Un movimiento crece en la regi�n. Modelos de convivencia autogestionados para mayores que buscan envejecer acompa�ados, activos y lejos del modelo tradicional de las residencias. Es as� como Madrid recibe una nueva oleada de proyectos de viviendas colaborativas seniors, conocidas tambi�n como cohousing.Se trata de un modelo de creaci�n y administraci�n de viviendas que naci� en Espa�a hace ya m�s de una d�cada, pero que con los a�os ha ido tomando mayor impulso. �Barcelona vivi� la primera oleada y ahora est� ocurriendo la segunda en Madrid�, explic� Jos� Antonio Garc�a en una jornada sobre cuidados comunitarios en La Casa Encendida.Garc�a forma parte del cohousing Villa Rosita, ubicado en Torrelodones, un complejo de 29 viviendas donde conviven 41 personas organizadas como cooperativa que compraron su terreno y gestionaron la construcci�n de las viviendas. El proyecto naci� en 2016, cuando un grupo de amigos mayores empez� a imaginar c�mo ser�a vivir juntos. Cuentan con amplias zonas comunes que van desde un gran comedor hasta un huertoSERGIO GONZ�LEZ VALEROBuscaron ayuda en Jubilares, una asociaci�n que asesora a cooperativas e instituciones sobre el modelo dan�s de peque�as viviendas privadas que combinan amplias zonas comunes. Con el tiempo, este tipo de proyectos han ido incorporando elementos propios del contexto espa�ol, como la cesi�n de uso: en que la propiedad de las viviendas pertenece a la cooperativa y no a cada residente. "Lo que pagamos es el derecho de uso, eso es una garant�a contra la especulaci�n. Al no ser una propiedad privada no se puede alquilar ni vender. Si la persona decide marcharse o si se queda hasta que muere, el dinero que ha puesto para el derecho de uso (260 mil euros aproximadamente) lo recupera, pero sin incremento o como m�ximo se actualiza seg�n el �ndice del precio de consumo", aclara Fernando, residente de Villa Rosita.Maluque es integrante del cohousing senior de Entrecantos, construido en Tres Cantos y que cuenta con 35 unidades habitacionales. Decidi� participar en este modelo habitacional tras acompa�ar la vejez de su padre. �Vivi� hasta los 100 a�os y cuando le dije que ten�a que llevarlo a una residencia me pidi� que lo llevara donde estaba su �ltimo amigo. Ah� entend� la importancia de morirse cerca de los amigos�.Uno de los pilares es la interacci�n socialSERGIO GONZ�LEZ VALEROJuan Perdomo, presidente de la cooperativa, tampoco quer�a envejecer como lo han hecho generaciones anteriores, por lo que resume esta alternativa as�: "Venir a un cohousing te permite elegir d�nde y c�mo quieres vivir tus �ltimos a�os cuando todav�a puedes decidir".Ambas comunidades comenzaron a convivir entre finales de 2024 y mediados de 2025. Sus instalaciones incluyen comedor, cocina comunitaria, salas de m�sica y lectura, gimnasio, huerto y piscina. Las actividades -cinef�rum, lectura, senderismo, baile o talleres textiles- las organizan los propios residentes, que aportan sus conocimientos profesionales y personales.La filosof�a se basa en la interacci�n social, la actividad f�sica y una buena alimentaci�n como pilares fundamentales de un envejecimiento saludable. Es por eso, que buscan perfiles capaces de participar en la vida comunitaria. "Aqu� no se viene a buscar asistencia. Queremos personas proactivas, que puedan aportar", explican desde Villa Rosita.Sin embargo, son conscientes de que aumentar�n las necesidades de cuidados con el pasar de los a�os. Ante ese futuro panorama, en Entrecantos, por ejemplo, tienen un acuerdo de colaboraci�n con la Fundaci�n San Camilo que se encarga del cuidado de personas con dependencia funcional o social.Otro aspecto que toman en cuenta en este tipo de proyectos son los criterios de edad. Al menos 50% de los integrantes de las cooperativas deben tener entre 50 y 75 a�os para mantener la din�mica de colaboraci�n, a pesar de que algunos miembros vayan envejeciendo. "Somos una comunidad que ofrece algo m�s, como en los pueblos. Si hay una persona mayor que deba ir al m�dico y no le puede acompa�ar un familiar, lo lleva alguien de la comunidad. Es m�s que una residencia", explica Jos� Antonio de Villa Rosita.Aunque son planes que abarcan entre 8 y 10 a�os hasta la ocupaci�n de las viviendas, contin�an surgiendo m�s proyectos. En Rivas Vaciamadrid, crearon en 2019 La Corrala, una iniciativa que vino de un grupo de amigas que quer�an vivir cerca para apoyarse mutuamente. Tras a�os de tr�mites, en 2025 lograron la cesi�n de un terreno municipal."Tuvimos que aprender mucho del mundo del cohousing y qu� hacer para ser reconocidos como un grupo de inter�s social, a fin de poder optar a un terreno con derecho demanial, es decir, con un uso exclusivo durante 75 a�os. Luego de ese plazo, la parcela pasar� nuevamente al dominio del ayuntamiento con todo lo que tenga construido", explica Marina.En Guadarrama, Ad Petrum avanza desde 2021 en su proyecto de viviendas colaborativas en cesi�n de uso para personas mayores con un enfoque que a�na la convivencia con lo asistencial, a trav�s de un compromiso personal de ayuda mutua entre los socios. Desde 2025 son propietarios de un terreno dotacional y todav�a cuentan con algunas plazas vacantes para futuros miembros.Render de las viviendas de Ad Petrum que estar�n en Guadarrama"Este proyecto trata de poner vida a los a�os y no a�os a la vida. Somos una cooperativa sin af�n de lucro, un equipamiento de bienestar social. Contemplamos las posibles situaciones de deterioro y dependencia que vayan produci�ndose a lo largo de la andadura de nuestro Cohousing Senior. Estamos comprometidos desde la etapa del dise�o del edificio con la accesibilidad universal para facilitar la movilidad y seguridad en Ad Petrum", asegur� Fernando Garc�a socio fundador.El referente madrile�o de este tipo de viviendas es Trabensol, en Torremocha de Jarama, donde llevan 13 a�os conviviendo. Su experiencia demuestra que la convivencia requiere gesti�n y transparencia. "Lo primero que hay que saber es que no hay organizaci�n social perfecta. La convivencia es un reto dif�cil. Hay que perderle miedo al conflicto porque es inevitable. Gestionarlo y entender que es una oportunidad para aprender. Mientras m�s abundancia y calidad de la informaci�n que se tiene con los socios, menos situaciones de conflicto", explic� Lu�s Abad, coordinador de comunicaci�n.En cuanto a la dependencia, Trabensol cuenta con un sistema de tres niveles y personal cualificado seg�n la ley de atenci�n a la dependencia. Quienes reciben estos servicios adicionales pagan un extra y si alguna persona demuestra que no puede pagar, ese aporte lo asume la cooperativa. Aunque son numerosos los desaf�os, la valoraci�n es positiva. "Recibimos visitas de instituciones y siempre decimos que es una buena alternativa, especialmente en un pa�s envejecido y con baja natalidad", resumi� Abad.Se est� disfrutando de este tipo de convivencia o empezando en una cooperativa, los obst�culos suelen coincidir: poco o ning�n apoyo de las instancias gubernamentales y el desconocimiento de este tipo de proyectos tanto en la banca como en las distintas administraciones p�blicas."Hemos tenido reuniones con la embajada de Dinamarca y se sorprenden de que no tengamos ayudas. En ese pa�s el cohousing lo hace el Estado y ubica a las personas que solicitan entrar en ese tipo de viviendas", explica Juan Perdomo, de Entrecantos.Otro obst�culo est� en los bancos. "No entienden muy bien el proceso que lleva un proyecto de este tipo, por lo que est� costando que den financiaci�n. Las alternativas que con las que contamos son la Banca �tica y el Instituto de Cr�dito Oficial", asegura Marina, de La Corrala.Aprender de las generaciones anteriores, enfrentar el reto de conseguir financiaci�n o ayudas y a la vez combatir el aislamiento, demuestra la resiliencia de quienes no se rinden por tener en sus manos la decisi�n de c�mo vivir sus �ltimo a�os.