El empresario alicantino, de 75 años, fundador del emporio Ale-Hop, con 360 tiendas y 2.600 empleados, empezó vendiendo sombreros mexicanos por las ferias
El señor Vicent, así le llaman sus empleados, acude todas las mañanas a la inmensa nave que Ale-Hop tiene en Oliva (Valencia), a pocos kilómetros de su pueblo natal, Gata de Gorgos (Alicante), donde empezó todo, y se pone a trabajar armado de bolígrafo y libreta. A su alrededor, jóvenes empleados trastean en una recreación a escala de una de sus tiendas de accesorios y artículos de regalo, omnipresentes en playas, estaciones, aeropuertos y calles comerciales de España, Italia, Portugal y Croacia y reconocibles por la escultura de una vaca a tamaño natural a la puerta. Grimalt se dispone, afabilísimo, a la charla acompañado de Raúl, uno de sus cuatro hijos que, lleva, junto a dos de sus hermanos, el día a día de esta empresa familiar. Es el hijo quien cuenta la anécdota: un año, en las vísperas de Fallas, se organizó un concurso de creación de ninots entre los empleados y el que más le gustó a su padre fue uno en el que se le representaba con su perenne bolígrafo enganchado del bolsillo de la camisa y un manchurrón de tinta. Y si le gustó es porque era él, en esencia. Animada por el buen humor del ambiente, saco un objeto del bolso y se lo muestro al dueño de todo esto.









