Madrid, Ávila, Toledo y Castellón llevan días quemándose y todavía hay gente convencida de que el cambio climático no tiene nada que ver. La realidad es que ni lleva toda la vida haciendo el mismo calor ni estamos viviendo los mismos fenómenos extremos que hace unas décadas. Vamos, ni aquí ni en Francia ni en Canadá que también arden. El calentamiento global es una evidencia científica tan clara como la de que la Tierra es redonda. Otra cosa es que nos dé pereza mirarla porque bastante tenemos con llegar a fin de mes y el tema nos suena a turra. A mí el primero, vamos.Me recuerda al tabaco. Ya todo el mundo sabe que fumar bueno no es, pero el cáncer no aparece al día siguiente. Con suerte, ni te toca. Es fácil hacer como que las consecuencias no van contigo mientras te enciendes un piti. Con la emergencia climática pasa algo parecido: sigue sonando a problema lejano, podemos seguir llenando el coche de diésel. Visto el nivel de catástrofes naturales que llevamos encima, hacer oídos sordos empieza a ser de cazurros.Que sí, que el cambio climático no es lo único detrás de los incendios. También los provocan coches que arden, quienes utilizan maquinaria donde no deben y pirómanos para los que habría que endurecer las penas. El fuego además encuentra combustible en los montes que llegan al verano sin desbrozar —aunque es falso que los ecologistas no lo permitan, lo que hay es un calendario establecido por cada comunidad autónoma — y en el abandono del pastoreo. Pero a toda esa larga lista de culpables el cambio climático le pone el escenario perfecto para que el fuego arrase. No lo digo yo, lo dice la ciencia. Y si esa deja de ser el faro que guía nuestras decisiones, apaga y vámonos.El problema es que una emergencia mundial se ha convertido en armamento político. La derecha pasota, o la directamente negacionista de Vox, que al final se encuentra el fuego de frente, contra la izquierda ECO buenista que luego convierte cada incendio en un eslogan. Ni los unos, ni los otros. La realidad es que ninguna administración puede presumir de saber gestionar fuegos. Aquí todos parecen improvisar en cada desastre natural. Y, mientras tanto, el pueblo a sacarse las castañas del fuego. Literalmente.Ya vale de romantizar lo de "el pueblo salva al pueblo". Los vecinos no son héroes que tienen que jugarse la vida salvando sus casas de la quema. Pagamos un montón de impuestos para que en España el Estado salve al pueblo. Y para que haga algo de verdad contra del cambio climático que parece que lo tenemos que arreglar nosotros gastándonos la pasta en un coche eléctrico y utilizando el contenedor amarillo. La responsabilidad principal es de quienes gobiernan. Menos turras climáticas, bulos y propaganda. Más bomberos, prevención y gestión. Y, por una vez, más unión entre derecha e izquierda. Que las llamas no preguntan a quién votas antes de entrar.
Los del fanatismo climático tenían razón
'Sonaba a turra y a problema lejano politizado, pero ya está quemando el monte'.











