Mañana saldremos pronto, a las 6, tenemos que evitar las horas fuertes de calor”, deja claro Ramon la tarde anterior a nuestra cita para subir el Tossal de les Roies de Cardet. Los pastores se mueven por la montaña para cuidar sus rebaños, pero son pocos los que van en busca de cimas por placer. Ramon, con 120 vacas a su cargo, es una excepción. Le gusta correr en los Pirineos y esquiar, pero ahora, con un hijo y una hija de corta edad, dispone de poco tiempo para sus aficiones. Antes de las 6 del pasado día 9, ya ha llegado con su todoterreno al punto de encuentro, la Casa Farré d’Avall, el hotel familiar que gestiona en Barruera su hermana, Cecília. La ruta habitual al pico que ha elegido coronar se inicia en un sendero que parte del pueblo, al final de la calle Major, pero Ramon propone empezar un poco más arriba, en la ermita de Sant Salvador.LVAsí que subimos con su vehículo por una pista, abierta solo a los vecinos, hasta Sant Salvador, a más de 1.500 metros de altitud. Nos ahorramos una hora de cuestas en otra jornada de elevadas temperaturas. Algunos tramos del itinerario coinciden con el de la explosiva carrera vertical Cara Amon, que con solo 4,5 kilómetros depara 1.380 metros de desnivel positivo hasta la cumbre, que la Vall de Boí comparte con Vilaller.Las vacas de Ramon pacen en los prados de Barruera; solo quedan dos rebaños en el puebloLa mayoría de excursionistas que eligen la Vall de Boí prefieren adentrarse en el parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y se pierden cumbres solitarias y con muchos atractivos. Roies de Cardet, la montaña de Barruera, sí consta en el reto “100 cims” de la Federació d’Entitats Excursionistes de Catalunya (FEEC), una iniciativa pensada para dar a conocer el territorio.Esta serie no pretende ser una descripción al milímetro de la ruta a seguir, quien quiera emprenderla dispone de aplicaciones móviles y de mapas. Lo que no ofrecen las apps son las reflexiones de personajes como Ramon, nuestro guía. En toda caso, las marcas de la citada Cara Amon facilitan el itinerario.Ramon disfruta del panorama R. M. BoschRamon es un vaquero vocacional que en invierno compagina el cuidado de las vacas con otro trabajo en la estación de esquí de Boí Taüll, donde conduce una máquina pisanieve. El verano es una estación intensa, hay que hacer acopio de pasto para los meses más gélidos y controlar el rebaño que desde el 20 de mayo pace en la montaña. “Es una faena muy esclava, si estás solo es duro, afortunadamente me ayudan mi padre y mi tío, y luego está la incertidumbre de si lloverá, de si los animales se contagiarán de alguna enfermedad..., pero ahora los terneros se pagan mejor que años atrás”, relata mientras enfilamos hacia la Pala de Sadornal, a casi 2.000 metros. Allí topamos con un gran rebaño de ovejas y divisamos una manada de corzos que al percatarse de nuestra presencia descienden a gran velocidad. Más adelante, Ramon sugiere andar con tiento para superar un paso desde el cual accedemos a la cima.Ovejas en la ruta a la cima R. M. BoschLa recompensa supera de largo el esfuerzo, hemos invertido menos de tres horas en coronar los 2.444 metros a un ritmo cómodo, charlando y parando para tomar fotos. La vista de 360 grados nos regala la perfecta silueta del Turbón, la sierra de Chía, la montaña de Castanesa, el Vallibierna, el Aragüells, la aguja de Franqueville, el Maldito, el Aneto, el Mulleres y mucho más. A las 9:30 horas, acomodados junto al vértice geodésico, la temperatura es aún agradable y agradezco el madrugón. La luz es fantástica y nos tomamos un largo descanso para desayunar y fotografiar el entorno. Llamp, el perro de Ramon, mendiga sin éxito por un trozo de xolís. Luego se acerca a un rebaño de cabras que también han coronado las Roies de Cardet.Un rebaño de cabras cerca de la cumbre R.M. BoschEl descanso se prolonga durante más de una hora charlando de los escollos y la burocracia que asfixian al sector primario. Al bajar divisamos una columna de humo hacia la Val d’Aran, que posteriormente verificamos que se trata de un fuego de vegetación en Ròca de Tolosa, en el valle de Horno. Esta ha sido una semana de incendios en Catalunya en la que han arreciado las críticas por la escasa gestión forestal y la pérdida de suelo agrícola. Muchos discursos de los políticos sobre la necesidad de promover el paisaje mosaico, pero poca acción en este sentido. Ramon está quemado por las trabas a las que se enfrenta su mundo. “Antes todas las casas del pueblo tenían vacas, ahora solo seguimos dos. Los animales limpiaban la montaña y el ganadero tenía libertad para, si lo consideraba necesario, quemar un enebro, ellos sabían lo que se tenía que hacer, ahora no te dejan hacer nada en la montaña y todo se va ensuciando”, lamenta mientras señala el camino del descenso por un collado en dirección al Cap de Gelada y después hacia L’Esterilló. Más adelante, a la derecha, asoma una pista que pasa primero junto a la cabaña de la Llastra con un cercado para los animales y después por la de Cornella hasta alcanzar de nuevo la ermita de Sant Salvador, hacia las 12:45. La ermita de Sant Salvador R.M. BoschEn total, seis horas y cuarto, incluyendo las paradas, poco más de nueve kilómetros y 895 metros de desnivel positivo. Solo hemos coincidido en el descenso con Xavi, el pastor de Castilló de Tor que subía a controlar las ovejas, y abajo con un sudoroso turista pedaleando su bici eléctrica, además de con un rebaño de yeguas y con las vacas de Ramon, a lo lejos. Pero nadie en la cima. Una delicia de excursión con el plus de las reflexiones de un ganadero vocacional. Solo un consejo: mucho ojo con las garrapatas.Lee tambiénPeriodista.