Es el techo de Málaga y la única montaña que se eleva más allá de los 2.000 metros. Conocido como La Maroma, es el pico más alto de la Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, cuyas 40.000 hectáreas son el patio de recreo de la comarca malagueña de la Axarquía en su cara sur y de sus homólogos granadinos al norte, ya que el territorio se divide a medias entre ambas provincias andaluzas. Es una zona que ofrece multitud de planes y rutas de senderismo, además de un puñado de pueblos blancos de marcado carácter árabe y un impactante patrimonio andalusí. Un lugar donde, más allá de sus bonitos paisajes, es posible toparse con ejemplares de cabra montés, tejos milenarios y hasta plantas carnívoras. A 2.069 metros, se le llama popularmente La Maroma, aunque en realidad su nombre oficial es el pico Tejeda. La confusión nació de una sima existente a pocos metros de su punto más alto, una cavidad que históricamente se utilizaba como nevero. Tenía una cuerda, llamada maroma. Y las gentes decían que iban a por hielo a “la sima de la maroma”, pero la s se convirtió con el tiempo en c y la cima pasó a conocerse con ese nombre. También hay dudas sobre si las coordenadas exactas donde alcanza su mayor altitud es suelo de Málaga o Granada. Da igual, porque, a poco más de 15 kilómetros del mar en línea recta, regala una panorámica tan singular como espectacular. Es un regalo que compensa, por mucho, el esfuerzo para llegar. Y que se completa con las vistas al pantano de La Viñuela —ahora rebosante— y unos vivacs donde en verano, por qué no, pasar la noche bajo las estrellas. Para ascender hay numerosas opciones. “Es lo mejor que tiene: puedes elegir la más suave o la más complicada. Y hacer muchas variantes. Es imposible cansarse de esta montaña”, cuenta José Rodríguez, que ha perdido la cuenta de las veces que ha alcanzado esta cumbre, ya sea por afición o por trabajo. Presidente del club senderista Perianda, también es agente de la Guardia Civil y ha tenido que acudir en más de una ocasión en busca de senderistas perdidos. Por eso advierte que a esta montaña hay que tomarla con seriedad: “Las rutas están muy bien señalizadas y es fácil seguirlas, pero hay que ir con atención. La mayoría de gente que se pierde lo hace por inexperiencia o por no ir pendiente de las marcas en el camino”. En invierno sorprende el camino con nieve y en verano el sol es traicionero. La primavera es, como el otoño, uno de los mejores momentos para asomarse. A continuación, cuatro propuestas para hacer cumbre.El Robledal (Alhama de Granada)Sombra, un escondite para los tejos, gran variedad de paisaje. Son algunos de los argumentos que utiliza la presidenta de la Junta Rectora del parque natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, Mariló Oyanarte, para defender que su subida preferida a La Maroma arranca en el área recreativa de El Robledal, a las afueras de Alhama de Granada. “Es la más fresquita y la que más diversidad de vegetación tiene”, explica la granadina. Tras 40 años como montañera, disfruta especialmente de este entorno. “Es una zona pequeña comparada con Sierra Nevada, pero es increíble lo agreste, salvaje e intrincada que es”, señala.Este ascenso atraviesa un bosque de robles y otro de pinos, siempre con vistas al norte y las cumbres blancas de Sierra Nevada. Es la zona a la que suelen ir a vivir los corzos moriscos que se sueltan en este parque porque hay más pastos y menos calor. También el lugar que acoge un grupo de tejos milenarios —que dan nombre a esta sierra— y minúsculas poblaciones de una planta carnívora casi extinguida, Pinguicula tejedensis, con una bella flor de tonalidad lila. Ambas son tan delicadas que los expertos jamás revelan su localización. Tras superar el llamado salto del Caballo, donde el sendero se hiela en invierno y exige mucho cuidado, hay un desvío a la zona conocida como Tacita de Plata, con una fuente que siempre lleva agua y una cueva donde se escondían los maquis tras sus enfrentamientos con la Guardia Civil en la posguerra. “Es otra de las cosas que me encanta de esta sierra: encierra una cantidad increíble de historias”, dice Oyanarte, también investigadora, que ha recopilado 65 de ellas en el libro Caminos y gentes. La memoria recobrada en el Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, cuyos 1.500 ejemplares de las tres primeras ediciones ya han volado, pero que se puede descargar en PDF de manera gratuita. Un risco con vistas al mar lleva después hacia la cumbre. A la vuelta, lo más probable es que sea tarde para comer un buen plato de migas, pero el hotel restaurante Los Caños de la Alcaicería es buen lugar para retomar fuerzas con un café o una cerveza fresquita. Sus desayunos al sol —o junto a su enorme chimenea— también devuelven a la vida a cualquiera tras una ruta nocturna. El Alcázar (Alcaucín)Desde Alcaucín, ya en la provincia de Málaga, hay varias opciones de inicio, como las que parten junto al colegio y el cementerio. La más accesible arranca desde el área recreativa de El Alcázar, con aparcamiento y zona para barbacoas salvo en la temporada de calor, cuando están prohibidas. Se puede incluso acampar si se solicita con tiempo un permiso municipal. La primera parte atraviesa una senda botánica, con hierbas aromáticas y multitud de especies floreadas. Después hay una doble opción: continuar por una pista —más suave— o tomar el cortafuegos, más empinado. Ambas llegan hasta la loma del Collado de las Víboras, donde empieza un bonito zigzag que toma dirección norte para atravesar un minúsculo pero denso pinar. El camino vuelve después a girar hacia el sur tras el cerro de la Majada del Arce por otro pequeño bosque hasta la zona conocida como La Fuensanta, zona de abrevaderos donde es fácil encontrar a un grupo de caballos salvajes tomando fuerzas junto al ganado. Desde allí ya todo una pedrera, pero apenas quedan dos kilómetros hasta la cumbre. “La ruta va bordeando la montaña y te ofrece varias caras, con la posibilidad de las vistas al polje de Zafarraya, el más grande de España, y finalmente hacia el mar”, celebra Rodríguez. “Esa panorámica al Mediterráneo es el gran aliciente de la subida”, añade el presidente del club de senderismo Perianda. Para el descenso hay posibilidades varias para completar un itinerario circular bajando por zonas como el Collado de la Torrecilla, pero lo más recomendable, para evitar pérdidas y sustos innecesarios, es volver por los mismos pasos de subida. Con calma, el recorrido se completa en unas siete horas. Una barbacoa es buen plan para terminar la jornada senderista.Sedella“Esta es una de las rutas más complejas, por su desnivel y por la distancia”, cuenta Daniel Ariza, informador y coordinador del Centro de Visitantes ubicado en el pequeño municipio malagueño de Sedella, gestionado por la empresa Educare Aventura. Las cifras a las que se refiere hablan por sí solas: la ruta Sedella-Maroma tiene más de 20 kilómetros de distancia y un desnivel de 1.400 metros a través, eso sí, de un sendero en buenas condiciones tras su restauración municipal hace algo más de una década. Además de talleres y otras actividades de naturaleza, el ascenso a la Maroma es una de las propuestas del centro de información. Aquí arranca entre huertas y un viejo molino de harina para adentrarse después en el collado de La Monticana, donde empieza lo más duro. Por el camino hay una vieja calera restaurada y en el barranco del río Encinar, un fuente para recargar la cantimplora. La fina arena de la caliza deshecha complica el paso junto al Cerro Fuerte, que ya da paso a la recta final. “Hay que echar agua, tener buenas piernas y siempre recomiendo bastones para que las articulaciones sufran menos en la bajada. También es importante saber cómo es esta montaña, porque es muy traicionera”, subraya Ariza, que destaca cómo un día soleado se puede transformar, de repente, en niebla densa, vientos o lluvia en la cumbre.Es difícil volver con tiempo para comer en Sedella, pero echándose al monte con las primeras luces del día las posibilidades crecen. La referencia local es, sin duda, El Chiringuito, que Víctor Hierrezuelo abrió en 2022 para volver a sus orígenes familiares tras pasar por cocinas como las de Arzak y Bardal. Tiene una carta con platos que se devoran con la mirada, como la sopa de maimones con yema de huevo y trufa, además de carnes y arroces. Merece la pena reservar su menú degustación, que sorprende. Junto a la iglesia, La Plaza ofrece también un humilde pero sabroso tapeo de miércoles a domingo.Canillas de AceitunoEste pueblo se ha hecho hueco en el turismo activo gracias a la inauguración, a finales de 2020, del puente colgante de El Saltillo, con 50 metros de altura sobre el río Almanchares. Es, también, campamento base desde el que partir hacia las alturas malagueñas, un camino de 17 kilómetros y algo más de 1.400 metros de desnivel solo apto para quienes frecuenten las largas caminatas. “No es alta montaña, pero tampoco son rutas fáciles. Sobre todo por esa climatología cambiante”, apunta Samuel Écija, de 33 años y uno de los responsables de la empresa Explora Poniente, que gestiona el punto de información La Resinera desde verano de 2024. Además de escalada, vías ferratas, tirolina y formación, también hacen rutas guiadas a La Maroma.El camino parte del propio casco urbano de Canillas de Aceituno para empezar a subir por un pinar ralo que ocupa la Lomilla del Albercón, que se dirige hacia el collado de La Rábita, donde hay una fuente, como también la hay en el posterior collado de La Gitana, con unas increíbles vistas al barranco del río Almanchares. Tras el Puerto del Pico, el sendero gira hacia el este para enfilar la cumbre y disfrutar de las increíbles vistas al mar. La bajada se puede hacer por el mismo sitio, aunque hay una alternativa para completar una ruta circular alargando el recorrido, eso sí, por encima de los 20 kilómetros.Para esta ruta merece la pena madrugar, salir a andar con el amanecer y volver a mediodía al pueblo. Previa reserva, el Bodegón Juan María ofrece el plato local por excelencia, el chivo lechal malagueño, que también sirven en La Sociedad. En The Secret Garden, la pareja formada por Sebastián Smethan y Edilverto Céspedes propone platos asiáticos, como un curri de coco con gambones. El dulce lo ponen las tortas de aceite y almendra de la panadería El Mastrén. Para descansar, Olive & Ivy Guest House tiene cuatro deliciosas habitaciones y un apartamento. A su lado, La Vieja Botica es un bed & breakfast con mucho encanto.
La Maroma: cuatro caminos para hacer cumbre en el pico más alto de Málaga
Alhama de Granada, Canillas de Aceituno, Alcaucín y Sedella son puntos de partida para alcanzar los 2.069 metros de altura por una sierra accesible pero también traicionera, tanto por su orografía como por una climatología cambiante











