El 27 de julio de 2025, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, viajó junto a un equipo de sus más cercanos colaboradores a un campo de golf en Escocia, en concreto en la localidad de Turnberry. Ahí se encontraba jugando al golf el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Unas horas después, las dos partes posaban sonrientes, con prácticamente todos en el lado europeo levantando el dedo pulgar, imitando así el estilo de pose 'trumpista'. La Comisión Europea acababa de cerrar un acuerdo por el que la UE aceptaba aranceles generales del 15% y reducía los gravámenes europeos sobre los bienes industriales estadounidenses. Sumado a los intentos de los líderes europeos por evitar que Washington cortara cualquier tipo de respaldo a Ucrania frente a Rusia, lo que implicó un viaje de un buen grupo de jefes de Estado y de Gobierno a la Casa Blanca, aquello acabó llamándose en Bruselas "el verano de la humillación". El Ejecutivo comunitario ofreció en los días posteriores a la 'humillación' de Turnberry dos explicaciones para ello. Nunca negaron que el acuerdo, y especialmente la forma en la que se cerró, era difícil de aceptar para el público general. La primera fue que era un peaje necesario para que Estados Unidos siguiera enviando armamento e inteligencia a Ucrania, un arsenal militar que, en todo caso, ya estaban pagando los socios europeos de la OTAN a través del sistema PURL, y no el presupuesto federal estadounidense. Así lo admitió Sabine Weyand, hasta hace poco directora general de Comercio del Ejecutivo comunitario y la única persona en aquella foto en Turnberry que no levantaba el dedo ni sonreía. La alemana explicó en una entrevista que no hubo ninguna negociación propiamente dicha, sino que la Comisión había cedido para mantener a EEUU comprometido con Ucrania. La segunda razón que se ofreció fue de una lógica económica. Los aranceles no eran tan altos comparativamente con los de otros países y ofrecían, con su 'techo' del 15%, un marco de predictibilidad a las compañías europeas. Un acuerdo con tropiezos legales Echando la vista atrás un año después, ¿qué ha ocurrido? Mientras que la primera razón, la más geopolítica y de seguridad, ha quedado enterrada en el argumentario del Ejecutivo comunitario, especialmente a la vista de nuevas y periódicas amenazas por parte de la administración estadounidense, Bruselas sí sigue defendiendo que Turnberry ha ofrecido un marco de estabilidad a las compañías europeas. Fuentes comunitarias subrayan que el acuerdo ha ofrecido por ahora lo que se esperaba de él: está dando seguridad, y lo demuestra el hecho de que las exportaciones europeas a EEUU hayan aumentado ligeramente. La realidad, en todo caso, es que el acuerdo está lejos de haber ofrecido un marco de seguridad como se esperaba. Desde que se plasmó el pacto de Turnberry en un documento, que fue la declaración conjunta de finales de agosto de 2025, lo que ahí se comprometió ha estado a punto de saltar por los aires en varias ocasiones, especialmente en dos. La primera, cuando el Tribunal Supremo de EEUU tumbó el marco legal que Washington había utilizado para la aplicación de aranceles globales, obligando a la administración Trump a encontrar una nueva base jurídica para imponer gravámenes comerciales sin pasar por el Congreso. TE PUEDE INTERESAR La segunda, y es en gran medida lo que ha hecho que el argumento geopolítico haya quedado escondido en un cajón, cuando Trump amenazó con anexionarse Groenlandia, un territorio dependiente de Dinamarca, llegando incluso a barajar el uso de la fuerza contra un aliado de la OTAN. Eso llevó a varios países europeos a desplegar efectivos militares en la isla ártica en lo que ha sido una de las peores crisis diplomáticas de la historia de las relaciones transatlánticas. En esas dos ocasiones, el proceso de ratificación del acuerdo quedó paralizado por un Parlamento Europeo que ha mostrado una gran desconfianza hacia Estados Unidos. Aunque finalmente el texto ha quedado ratificado por la Eurocámara, introduciendo condiciones que permiten al Ejecutivo comunitario suspender la aplicación del pacto en caso de que EEUU incumpla con su parte. TE PUEDE INTERESAR La posición de la Comisión Europea es que Turnberry sirve para disuadir a EEUU de tomar más medidas negativas y para tocar fondo, y a partir de ahí ir corrigiendo los daños colaterales de lo que en la propia institución consideran un mal menor. Así, el Ejecutivo comunitario ha enviado a la administración estadounidense una línea de bienes por valor de más de 100.000 millones de euros que podrían recibir una reducción de aranceles y que, en palabras de una fuente comunitaria, buscan lograr un equilibrio entre los sectores importantes para todos los Estados miembros de la UE. Una señal positiva, a ojos de la Comisión Europea, es que cuando EEUU ha anunciado nuevos aranceles, esta vez bajo el argumento de tomar medidas contra aquellas jurisdicciones que no hacen suficiente por limitar el comercio de bienes producidos con trabajo forzoso, la administración Trump ha impuesto un arancel del 10% a los bienes europeos, que, a diferencia de los recogidos en Turnberry, no se suma al arancel base, conocido como "Nación Más Favorecida" (NMF) y, por lo tanto, son inferiores a lo acordado hace un año. En Bruselas consideran que ese es un resultado tangible del pacto: un aumento de la confianza entre ambos lados del Atlántico. Amenazas futuras Pero hay amenazas en el horizonte. La primera y más obvia es que, aunque la Unión Europea ha ratificado el acuerdo, el lado estadounidense todavía no ha cumplido con la suya y el Ejecutivo comunitario se está teniendo que conformar con una garantía verbal por parte de sus homólogos en la administración americana. Pero no es el único problema. Por un lado está la cuestión no resuelta del acero y el aluminio, que están sujetos a aranceles más altos por parte de EEUU. El problema fundamental es la lista de derivados, es decir, aquellas exportaciones europeas que incluyen acero en el producto y que reciben los gravámenes comerciales correspondientes al acero. El Departamento de Comercio está ampliando esa lista, y la Comisión Europea busca evitar que sea una puerta de atrás para imponer aranceles más altos. Matthias Jorgensen, una de las personas clave en la dirección general de Comercio lidiando con los EEUU, ya ha avisado de que la relación con Washington seguirá siendo "volátil". Turnberry se ha convertido en una herramienta para contener a la Casa Blanca, que, mientras tanto, sigue lanzando investigaciones contra algunos Estados miembros, como ha hecho recientemente con el sector farmacéutico alemán. La Comisión mantiene en todo caso el tono positivo. El 27 de julio de 2025, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, viajó junto a un equipo de sus más cercanos colaboradores a un campo de golf en Escocia, en concreto en la localidad de Turnberry. Ahí se encontraba jugando al golf el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Unas horas después, las dos partes posaban sonrientes, con prácticamente todos en el lado europeo levantando el dedo pulgar, imitando así el estilo de pose 'trumpista'.