Con sus 2.633 metros, la montaña de Campirme no es la más alta de la zona, se ve superada por el Ventolau, de 2.851, el Pic dels Tres Estanys (2.755) o la Coma del Forn (2.683), pero el tamaño no es lo más relevante. Esta cima lo tiene todo. Lagos con leyenda, espléndidas vistas de 360 grados y vestigios de la guerra civil que invitan a rememorar historias del pasado. Durante el ascenso solo topamos con una excursionista que se dirige a la Coma del Forn, cuyo itinerario coincide en la primera parte con el nuestro, en concreto hasta el lago de Mascarida. “Si me quedan fuerzas, después enlazaré con el Campirme”, nos dice al despedirse. Poca gente en pleno mes de julio en este enclave del Pallars Sobirà; la tranquilidad es otro plus.LVHacia las 7:40 salimos del refugio de la Pleta del Prat, a 1.716 metros, junto a la estación de esquí de Tavascan, de propiedad municipal y que está a punto de finalizar su remodelación para posicionarse como un destino de turismo de alta montaña durante todo el año. En una ampliada terraza se han colocado plafones informativos explicando los itinerarios para coronar los distintos picos de la zona. Marc Garriga, director del parque natural del Alt Pirineu, y nuestro guía en el tercer capítulo de esta serie, explica que el itinerario está marcado en buena parte con pintura amarilla. Empieza en el término municipal de Lladorre, municipio al que pertenece Tavascan, y entra en el de La Guingueta d’Àneu para coronar la cima.Partimos del refugio y dejamos el torrente de Mascarida a nuestra izquierda camino de las Pletes de Gavàs, a más de 2.100 metros, donde un pequeño rebaño de yeguas con sus crías se aproxima dócilmente a nosotros. Aquí y en otros destinos del Pirineo lamentan que este verano los pastos son escasos por la falta de lluvia en los últimos meses. Cerca de los équidos emergen los restos de antiguas cabañas de pastor y también un cercado para los animales. “Los soldados republicanos del Batallón de Montaña Pirenaico que se instalaron en esta montaña utilizaron estas construcciones para cobijarse, en la cima veremos más”, adelanta Garriga.Rebaño de yeguas con sus crías en el tramo inicial R.M. BoschUna de las barracas de las Pletes de Gavàs R.M. BoschCuenta la leyenda que las aguas del bucólico lago del Diable engulleron un rebaño de ovejasSeguimos hasta el lago de Mascarida que, a diferencia de otros de los Pirineos, no tiene piscardos ( Phoxinus phoxinus). Este diminuto pez usado ilegalmente como cebo vivo para la pesca de truchas daña la calidad de los ecosistemas lacustres y provoca la pérdida de transparencia del agua. Afortunadamente, el de Mascarida está a salvo, también el del Diable, una vecina laguna de un tentador tono azul. “Dice la leyenda que esta es la puerta al inframundo. Cuentan que en el pasado advertían a los pastores que no dejaran dormir a las ovejas aquí, que se quedaran más abajo, en las Pletes de Gavàs, de lo contrario por la noche saldría el demonio y se las llevaría”, explica Garriga. El relato popular, con versiones varias, señala que alguien que hizo caso omiso de los avisos sufrió la pérdida de su rebaño engullido por el agua siguiendo la llamada del diablo, en forma de macho cabrío.El lago del Diablo atesora leyendaR.M. BoschUn entorno de gran belleza y la conversación con Garriga hacen que casi sin darnos cuenta lleguemos a la cumbre, poco después de las 11 y tras salvar 917 metros de desnivel positivo. En una suerte de antecima ya descubrimos los restos de varias construcciones en las que se resguardaban soldados republicanos. “Aquí no entraron nunca en combate, estaban en los pueblos pero tenían campamentos en la montaña y aprovechaban las cabañas de pastor. Muy cerca, delante mismo, en Penyes Negres, a 2.436 metros, estaban los franquistas, y se vigilaban mutuamente”, señala Garriga.Vestigios en la cumbre R.M. BoschUna aspillera a pocos metros del punto más elevadoR.M. BoschEl Campirme corona la sierra del mismo nombre en la que se adivinan barracas, trincheras, parapetos y otras estructuras militares. Nosotros intuimos lo que parece un nido de ametralladora, pero el historiador de Esterri d’Àneu Oriol Riart, en una posterior consulta, nos indica que en todo caso se trataría de una aspillera. “El pico de Campirme hizo de bisagra para los republicanos, estuvieron de abril del 38 hasta enero del 39, subían y bajaban a los pueblos”, añade Riart, autor de Érem feres , una investigación que recoge los miedos e inquietudes de 39 combatientes plasmados en sus diarios personales.Desde la cima se divisan las Penyes NegresR.M. BoschEl Pallars es una suerte de museo al aire libre de la guerra civil. Subir picos y cruzar los Pirineos hacia Francia es una manera de revivir los durísimos episodios vividos casi nueve décadas atrás. Paseamos por la cima del Campirme un día de mediados de julio con mucha visibilidad y, además del cercano Penyes Negres o del Montalto, bastiones franquistas, también oteamos un festival de cumbres. De la Pica d’Estats, al Mont-Valier, los Besiberris, la Maladeta, el Aneto o el Monteixo, resumiendo mucho.A Garriga le trae recuerdos el Frente del Pallars. Su abuelo, Gonçal Lujan, con 17 años, estuvo en la Quinta del Biberón y en julio del 38 combatió en la batalla de Baladredo, pico de más de 2.000 metros de Llavorsí, en la que perdió a varios amigos. En febrero del 39, el Batallón de Montaña Pirenaico afrontó penosas adversidades en la ruta del exilio por algunos puertos del Pallars, como el de Colatx.Espléndidas vistas desde la cumbre R.M. BoschDescendemos deshaciendo el camino de subida hasta el collado de Mascarida desde donde vamos en dirección al Tuc de la Cima, que ha estrenado un nuevo mirador. Llegamos de vuelta al refugio antes de la una. Muy cerca, en el restaurante de las Bordes de Graus, exhiben material que dejaron los soldados, un casco, raquetas de nieve y una octavilla enmarcada que apelaba a luchar por la libertad.Periodista.
Una ascensión con vestigios de la guerra civil
El director del parque natural del Alt Pirineu, Marc Garriga, elige el Campirme, con vistas sublimes y recuerdos del Batallón de Montaña Pirenaico







