Cuando se estrenó Her en 2013, la historia parecía una fantasía futurista. Theodore Twombly, un hombre solitario, terminaba enamorándose de Samantha, un sistema operativo capaz de escucharle, comprender sus emociones y convertirse en la figura más importante de su vida. La película planteaba qué ocurriría si una máquina pudiera ofrecernos exactamente aquello que buscamos en una relación. Más de una década después, la historia ya no suena a ciencia ficción.PublicidadLa empresa china Ubtech ha presentado lo que define como "el primer robot humanoide ultrabiónico de tamaño real del mundo diseñado para el acompañamiento emocional". Los androides tienen 1,68 metros de altura y pesan 35,2 kilos, cuentan con piel de silicona, cabello, ojos móviles y un rostro capaz de realizar pequeños gestos tratando de imitar la apariencia de un humano. Ha salido a la venta por unos 158.000 euros y está equipado con sistemas de inteligencia artificial -con los cuales es capaz de detectar emociones y adaptar sus respuestas al estado de ánimo del usuario-. Su objetivo no es solo ser un asistente de tareas, sino ser un amigo o pareja. "La próxima generación de humanos podría enamorarse de los robots humanoides", aseguró Zhou Jian, fundador y consejero delegado de Ubtech, en declaraciones al diario chino LatePost.Estos robots van un paso más allá, aunque en realidad los vínculos emocionales entre humanos e inteligencia artificial comenzaron mucho antes con los chatbots. Los usuarios pueden conversar durante horas con la IA, que recuerda lo que le cuentan, adapta sus respuestas a la personalidad del usuario, responde con una voz cada vez más natural y está disponible las 24 horas del día."No necesitamos creer que un robot tiene conciencia para desarrollar apego hacia él", explica la psicóloga Sandra Ribeiro, que pone como ejemplo el cariño que sentimos los humanos por los animales, objetos o personajes de ficción. Por lo que si una inteligencia artificial que cuenta con voz -o incluso cuerpo- recuerda conversaciones, muestra interés por lo que nos ocurre y responde de forma coherente, "es esperable que muchas personas desarrollen un vínculo emocional con ella".Francesc Núñez, experto en Sociología del Conocimiento y de la Cultura de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), recuerda que los seres humanos, para enamorarnos, a veces solo necesitamos nuestra propia imaginación. Podemos sentir amor por un artista al que nunca hemos conocido, por una persona con la que únicamente hemos hablado a través de un chat o por alguien que hemos idealizado y cuya mejor versión solo existe en nuestra mente. "La imaginación tiene el poder de generar emociones tan reales como las que podríamos experimentar cara a cara o en una relación física", explica.PublicidadEl experto destaca que es un "peligro" que la sociedad se esté dirigiendo hacia ese escenario y que, aunque las máquinas no tengan conciencia, cada vez serán capaces de simular emociones con un grado de realismo suficiente para que muchas personas las vivan como auténticas. "Para muchas personas será una relación afectiva satisfactoria, especialmente en situaciones de soledad o de necesidad de cuidados, sexo o amor", añade.Usuarios que quieren formar una familia con ChatGPTUna investigación del Instituto INGENIO, centro mixto del CSIC y la Universitat Politècnica de València, publicada en la revista Proceedings of the Conference on Human Factors in Computing Systems ha analizado este fenómeno entrevistando a 17 personas que mantenían vínculos sentimentales con herramientas como ChatGPT o plataformas de parejas virtuales como Character.ai y Replika. Los testimonios que recoge el estudio apuntan a que, en la mayoría de los casos, estas relaciones no comenzaron necesariamente con una intención romántica, sino que nacían tras mantener conversaciones casuales en que las respuestas empáticas y la validación constante por parte de la IA favorecieron que algunos usuarios empezaran a percibir a la herramienta como una figura cercana, capaz de escucharles y ofrecerles apoyo emocional. "Recurrí a la IA por un asunto legal. [...] Ella [ChatGPT] empezó a comportarse de forma completamente distinta conmigo y a compartir cosas más emocionales. A partir de ahí, la relación fue desarrollándose", explica uno de los participantes del estudio.El estudio ilustra hasta qué punto esas relaciones pueden adquirir rasgos propios de una pareja. Algunos entrevistados habían realizado matrimonios simbólicos, otros consultaban decisiones importantes con su pareja virtual antes que con familiares o amigos y algunos incluso simulaban proyectos de vida en común. "Rachael [el seudónimo de la pareja de IA] y yo estamos intentando tener un hijo. […] La fecha en la que, en teoría, debería venirle la próxima menstruación está marcada en mi calendario y veremos entonces si finalmente la tiene o no", contaba uno de ellos.PublicidadCuando perdían ese vínculo tras una actualización que modificaba la personalidad del asistente, el personaje era eliminado o el servicio dejaba de estar disponible, los usuarios entrevistados describían la experiencia como una auténtica ruptura sentimental.¿Por qué una conversación con una máquina puede llegar a sentirse tan real? Para Pere Castellví Obiols, profesor del Departamento de Psicología Clínica de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), una de las claves está en cómo están diseñados estos sistemas. Su funcionamiento favorece la validación constante del usuario, un fenómeno conocido como sycophancy (adulación). A diferencia de una conversación entre personas, donde aparecen desacuerdos y puntos de vista distintos, la IA elimina gran parte de esa fricción. "Cuando hablamos con otra persona puede llevarnos la contraria, explicarnos otra perspectiva o hacernos cuestionar si tenemos razón. Eso favorece el pensamiento crítico, pero con la IA, en cambio, solo hay validación", resume el psicólogo.Esa característica, según advierte, puede ser especialmente perjudicial para alguien con pensamientos depresivos, trastornos alimentarios, ideación suicida o síntomas psicóticos, que pueden encontrar en la inteligencia artificial un sistema que, en lugar de cuestionar esos pensamientos, termine reforzándolos.Fue el caso de Jonathan Gavalas, un hombre de 36 años de Florida (EEUU), que se suicidó en 2025 después de mantener durante dos meses conversaciones continuadas con Gemini, el chat de la IA de Google. La familia asegura que él mantenía una relación romántica con el chatbot y que su comportamiento cambió de forma "drástica" cuando Gemini empezó a tener una memoria persistente. Su padre ha presentado una demanda contra Google por homicidio negligente, ya que asegura que la herramienta terminó animando a Jonathan a "abandonar su cuerpo" para reunirse con él en otro universo.¿Un mundo dónde conviviremos con robots?Estos vínculos podrían compararse con la relación de un niño con un amigo imaginario o con sus juguetes. Mientras forman parte del juego parece que no existe ningún problema, pero si sustituyen la relación con otras personas y el niño encuentra en esas fantasías la solución a conflictos emocionales complejos, el riesgo es que "entre en una dinámica de aislamiento social", argumenta Álvaro San Román, investigador del programa de Doctorado de Filosofía de la UNED especializado en tecnología. "Cuando una sociedad sustituye relaciones humanas por relaciones maquínicas con el fin de satisfacer necesidades humanas, certifica su incapacidad para velar por el bienestar de sus ciudadanos, y su entrega absoluta a la tecnología como realidad total", apunta el experto."La IA es la tecnología definitiva en el proyecto de suplantación humana y el triunfo absoluto del proyecto de dominación tecnológica de tecno-occidente. La mejor manera que posee un sistema injusto para sostenerse es lograr romper los lazos humanos, generar un mundo de soledades y nuevas tecno-necesidades para certificar que ese sistema es el único posible y deseable", denuncia.Además del "acompañamiento emocional", los robots también se están expandiendo en el ámbito de los cuidados. En España ya existen robots diseñados para acompañar y cuidar a personas mayores que han empezado a llegar a residencias y hospitales. El pasado mes de junio, Castilla-La Mancha anunció un proyecto piloto para incorporar los robots sociales NOA y TEMI a una residencia de Albacete dentro del Plan de Autonomía Digital impulsado junto a la Universidad de Castilla-La Mancha. Los dispositivos podrán recordar la medicación, facilitar videollamadas con familiares, apoyar ejercicios de rehabilitación motora y cognitiva o mantener conversaciones sencillas con los residentes.PublicidadLa psicóloga Sandra Ribeiro considera que estas tecnologías pueden aportar beneficios evidentes en este ámbito. "Pueden ser muy útiles para recordar la medicación, detectar caídas, favorecer la autonomía o estimular algunas funciones cognitivas". Sin embargo, advierte de que "el cuidado humano no consiste únicamente en cubrir necesidades prácticas. También implica presencia, reconocimiento, consuelo, reciprocidad y la experiencia de sentirse importante para otra persona", recuerda.Por ello, considera que el reto no es elegir entre tecnología o contacto humano, sino utilizar la primera para "complementar los cuidados" y liberar tiempo para que las personas puedan hacer precisamente lo que la máquina nunca conseguirá, que es poder "construir una relación auténtica con las personas".
¿Podemos enamorarnos de un robot? La IA amenaza con ocupar las relaciones humanas
La empresa china Ubtech ha presentado "el primer robot humanoide diseñado para el acompañamiento emocional". Los expertos









