“POV: Estás soltera, no tenés amigos y vivís sola. Así es un viernes por la noche”. Este es el mensaje con el que Lana Isa comienza uno de sus muchos videos de Instagram y TikTok, en los que muestra cómo es la vida de una chica solitaria y con los que acumula alrededor de 300.000 visualizaciones por publicación. En ellos, esta creadora de contenido de estilo de vida comparte fragmentos de su día a día en los que aparece siempre sola, algo que relaciona con la ansiedad social que padece, pero que consiguió convertir en un contenido con el que conectaron cientos de miles de personas.

Y no es la única. En las redes sociales proliferan las creadoras —en su mayoría, mujeres jóvenes que viven en grandes ciudades— que hablan de los beneficios de una vida sin amistades ni círculos sociales cercanos, que viven solas en departamentos —bastante grandes— perfectamente ordenados y presentan la soledad como una elección. Son las llamadas loneliness influencers o influencers de la soledad.

Muchas de ellas aseguran que no pretenden promover el aislamiento, sino normalizar una experiencia que suele vivirse con vergüenza y mostrar que se puede disfrutar de la propia compañía. Sin embargo, la popularidad de estos contenidos abre algunas preguntas: ¿dónde termina la desestigmatización y empieza la romantización de la falta de vínculos? ¿Cuánto hay de elección en esa vida solitaria? ¿Y qué condiciones materiales y privilegios permiten convertir el aislamiento en una opción deseable?