La entrevista de José Luis Rodríguez Zapatero no ha alterado el cierre de filas de Moncloa en torno al expresidente. El Gobierno mantiene intacto su respaldo, pese a no haber obtenido —o, al menos, no haber hecho pública— una explicación sobre el origen de las joyas investigadas. Desmarcarse ahora de Zapatero entrañaría un evidente riesgo político para Pedro Sánchez: podría interpretarse como el reconocimiento implícito de que sus gestiones influyeron en el rescate de Plus Ultra y alimentar, por extensión, las sospechas de un posible tráfico de influencias con miembros del Gobierno. Ese vínculo obliga a Sánchez a sostener una defensa cada vez más difícil de justificar y mantiene al PSOE enrocado en un caso que, según reflejan las encuestas, ya le está desgastando electoralmente.La defensa férrea de Zapatero por parte del presidente comenzó en el mismo momento de su imputación. Sánchez ordenó cerrar filas con él incluso antes de conocer los argumentos del juez y mantiene desde entonces un respaldo que en Moncloa justifican casi como un acto de fe y de lealtad. No esgrimen ninguna prueba ni argumento concreto para decantarse por la versión del expresidente, pero siguen aferrados a ella. La declaración de su amigo y presunto testaferro, Julio Martínez Martínez, quien aseguró ante el juez que Zapatero intermedió con el Ejecutivo para facilitar el rescate de Plus Ultra, ha complicado ahora ese blindaje ordenado por Sánchez, lo que, según creen entre las filas socialistas, podría haber precipitado la primera entrevista del expresidente desde su imputación, en la que negó haber hablado del rescate con alguien del Gobierno.No obstante, la Fiscalía Anticorrupción considera "evidente" que el expresidente desplegó su influencia en "altos niveles de decisión" para favorecer el rescate de Plus Ultra, una tesis que también sostienen, con distintos matices, tres de los investigados en la causa. Sánchez y Zapatero niegan la mayor y rechazan que existiera cualquier tipo de intermediación ante el Ejecutivo. El respaldo del presidente del Gobierno se mantiene así intacto y no se ha movido ni un ápice pese a las nuevas confesiones y al coste político que comienza a reflejarse en las encuestas. El último barómetro de DYM para 20minutos, elaborado después de la imputación del expresidente, registra un retroceso del PSOE en intención de voto.Las dudas también se extienden entre el propio electorado socialista. Otra encuesta del Instituto DYM sobre la credibilidad de Zapatero en el caso Plus Ultra revela que solo el 22,1% de los votantes del PSOE considera creíbles sus explicaciones, mientras que el 45,3% asegura que le han convencido "poco" o "nada". Los datos evidencian que el cierre de filas de Moncloa no solo resulta insuficiente para despejar las sospechas sobre el expresidente, sino que tampoco consigue persuadir a una parte significativa de la base electoral socialista.Tras la entrevista que concedió el pasado jueves, tanto Moncloa como el PSOE se apresuraron a reiterar públicamente su respaldo a Zapatero, aunque en las filas socialistas conviven opiniones y sensaciones dispares. Algunas voces admiten que en el partido cuesta entender por qué el expresidente dio una entrevista que no aportó novedades ni logró despejar las principales incógnitas del caso. Estas fuentes no atribuyen, sin embargo, el cierre de filas a una estrategia de Moncloa para levantar un cortafuegos en torno al Gobierno, sino al coste de asumir que Zapatero pueda convertirse en otra oveja negra para el PSOE. "No sé si ha tenido alguna utilidad. Ha dejado una sensación de decepción o de expectativa frustrada", resume un parlamentario socialista.Otra dirigente del PSOE asegura que la entrevista se percibió como una comparecencia "obligada" por dos motivos: porque el prolongado "silencio" y la "falta de explicaciones" de Zapatero se habían vuelto insostenibles, pero también porque la causa "ya apunta al Gobierno". Estas voces dudan de que el cierre de filas responda únicamente a la convicción de que el expresidente es inocente y ven detrás una estrategia para proteger al Ejecutivo de Sánchez ante el riesgo de que la investigación termine alcanzándolo. Tampoco ocultan su malestar por que Zapatero eludiera la explicación más esperada, la relativa al origen de las joyas. "Nos faltan argumentos e información para poder defenderlo y, si no los tenemos, es porque no existen o porque su estrategia de defensa exige respetar estos tiempos", resume una diputada con peso territorial.Y es que retirar ahora el respaldo a Zapatero tendría una derivada especialmente delicada para Sánchez. Después de haber negado cualquier intermediación irregular y de haber defendido su inocencia, desmarcarse del expresidente podría interpretarse como una forma de asumir que sus gestiones ante altos cargos del Ejecutivo existieron y pudieron influir en el rescate de Plus Ultra. Y eso es precisamente lo que trata de determinar el juez: si Zapatero utilizó su influencia y sus contactos en el Gobierno para favorecer a la aerolínea, lo que podría encajar en un posible delito de tráfico de influencias. Sánchez queda así atado a su defensa, porque retirársela ahora no solo debilitaría al expresidente, sino que alimentaría las sospechas sobre la actuación del propio Gobierno.No es, sin embargo, la lectura que hacen los dirigentes más próximos a la actual dirección del PSOE, que ven en la entrevista un gesto de "valentía" y una muestra del convencimiento de Zapatero en su propia inocencia. Fuentes de Ferraz sostienen que su intervención no modifica en absoluto la posición del partido, no porque haya aportado más o menos novedades, sino porque la dirección ha mantenido desde el principio el mismo respaldo al expresidente."Había ganas de que saliera", reconoce un senador socialista con peso territorial. A su juicio, "lo más importante" no son tanto las explicaciones que haya podido ofrecer públicamente —condicionadas por su estrategia de defensa— como el hecho de que Zapatero "quiere dar la cara y la ha dado", lo que les hace confiar más en su inocencia.Sánchez hará balance del curso político este martes, antes del paréntesis estival, al que Moncloa llegará sin haber movido un ápice su cierre de filas en torno a Zapatero. El verano puede dar una tregua política y judicial al Ejecutivo, pero en septiembre comenzará un nuevo curso en el que la causa volverá a activarse al mismo tiempo que se acelera la precampaña electoral. El PSOE tendrá entonces que afrontar esa recta final de la legislatura con un desgaste mayor, provocado, entre otros factores, por una defensa cerrada del expresidente que no ha logrado despejar las dudas del caso y que tampoco convence a una parte relevante de sus propios votantes.