ansiedad”. “Siempre te he tenido miedo”. TikTok funciona como un gran escaparate de reproches y verdades más o menos incómodas que parejas, grupos de amigos o hermanos, se confiesan con una cámara delante. Antes de hablar, repiten la frase que se convirtió en una de las tendencias virales de finales de 2024 y principios de 2025: “escuchamos, pero no juzgamos”.El reto prometía un espacio seguro, una especie de carta blanca para decir aquello que normalmente se calla o que, como mínimo, no se dice en público y mucho menos frente a una gran audiencia desconocida. Siempre en tono humorístico, aunque a veces no acabara de la mejor manera.Sobrevuela la ilusión de no sufrir consecuencias, de aceptación sin críticas, al menos en apariencia...José Vicente Pestanadoctor en Psicología SocialA esa tendencia se le han ido sumando otras con la misma lógica de fondo: compartir secretos, pequeños roces de convivencia, indiscreciones, dramas, “unpopular opinions” o verdades incómodas. Al algoritmo parecen gustarle las intimidades. Cuanto más personal, mejor. ¿Qué nos atrae de ventilar aquello que normalmente pertenece al ámbito privado? ¿Es más fácil decir determinadas cosas con una cámara delante?“Se trata de vídeos en clave de humor, que eso funciona muy bien en las redes, aunque tenga un trasfondo delicado”, opina Carolina Palau, psicóloga y cofundadora de SICO Espai de Psicologia y advierte que “cualquier mensaje de tipo emocional que yo comparta en un vínculo no es neutro y tiene un impacto en el otro y en nuestra relación”.Lee tambiénEl “escuchamos, pero no juzgamos” promete además algo que en la vida real no ocurre tan fácilmente -observa la psicóloga-, que es ser escuchada sin que la otra persona evalúe lo que estoy diciendo. “En una conversación cara a cara, la reacción del otro, ya sea con una mirada, un gesto o una respuesta, forma parte inevitable de la comunicación”, apunta. No tener que enfrentarse a esa reacción inmediata, hace que para algunas personas pueda resultar más fácil abrirse. “Solo por el hecho de que la cámara esté delante, nos podemos sentir un poco más invisibles”, dice la experta.“Cuando yo hablo con una cámara, hablo al vacío. No me responde”, coincide la psicóloga de parejas del centro Cabanas Psicología Marian Álvarez, quien advierte que estas dinámicas pueden servir como forma de evitar conversaciones pendientes y necesarias.Para José Vicente Pestana, profesor de la Universitat de Barcelona y doctor en Psicología Social, la clave está en la mezcla que ofrece de sinceridad y falta de compromiso. “Sobrevuela la ilusión de no sufrir consecuencias, de aceptación sin críticas, al menos en apariencia”, dice Pestana y explica que, desde esta fantasía, “se deja de lado la autocrítica con respecto a lo que estoy haciéndole al otro y el compromiso que tengo con este otro individuo”.No es que se encienda la cámara y a ver qué sale. Puede parecer improvisado, pero normalmente hay un pacto previo de lo que se va a contarMarian ÁlvarezPsicóloga de parejasEl experto identifica una combinación de “un histrionismo exacerbado y exposición insistente de contenidos que deberían permanecer en la esfera privada” y una tendencia en redes que “pareciera ser heredera de los programas de telebasura donde se aireaban intimidades, donde se busca decir la cosa más indiscreta y obscena posible”.La sensación de espontaneidad que transmiten este tipo de contenidos en redes sociales no siempre es real. “La persona puede tener un control muy claro de lo que quiere decir, cómo lo quiere decir y en qué tono”, advierte Palau. “No es que se encienda la cámara y a ver qué sale. Puede parecer improvisado, pero normalmente hay una conversación y un pacto previo de lo que se va a contar”, asegura por su parte Álvarez.Para ella, las claves del éxito de este tipo de tendencias están en la búsqueda de validación externa, pero también en el sentido de pertenencia que genera participar en un reto viral. “Cuando yo estoy dentro de una tendencia siento que pertenezco a un grupo”, explica y observa que “La audiencia se convierte en una especie de tercer participante. Aunque no conozcan la historia completa, si me dan la razón, ya deja de ser algo que digo yo, sino algo que dice la gente”.Aunque haya acordado grabar algo, eso no garantiza que luego nos sintamos cómodos. El humor no anula el impacto para quien es nombradoCarolina PalauPsicóloga¿Qué deberíamos tener en cuenta al exponer cosas de nuestros vínculos, aunque sea en tono humorístico, en redes sociales? Aunque repitamos a cámara que “escuchamos pero no juzgamos”, aunque lo que se diga sea en tono humorístico e incluso no sea del todo cierto, aunque se trate de “un simple reto para las redes”, nuestras palabras siempre tienen un peso.“Aunque yo haya acordado con una persona que grabaremos algo, eso no garantiza que luego nos sintamos cómodos. El humor no anula el impacto para quien es nombrado”, advierte Palau. Por eso insiste en que, antes de grabar, conviene hablar de qué se va a compartir, asegurarse de que ambas personas se sientan bien con ello y, en ningún caso, utilizar este tipo de retos como un espacio para resolver temas de fondo.Álvarez también insiste en que este tipo de retos no deberían sustituir conversaciones importantes. “Si tengo algo que decirle a mi pareja, se lo tengo que decir a ella, no buscar el apoyo de una audiencia”, sostiene, y asegura que muchas veces estos vídeos no buscan un cambio en el vínculo, “sino que nos den la razón”.Pestana pone el foco en la responsabilidad con uno mismo y con los otros: “Publicar en redes debe ser una acción mínimamente pensada”. Además, apunta que toda relación necesita límites y que no todo tiene por qué convertirse en contenido.Eso no significa que compartir experiencias personales en internet sea siempre negativo. El psicólogo señala que puede servir como “llamado de auxilio” para visibilizar problemas que permanecían ocultos, especialmente cuando se trata de situaciones de desigualdad o abuso.Para Palau, la clave está en preguntarse desde dónde se comparte: “La autorrevelación online en sí misma no es dañina. Lo que marca la diferencia es desde dónde comparto una parte de mi vida, qué objetivo persigo compartiendo eso y desde dónde”. La psicóloga insiste en que este tipo de vídeos pueden funcionar si son realmente un juego compartido: “Si es un juego, si es algo que hemos hablado y estamos de acuerdo, adelante”. Pero si lo que se expone es un conflicto real, advierte, “arriesgarse a exponerlo puede ser muy dañino para la relación y para uno mismo”.
“Escuchamos pero no juzgamos”: cuando las intimidades de una relación se convierten en contenido
Los psicólogos advierten sobre el reto viral de ventilar en TikTok reproches, secretos y verdades incómodas de pareja o amistad: el humor no anula el impacto, y una audiencia desconocida nunca debería sustituir una conversación pendiente









