La economía ha soportado por ahora el caos en el orden global desatado por Donald Trump, pero la resiliencia tiene un límite y el presidente de Estados Unidos parece empeñado en someterla a nuevas pruebas de estrés. En los últimos días, el conflicto de Oriente Próximo ha entrado en una nueva escalada que ha llevado el barril de petróleo brent a tocar los 100 dólares. Esta subida ha reavivado el riesgo de un shock energético, con sus derivadas lógicas de más inflación y alzas de los tipos de interés. Por si el escenario no fuera suficientemente complejo, el magnate republicano ha reabierto la guerra comercial contra la mayor parte de sus aliados, lo que añade obstáculos a las cadenas de suministro de las empresas. Si algo aprecian las compañías, y en particular las multinacionales, es la seguridad jurídica, un concepto que la Casa Blanca hace saltar por los aires con una frecuencia inusitada.Trump parece incapaz de salir del agujero negro en el que se metió con su inexplicada agresión a Irán, respaldada únicamente por Benjamin Netanyahu. Una guerra que nunca siguió un plan y que va camino de convertirse en un conflicto interminable. La tregua de 60 días acordada en abril y el fallido acuerdo de paz firmado en junio habían alejado el conflicto de la preocupación de los agentes económicos, pero ahora vuelve a manifestarse con toda su crudeza tras el cierre del estrecho de Ormuz y de la ruta del mar Rojo. A ello ha contribuido la entrada en escena de los hutíes de Yemen, aliados de Irán.El Banco Central Europeo ha cambiado su lenguaje y dice estar muy atento a un agravamiento de la crisis energética. Los consumidores ya están pagando más dinero por llenar sus depósitos de combustible. Las Bolsas resisten por el momento la embestida por otros factores: la solidez de los resultados empresariales del primer semestre, que se están publicando estos días, y las enormes expectativas puestas en la inteligencia artificial. Pero los mercados no serán inmunes a la agitación del petróleo (por mucho que el mundo no sea tan dependiente del crudo como en los años setenta) ni a los aumentos de los tipos de interés. Se espera al menos una subida por el BCE y se prevé que la Reserva Federal los mantenga por ahora, a pesar de que Trump colocó a Kevin Warsh en la presidencia del banco central de EE UU para que bajara el precio del dinero, lo que en este escenario no ocurrirá.El mundo se enfrenta de nuevo al fantasma de una crisis inflacionaria, que estos meses ya había asomado sin llegar a extremos insoportables como los que alcanzó tras la pandemia y al inicio de la guerra en Ucrania. A favor de un alza de precios juega también la nueva andanada arancelaria de Washington: EE UU ha establecido tasas de entre el 10% y el 12,5% a más de 60 economías, incluidas España y la UE, con el extraño argumento de que incumplen las normas sobre trabajo forzoso. Se trata de una argucia para sortear la expiración de sus medidas anteriores y el veto del Tribunal Supremo a las tarifas impuestas el llamado “día de la liberación”, el 2 de abril de 2025.La respuesta de Bruselas a la coerción del mandatario de EE UU vuelve a ser muy débil, pues la Comisión parece conformarse con que las nuevas tasas no superen los aranceles que la UE ya aceptó en aquel acuerdo humillante para Europa, sellado por Ursula von der Leyen en el campo de golf de Trump en Escocia hace ahora un año. Las empresas advierten de que, en este caos, han desaparecido excepciones para sectores clave como el químico, los bienes de equipo y los componentes industriales. Para colmo, Trump amenaza a la UE con aranceles adicionales por la multa de 890 millones de euros impuesta a Google por prácticas contra la competencia.Es difícil medir las consecuencias futuras del comportamiento errático del presidente de Estados Unidos. Una que será duradera es la destrucción de la confianza en Washington entre sus aliados históricos. A largo plazo la situación solo puede beneficiar a la otra superpotencia, China, que no solo gana poder blando en todo el sur global, sino que ya es vista en Occidente como un socio más fiable.
Desorden económico global
La nueva andanada arancelaria de Trump y el fracaso de su guerra en Irán vuelven a poner a prueba la resistencia de la economía










