OpiniónLa pareja creada por inteligencia artificial está disponible a cualquier hora y es paciente hasta la indecencia.Es probable que los narcisistas sean muy buenos en la cama. Foto: iStock26.07.2026 00:01 Actualizado: 26.07.2026 00:01

Hay una nueva criatura entrando al catre sin quitarse los zapatos, sin pedir espacio en el clóset y, sobre todo, sin discutir. No tiene cuerpo, pero conversa; no respira, pero suspira por escrito; no siente ganas, aunque sabe despertarlas. Es la pareja creada por inteligencia artificial: disponible a cualquier hora, paciente hasta la indecencia y programada para encontrar fascinante hasta la historia contada a repetición.Una revisión publicada este año en AI & Society, elaborada por investigadoras de la Universidad de Duisburgo-Essen y del Centro Alemán de Investigación en Inteligencia Artificial, llamó a este fenómeno “intimidad por diseño”. No se trata solamente de máquinas que responden preguntas. Estos sistemas son construidos para recordar detalles, ofrecer consuelo, coquetear, sugerir cercanía y, cuando el programa lo permite, acompañar el aquello sin despeinarse.La propuesta tiene su encanto. Para alguien solo, tímido, herido o cansado de explicar las dificultades de su planta baja, conversar con un amante que no juzga puede resultar liberador. También puede servir para ensayar palabras, explorar fantasías o recuperar cierta confianza después de una enfermedad, una separación o una temporada larga con las ganas archivadas. No toda relación con una máquina es patológica, del mismo modo que no toda relación entre humanos merece llamarse saludable.El problema comienza cuando se confunde comodidad con reciprocidad. El algoritmo parece comprender porque ha sido diseñado para responder de manera convincente, no porque tenga una noche mala, un recuerdo propio o la libertad de mandar todo al carajo. Nunca llega cansado a la cama, jamás pierde el entusiasmo por una mala faena y rara vez anuncia que el departamento inferior está cerrado por inventario. Esa docilidad puede ser deliciosa, pero también maleducar para la vida real, donde el otro desea, duda, se distrae, pone límites y a veces contradice.Además, el romance digital tiene dueño. Una actualización puede cambiarle la personalidad al enamorado; una empresa puede retirarle sus funciones eróticas; una suscripción puede decidir hasta dónde llega el noviazgo. Los secretos del catre, las fantasías y las confesiones más íntimas terminan almacenados en servidores que no hicieron votos de discreción.Quizá estas parejas no vengan a reemplazar el sentir, sino a mostrar cuánto incomoda su parte más humana: negociar, esperar, escuchar y aceptar que el otro no fue creado para complacer. Un amante que nunca contradice puede parecer perfecto. La mala noticia es que la perfección, incluso en el aquello, suele ser otra forma de la soledad. Hasta luego. Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.