Es la última hora de la tarde en la calle Khaosan, la zona cero de los mochileros de Bangkok. Los empleados de los bares llaman a la gente que pasa, tentándola con bebidas de oferta. Los vendedores ofrecen de todo: desde tatuajes falsos hasta chanclas y batidos helados de fruta. Por la calle se extiende el olor a cannabis, popular en la ciudad.
La famosa y ruidosa vida nocturna de esta calle lleva décadas atrayendo a viajeros de todo el mundo. Pero el número de tailandeses cansados de estos turistas fiesteros es cada vez mayor. Algunos dan por sentado que Tailandia puede ser tratada “como un patio de recreo”, dice Minnie, que enseña a los turistas la cultura y el idioma tailandés en el canal de redes sociales Thai’d Up with Minnie.






