El olor dulz�n, terroso y ligeramente c�trico del cannabis se mezcla con el humo de los pinchos a la brasa, el picante de los puestos de comida callejera y el incesante rugido de las motocicletas de Khao San Road, el coraz�n de la fiesta en Bangkok. En los alrededores hay una sucesi�n de escaparates iluminados por hojas de marihuana en ne�n, tarros de cristal llenos de cogollos perfectamente ordenados y j�venes dependientes que reciben a los clientes con el mismo entusiasmo con el que un barista ofrece un caf� de especialidad.En el interior de uno de estos locales, la est�tica recuerda m�s a una boutique que a un antiguo fumadero. Madera clara, luces c�lidas, m�sica reggae sonando de fondo y una larga carta de variedades con nombres importados de Estados Unidos: White Widow, Gelato, Gorilla Glue, Blue Dream. El gramo ronda los 300 baht, que al cambio son ocho euros. Tambi�n se pueden comprar porros ya liados, gominolas, aceites y vaporizadores. "�Qu� buscas? �Algo suave o algo que te deje flotando?", pregunta el vendedor.En el local hay un grupo de mochileros australianos que hojea el cat�logo como quien elige una botella de vino. Sobre el mostrador hay un peque�o cartel que recuerda que el cannabis es �nicamente para uso medicinal y que el comprador debe disponer de un certificado m�dico. Nadie parece prestarle demasiada atenci�n."La ley ha cambiado, ahora es m�s restrictiva. Pero la verdad es que el negocio parece que sigue igual", suelta el dependiente. La frase resume el desconcierto que envuelve al cannabis en Tailandia. Sobre el papel, el pa�s ha dado marcha atr�s en su pol�tica regulatoria. En la pr�ctica, todo se mantiene en un limbo legal.Anuncio de una tienda de cannabis en Tailandia.Lucas de la CalCuando el Gobierno tailand�s retir� el cannabis de la lista de estupefacientes en junio de 2022, el anuncio fue recibido como una gran revoluci�n. Era la primera vez que un pa�s asi�tico romp�a con d�cadas de prohibicionismo y promet�a construir una industria completamente nueva alrededor de una planta que hasta entonces simbolizaba la guerra contra las drogas. Los ministros hablaban de medicina, de investigaci�n cient�fica y de oportunidades para miles de agricultores y empresarios.Lo que ocurri� despu�s super� cualquier previsi�n. Miles de dispensarios aparecieron por todo el pa�s. Bangkok y otras ciudades tur�sticas como Pattaya o Phuket se llenaron de hojas verdes luminosas. El pa�s pas� de ser uno de los m�s duros de la regi�n contra la marihuana a convertirse, para muchos viajeros, en el �msterdam del continente.El problema fue que la regulaci�n nunca termin� de llegar. "La despenalizaci�n avanz� mucho m�s r�pido que el desarrollo de un marco legal espec�fico, lo que gener� una enorme incertidumbre para empresas, autoridades y consumidores", explica el abogado tailand�s Atthachai Homhuan, especialista en regulaci�n del cannabis. Seg�n el jurista, la ausencia de una ley integral dificult� delimitar en la pr�ctica el uso estrictamente medicinal frente al recreativo y cre� un escenario de inseguridad jur�dica que marc� los primeros a�os del mercado.Ahora ese experimento empieza a desmoronarse. El Gobierno est� endureciendo las normas. Los dispensarios necesitan licencia, las ventas quedan limitadas al uso medicinal y los compradores, en teor�a, deben acreditar una necesidad cl�nica. Algunos establecimientos van cerrando tras no renovar sus permisos y las autoridades amenazan con volver a criminalizar completamente la planta si no se consigue controlar el contrabando y el mercado negro.A finales de diciembre, el reino budista contaba con 18.433 dispensarios de cannabis en todo el pa�s, seg�n datos del Ministerio de Salud P�blica. Tras el �ltimo cambio normativo, no se renov� la licencia a casi 9.000 establecimientos, aunque muchos contin�an operando clandestinamente. A ellos hay que sumar los muchos puestos improvisados que se montan en las calles.Un paseo por Bangkok demuestra que las leyes avanzan mucho m�s despacio que la realidad. En otro dispensario, un empleado niega que el negocio est� desapareciendo. "Los turistas siguen entrando todos los d�as. Ahora recordamos que s�lo vendemos para uso medicinal, pero no pedimos certificados ni hacemos preguntas", asegura.Dispensario de cannabis en la ciudad de Pattaya.Lucas de la CalPero la realidad es que muchos comerciantes desconocen si podr�n seguir abiertos dentro de unos meses. Hay un proyecto de ley que debe regular definitivamente el cannabis, pero contin�a bloqueado en el Parlamento y nadie sabe con certeza qui�n podr� cultivar, qui�n podr� vender o bajo qu� condiciones.Mientras tanto, los agricultores viven otra crisis. La producci�n se dispar� mucho m�s r�pido que la demanda. Los precios se hundieron hasta niveles impensables y muchos peque�os cultivadores, que so�aban con hacerse ricos gracias al nuevo cultivo estrella de Tailandia, apenas consiguen cubrir gastos. Algunos operadores del sector denuncian que ese desplome ha favorecido la aparici�n de redes criminales que compran grandes cantidades de cannabis barato para enviarlo ilegalmente a Europa y otros mercados donde su valor se multiplica.Las recientes incautaciones de cannabis procedente de Tailandia en Alemania, Reino Unido o Hong Kong han aumentado la presi�n pol�tica sobre un Gobierno que hace apenas cuatro a�os presentaba esta misma industria como uno de los motores econ�micos del futuro."Por muy estrictas que sean nuestras medidas, si la gente sigue pudiendo sacar drogas de contrabando, tenemos que replantearnos nuestro enfoque", declar� hace unos d�as el primer ministro Anutin Charnvirakul. "Tenemos que averiguar qu� debemos hacer para evitar que otros pa�ses culpen a Tailandia de ser el eslab�n d�bil de este problema". El dirigente a�adi� que estaba dispuesto a "cerrar toda la industria" si los expertos determinaban que estaba causando m�s da�o que beneficio."Nosotros no pedimos volver a la barra libre, sino reglas claras. Sin esa seguridad jur�dica, los �nicos que salen ganando son quienes operan al margen del sistema", lamenta Jerry, el propietario de un dispensario del centro de Bangkok.Al caer la noche, Bangkok enciende sus luces. Los tuk-tuks zigzaguean entre el tr�fico, los puestos de comida llenan las aceras y los dispensarios contin�an abiertos, con sus vitrinas fluorescentes. Pero detr�s de esos escaparates se libra una batalla sobre el modelo de pa�s que quiere ser Tailandia. En apenas cuatro a�os pas� de encarcelar a consumidores a convertirse en el para�so asi�tico del cannabis y, despu�s, a intentar reconstruir un sistema de control que nunca termin� de dise�ar.El resultado es un limbo legal donde la ley dice una cosa, la calle practica otra y miles de empresarios, agricultores y trabajadores esperan que alguien decida hacia d�nde debe caminar una industria que naci� prometiendo riqueza y modernidad y que hoy sobrevive envuelta en incertidumbre.